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Humala y la Semana de Caras Largas

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Humala intervino el lunes 24 en el acto por el día de las Fuerzas Armadas.

Encuestas a la baja, agenda de dudoso provecho y frentes innecesariamente abiertos. Es hora de tender puentes, no de quemarlos.


Al presidente le hubiera ido mejor en Nueva York en la tarea de apuntalar al Perú durante la Asamblea General de las Naciones Unidas, que enfrentado a pifias desde el balcón de una municipalidad provincial en Huánuco.

Algunos de sus colaboradores esperaban que al menos hiciera un viaje relámpago de un par de días y estuviera de vuelta en Lima el miércoles. Pero, a pesar de los informes de la legación peruana en la ONU que advierten de la intensa actividad chilena en el organismo multilateral en vísperas del juicio oral en La Haya, al final la Cancillería optó por que vaya el ministro Rafael Roncagliolo acompañado por la primera dama Nadine Heredia.

Hasta Barack Obama hizo un alto en la encarnizada campaña presidencial de su país para intervenir en un encuentro que tiene por tema de fondo la resolución pacífica de conflictos. Es decir, un anillo al dedo del diferendo marítimo. Más aún si se toma en cuenta que el Perú ocupa la vicepresidencia de la asamblea y la próxima semana será el anfitrión de la cumbre entre los países latinoamericanos y árabes (ver recuadro). Tensiones e incendios del Medio Oriente son otra preocupación central en la ONU.

El presidente, pues, enrumbó el martes 25 al tercer consejo descentralizado de ministros, pero el granizo impidió que lleguen varios de los alcaldes convocados. Tras la reunión salió al balcón del municipio de Dos de Mayo. En Huánuco pesan todas las facciones del SUTEP y los silbidos se hicieron escuchar cuando Humala se refirió al paro del magisterio.

No fue una gran semana para el presidente.

NARRATIVA POLÍTICA

Las dos encuestas publicadas la última semana difieren en sus números.

CPI le asigna al presidente Ollanta Humala una aprobación de 44.7%, que significa 3.6% menos que el menos pasado. El trabajo de campo fue recabado entre el 14 y el 19 de septiembre.

GFK-Conecta, en cambio, le asigna a Humala un 37% de imagen positiva, lo que representa un fuerte bajón de 7 puntos. La muestra nacional urbana fue tomada el 18 y 19.

En el último caso, llama la atención que las mujeres sean especialmente severas, pues solo el 31% aprueba su gestión.

A pesar de las diferencias, se confirma una tendencia decreciente cuyas explicaciones epidérmicas, inmediatas, se han decantado previsiblemente por el nuevo y frustrante episodio en el VRAEM, donde a la primera dama Nadine Heredia le alcanzaron las esquirlas mediáticas por el aprovechamiento político de una operación durante la que, se supo después, resultó muerta una niña (CARETAS 2250).

La seguidilla de paros irresueltos en los sectores de Salud y Educación tampoco puede haber ayudado a la imagen coyuntural del inquilino de Palacio.

Pero la entrevista emitida por RPP el sábado 22 ofreció algunas claves de fondo sobre las limitaciones que lastran al presidente. En sus respuestas a Raúl Vargas y Guido Lombardi, el presidente transmitió el mismo defecto que su predecesor les achaca a Alberto Fujimori y Alejandro Toledo. Con mucha persuasión y menos modestia, Alan García acaba de declararse como el único capaz en ese club de defender con un discurso estructurado el modelo de desarrollo del país (CARETAS 2250).

Y ahora se hace evidente que Humala también pasa por serios problemas para hilvanar su propia narrativa política. Humala criticó que los gobiernos anteriores “no han querido ver el problema (del VRAEM). En la práctica ha sido una política de statu quo, en el cual del río para un lado se mantienen las huestes terroristas, del río para el otro, el estado de derecho”.

