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Opinión Escribe: RAFO LEÓN

Hijos de un Polvo Sucio

dueno-(5)
Detrás del proceso de revocatoria a la alcaldesa Villarán y su equipo, puede haber un sinfín de interpretaciones. Los promotores de la medida argumentan, paradójicamente, el motivo más endeble, la insolvencia técnica de la autoridad municipal. Sin embargo, cuando se les pide precisiones, no salen de tirarle a Villarán las toneladas de problemas que enfrenta Lima desde hace décadas (transporte, inseguridad, falta de planificación, corrupción), o se quedan en cuestiones de tercer orden como el mal chiste de las arenas de La Herradura. Nidia Vílchez, treja aprista de tristísima recordación en el gobierno anterior, lidera un movimiento nuevo que se suma a la presión por la revocatoria, y su principal argumento es que el pueblo “tiene fastidio” con Susana Villarán. Vistas las cosas así, no se puede considerar que el “aspecto técnico” de la conducción SV sea la razón por la cual la población limeña en su mayoría, y marcadamente en los sectores C y D, esté tan afanosa por sacar a la alcaldesa del cargo.

El que haya mafias enquistadas ya como un sistema en lo que es transporte público, en los centros de acopio mayoristas de alimentos, en el otorgamiento de licencias municipales, en la selección de ejecutores de obras, y que se sientan amenazadas, explica solo en parte la virulencia con la que se ataca a Villarán. Las mafias tienen mucho poder en casos así a condición de meter toneladas de dinero para empujar la campaña de la revocatoria, su solo poco elegante lobby tampoco me parece que explique del todo la presión contra Fuerza Social y sus agregados en el Palacio Municipal.

Entonces, si no son la incapacidad técnica de Susana ni solamente la presión de las mafias los factores que juegan a favor de la revocatoria, ¿qué es lo que está pasando? Incluso sumando el papel en la sombra de Castañeda Lossio al cargamontón (sombra difícil de solapar con ese color amarillo Caterpilar de las camisas del impresentable ex alcalde), lo técnico/mafioso/político no termina de redondear un fenómeno que percibo como inédito en la arena pública peruana: el odio cerril hacia una autoridad que no ha hecho absolutamente nada para merecerlo, más que ser quien es.

Susana Villarán es una mujer ubicada en las antípodas de la pendejada política a la que estamos acostumbrados. Nosotros, hoy, somos los hijos de un coito inmundo, el del fujimorismo con el aprismo. Desde que fuimos feto aprendimos que la criollada, la mentira y el cinismo, pagan mucho más en política que la honestidad y la transparencia. Entre las distintas marcas Perú que nos distinguen, destaca aquélla que dice, “todos los políticos son la misma vaina, prefiero a los que roban con tal de que hagan”. Villarán no roba e intenta hacer, pretende encarar los problemas de una de las ciudades peor organizadas del mundo con la inevitable estrategia de la cautela y el consenso. Si a la gente le gustan las escaleras en los cerros y las losas deportivas, Villarán ha optado por darle una visión más amplia que la del cemento a la problemática de esta absurda ciudad. Esa manera de ver las cosas para el aprismo y el fujimorismo es simple y llanamente una mariconada, una tetudez de ONG. “Yo hago y después informo”, decía el Chino. Alan ni sabía lo que estaba haciendo pero lo acomodaba después en una sintaxis operática que enardecía muchedumbres.

Ergo, estoy convencido de que los promotores de la revocatoria usan diversos recursos para que la población más ignorante, clientelista y manipulable de la ciudad esté dispuesta a tirarse abajo la gestión Villarán, incidiendo en el odio hacia la persona de Villarán. Caviar, tía, pituca, son para el caso los sinónimos de una actitud que el fujimorismo y el aprismo nos enseñaron a desdeñar, la anti demagogia y el populismo. Para ponerlo más claro uso un ejemplo. Supongamos que en lugar de Villarán, el cargo municipal estuviera ocupado por Luisa María Cuculiza y que esta, en un arrebato maniaco, hubiera decidido desocupar La Parada, de una manera igualmente buena y mala que la que empleó Villarán. ¿Cómo habría reaccionado la Cucu ante la malintencionada actitud de algún sector político interesado en demolerla? Muy fácil, salía al balcón municipal y los mandaba a todos a la conchasumadre con megáfono. Al día siguiente las encuestas le daban el 120% de incremento de popularidad, mientras por lo bajo, la alcaldesa negociaba con los comerciantes de La Parada para que se queden nomás, que nada les habría de pasar. ¿Les parece verosímil? Iba a escribir “me temo que” pero la verdad, no me temo nada porque en estas vainas todos somos cómplices, pero estoy seguro de que ya no hay retorno en ese desprecio por la decencia política que engendraron el fujimorismo y el aprismo, en el que puede haber sido el polvo más perverso de nuestra historia. (Rafo León)

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