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Caso Fefer: Tragedia y Tormenta

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Sábado 13. A dos días de su sentencia, Eva Bracamonte Fefer ya sabía que volvería a prisión.

Sentencia de 30 años a Eva Bracamonte es el epílogo de un caso espeluznante. Ahora su discusión inunda las redes sociales.



La madre asesinada. Dos hermanos que son los más encarnizados enemigos. El telón de fondo de una negra historia familiar remontada al odio que la víctima estrangulada le tenía a su propio padre, el abuelo cuya herencia habría activado el mecanismo de relojería mortuoria que terminó el lunes 15, con el llanto televisado de una joven condenada a 30 años de cárcel.

Antes de su terrible epílogo, la tragedia griega de los Fefer había pasado por un último capítulo de drama contemporáneo:

“Hoy es domingo 14 de octubre del 2012 y son las 03:03 p.m. Sé que mañana ya no estaré aquí para comunicarme con ustedes, y por eso estoy creando este facebook, que a partir de mi ingreso a la cárcel alguien se encargará de actualizar por mí, de responderles y mantenerlo al día. Me cuesta mucho decirlo, pero en estos momentos de verdad necesito el apoyo de todas las personas que creen en mí. Gracias a todos...”.

Así, Eva Bracamonte hacía su debut y despedida en las redes sociales a través de facebook.

Su hermano Ariel ya llevaba algo de ventaja al respecto. Desde su twitter @arielbfefer (3,697 tweets y 6,224 seguidores), ya llevaba un tiempo difundiendo su hostil punto de vista respecto a su hermana.

Ejemplo del 21 de septiembre:

“¿Será que la claun (July Natters) y la procesada por parricidio tienen algo más que una ´bonita amistad´?”.

El fuego cruzado entre partidarios de una y otra parte hicieron del caso un trending topic desde el desmayo y convulsiones de Eva via hashtags como #CasoFefer, #justiciaparaeva, #crimenhorrendo, y hasta desatinos como #ellatambienqueriaverelpartido. Uno de los tantos videos del evento colgado en YouTube tuvo 12,988 reproducciones en cuatro días. El tráfico en internet se congestionó aún más con la dramática lectura de sentencia del lunes 15, cuyo video en YouTube alcanzó 8,216 reproducciones ese mismo día. Al cabo de la misma, Ariel leyó un comunicado publicado en facebook donde decía agradecer “a la sala por una condena ejemplar”. Simultáneamente ese mismo 15 de octubre se creaban en facebook páginas como “Grupo de Apoyo a Eva Bracamonte Fefer” y “Libertad para Eva Bracamonte Fefer”, que convocaron inmediata militancia virtual. La iniciativa fue seguida el martes 16 con la apertura de otra página partidaria de Eva, que recibía al internauta con la arenga “Vamos Eva, la gente cree en tu inocencia”.

La tormenta en las redes continúa en este mismo momento. Su origen, sin embargo, no tiene nada de virtual y se remite a una sentencia judicial de 200 páginas que busca responder a la pregunta esencial:

¿Quién le abrió la puerta al asesino aquella noche de agosto del 2006?
Una muchedumbre colmaba la Sala de Audiencias del penal de Lurigancho. Cualquier cosa podía ocurrir.

El viernes 12, Eva Bracamonte Fefer había convulsionado en plena lectura de sentencia y nada garantizaba que ahora permanecería en pie.

Eva y Liliana Castro Mannarelli sollozaban tomadas de las manos, mientras que el sicario colombiano Alejandro Trujillo Ospina lucía desafiante.

De pronto, el silencio se instaló en el recinto y la relatora procedió a leer la condena. El veredicto arrancó el llanto y los aplausos de los asistentes. Liliana Castro fue absuelta de todos los cargos, pero Eva recibió una sentencia de 30 años por homicidio. El sicario se llevó 35 años.

La Segunda Sala para Reos en Cárcel declaró la culpabilidad de Eva Bracamonte sin necesidad de utilizar alguna prueba personal como es un testimonio o declaración de un coimputado o de alguien involucrado en la comisión de los hechos, tal como ocurre en la mayoría de casos de asesinatos que se juzgan en el país. El fallo acudió a la prueba de indicios recogiendo y valorando “la multitud de circunstancias” que la conectan con la muerte de su madre, Myriam Fefer.

Para el tribunal, quedó probado que Trujillo ingresó a la residencia de Paul Harris en San Isidro con un objetivo claro: asesinar a la empresaria.