Bonita postal de vaqueros que se fuman un Marlboro al final de un largo día de faena. Pero miope visión para reconocer las complejidades de un desafío que ha tenido períodos de ofensiva y planeamiento por parte del Estado, tanto durante el gobierno de Toledo como en el de García.

¿Insuficiente? Sin ninguna duda. Pero los recientes reveses siguen esa línea y recuerdan lo que queda por hacer en una política de Estado que no nació ayer. Humala promete recuperar el VRAEM como se recuperó el Alto Huallaga, pero el informe anual de UNODC sobre cultivo de hoja de coca presentado el miércoles 26 vuelve a poner en evidencia la vulnerabilidad del Perú, convertido en el principal productor y exportador de cocaína del mundo. Las reticencias y contramarchas del gobierno en materia de políticas antidrogas pasan la factura (ver más en Mar de Fondo).

SACANDO CUERPO

Si Humala dice que es el primer presidente en ponerse detrás del timón del VRAEM, saca cuerpo en una materia directamente relacionada como la de la Seguridad Ciudadana.

“La responsabilidad es de cada alcalde y no del gobierno central”, señaló, cuando, como se lo recordó Carlos Basombrío en su columna de Perú.21, la responsabilidad constitucional recae en el gobierno central con el apoyo de los municipios. Hace tres meses, Humala prometió presidir activamente el Consejo Nacional y ahora dice prácticamente que es un comensal más en la mesa.

Según la encuesta de GFK, el 57% considera que la lucha contra la delincuencia está “mal o muy mal” librada. El 30% la califica de “regular”. Similares son los porcentajes para evaluar el combate contra el narcotráfico (50% y 33%) y el terrorismo (49% y 34%).

Este discurso rudimentario que mira la paja en el ojo ajeno ya tuvo antecedentes con los desplantes de Humala al Poder Judicial y la reciente referencia a “un Ministerio Público que se ponga bien los pantalones”. Ahora también alcanzó a los gobiernos regionales.

“La ley de descentralización no está bien dada”, lamentó. “La intención ha sido buena, pero la aplicación no ayuda al desarrollo, porque hay temas que no se articulan bien”. Consideró además que la revocatoria termina siendo “un talón de Aquiles” que acaba por alinear a los presidentes regionales con “grupos activos extremistas que amenazan con recolectar firmas”.

El caso cajamarquino de Gregorio Santos y alguno otro vienen a la memoria. Pero habría que recordar que, según el último reporte de ejecución de gasto, los gobiernos regionales van en 28% a agosto pasado. Primera vez que superan al Ejecutivo, con apenas el 20% y algunos sectores en alerta roja. Humala tendría que tender puentes en lugar de quemarlos. Algo parecido ocurre con sus críticas a Salomón Lerner Ghitis (“el primer gabinete solo se quedó en palabras”) y la respuesta de la vicepresidenta Marisol Espinoza que consideró en cambio que “estamos en una situación mucho más grave que el anterior, el otro gabinete buscaba consensos”. Mensajes como el de la piurana evidencian no solo incomodidad por ser relegada, sino también un vacío de poder.

En suma, el presidente viene perdiendo la iniciativa de plantear una agenda propositiva con grandes ejes que le den identidad y cohesión a su gobierno, como los que intenta impulsar de cuando en cuando el premier Juan Jiménez. Según se desprende de sus propias declaraciones (“algunos son especialistas en discursos”) y de lo que trasciende de Palacio, Humala sufre de una especie de alergia conceptual y equipara esos esfuerzos con burocratismo. Incluso banderas como la de la inclusión social y la gobernabilidad democrática parecen perder fuerza en sus propias intervenciones.

Como el pragmatismo que ha jugado a su favor, Humala le ha sacado provecho a su estabilidad familiar –matrimonial, es decir– que todavía tiene su reflejo amable en las encuestas, aunque diga que no le interesa ser “miss simpatía”. Pero, como lo recordó el fiasco de Ranrapata, el recurso también se agota. En lugar de aislarse, necesita de más gestos, ideas y creatividad: esa vieja forma de hacer política.

 


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