La prueba más importante que demostró la culpabilidad del sicario fue la prueba de ADN, la cual concluyó que su perfil genético es compatible con las manchas de sangre encontradas en la escena del crimen. Aquello permitió acreditar que “Trujillo causó la muerte de la agraviada por estrangulamiento”.

Se demostró del mismo modo que el sicario no ingresó a la casa de Fefer para robar, sino para matarla.

El abogado penalista José Luis Castillo Alva sostiene que la teoría del Ministerio Público y de la parte civil, el homicidio por encargo, no se ha logrado acreditar en la sentencia, debido a que “no se ha probado en su argumentación las circunstancias de tiempo, modo y lugar en la que Eva Bracamonte dio una suma de dinero o pagó al sicario Trujillo Ospina por la muerte de su madre”.

Lo que sí señala la Sala es que Eva Bracamonte fue la persona que abrió la puerta al sicario para que éste ingresara a la casa de Paul Harris y diera muerte a su madre, ya que se ha demostrado –según la sentencia– que: “la noche del catorce de agosto del 2006, la acusada Eva Bracamonte Fefer, bajó al primer piso de su domicilio en dos oportunidades, después que las puertas habían sido aseguradas y las luces apagadas, ingresando en una de ellas al garaje” .

En su relato condenatorio la sentencia subraya que, “si bien refiere (Eva) lo hizo para buscar unas revistas por una tarea que le habían dejado en sus clases de francés en la Alianza Francesa y que es posible que se haya olvidado de apagar las luces; dicha versión ha quedado desvirtuada con el documento remitido por la Alianza Francesa, según el cual la profesora del curso, ha manifestado que no encargó ninguna actividad pedagógica que requiriera de fotos o actividades extramuros.

Esto lo confirmó directamente la docente Delmira Vera Negrillo en su manifestación a nivel policial, cuando indicó que en el segundo ciclo, en el que estudiaba la acusada, “no acostumbra mandar trabajos que requieran material de revistas o periódicos”. Un detalle nimio en otras circunstancias resultó aquí determinante.

July Naters, quien forma parte del equipo que defiende a la joven, señala que fue la propia Eva la que declaró en agosto del 2006, que bajó al garaje de la casa para buscar las mencionadas revistas. “Si Eva era la asesina y era a su vez la única que sabía de este movimiento, ¿no sería lógico que se quedase callada?
Nadie más que la madre la vio”.

La segunda vez que bajó, según la Sala, fue a la lavandería para recoger al perro con el fin de que no hiciera bulla cuando entrase el asesino.

Naters ha declarado que la lavandería, en la casa de Paul Harris, queda en el segundo piso, al lado de la habitación de Eva.

LAS 'LLAMADAS’

La Sala ha probado que Eva recibió dos llamadas a su celular de parte del número de su madre. La primera a la 1:36 a.m., que duró dos segundos, y la segunda, que entró directamente al buzón de voz, solo instantes después.

La defensa de la muchacha ha sostenido a lo largo del juicio que la joven, que usaba en ese entonces un celular tipo ‘sapito’, en estado de somnolencia, había abierto y cerrado la tapa del aparato, que era la única forma de parar el timbre. Por otro lado, la segunda llamada, de acuerdo al informe de Telefónica del 7 de febrero del 2011, entró al buzón de voz, el cual no fue abierto esa noche.

Para los magistrados, el hecho que corroboraría que fue el sicario y no Myriam quien hizo esas llamadas, es que durante su defensa en el juicio oral, “ha manifestado que la agraviada Myriam Fefer se despertó después de que él ya había tomado la laptop y el celular”.

Para Naters, en cambio, esta es una contradicción. “Si la única intención de Ospina era matar a Myriam, ¿por qué se preocupa primero de robar la laptop y el celular? O sea, cuando les resulta conveniente es ladrón. Cuando no, es asesino. ¿Qué sicario agarra primero el fono y la laptop, que es un aparato que va a dificultar matar a alguien?”, argumenta.

Uno de los especialistas consultados señala que la sentencia condenatoria yerra en la calificación de la contribución de Eva Bracamonte a la muerte de su madre como autora de los hechos, pues dicha calificación es absolutamente genérica. Esta falencia puede desencadenar la nulidad del fallo, pues a ninguna persona se le puede condenar como autor sin especificar primero la concreta forma de intervención en los hechos.

Según el atento abogado, la única forma de mantener la conclusión de la Sala es que la Corte Suprema –que resolverá la apelación planteada por ambas partes, pues la fiscalía se declaró en desacuerdo con la absolución de Castro Manarelli– considere a Eva como coautora o por lo menos como cómplice primaria de la muerte de su madre. (Informe de Patricia Caycho)

 


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