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Las Pruebas de Eva

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Distanciados durante un tiempo, el duro proceso sirvió para reunir a Eva con su padre, Marco Bracamonte.

Con el apoyo de su padre, Eva Bracamonte espera los últimos días del juicio por el crimen de su madre. Piden para ella 35 años de cárcel.

Este viernes 28 el llamado Caso Fefer llegará a su fin. El Ministerio Público pide para Eva Bracamonte Fefer y Liliana Castro Mannarelli 35 años de prisión al considerarlas autoras intelectuales del asesinato de Myriam Fefer Salleres, 51. Para el confeso asesino, el colombiano Alejandro Trujillo Ospina, pide igual pena. Mientras, Eva Bracamonte espera el veredicto final en su departamento de Barranco junto a su padre Marco, quien, convencido de su inocencia, ha decidido estar a su lado. El sábado 22 recibieron al fotógrafo de CARETAS y mientras se abrazaban, el papá de los Bracamonte Fefer dijo: “Debí hacer esto hace mucho tiempo”. Así han cambiado las cosas. Tras casi siete meses de audiencias, la Fiscalía no ha logrado mostrar pruebas contundentes que incriminen a las jóvenes. La defensa de ambas, incluso, ha podido detectar negligencias y errores a nivel de la investigación policial y judicial que ahora, seis años después de ocurrido el crimen, salen a la luz.

Yo siento que todos me ven como la procesada, la sospechosa, y nadie me ve como lo que realmente soy: la hija, víctima de haber perdido a mi madre y peor aún, víctima de que me acusen a mí de haberla asesinado. Siento que sea cual sea el final de este proceso judicial, yo no voy a recibir justicia ya que me han quitado el derecho a saber qué pasó realmente con la muerte de mi madre.

Quiero que a todo el mundo le quede claro que yo amaba y admiraba a mi madre, y nunca jamás hubiera pensado en hacerle daño. No tenía ninguna razón para quitarle la vida a la persona que más me ha amado y a la que más he amado en el mundo. Independientemente del resultado que tenga este proceso, a mí nadie me va a devolver a mi madre, yo soy tan víctima como mi hermano de que ella no esté viva, he sufrido su ausencia, la he necesitado, la sigo necesitando y la necesitaré hasta el día que me muera, y esta es una verdad que después de hoy no me importa demostrarle a nadie, porque estará dentro de mí el resto de mi vida”.

Lo anterior es un borrador del alegato que Eva Bracamonte preparaba para su alegato final del miércoles 26. En sus propias palabras expresa la inocencia que según su defensa se sustenta en hechos puntuales: la llamada al celular, el cordón perdido, las uñas y el césped en la habitación de su madre.

LA LLAMADA AL CELULAR

En la audiencia del pasado 21, la fiscal Rojas basó la acusación contra las jóvenes en dos registros telefónicos que comprobarían el nexo entre el sicario y Eva Bracamonte.

De acuerdo con el oficio elaborado de la Dirección de Asuntos Legales de Telefónica, a la 1:36 am se produjo una llamada de dos segundos desde el celular de Myriam Fefer al número de Eva Bracamonte.

Según el protocolo de necropsia, la hora de la muerte de la empresaria sería entre las 12:30 y las 2:30 am. Para la Fiscalía, la llamada se habría realizado entonces por el sicario para confirmar el crimen. Eva ha negado siempre haber contestado su celular.

Sin embargo, esta llamada no es la que rescata la Fiscalía en la acusación. Centra su foco en una segunda llamada, que según otro reporte de la Dirección de Asuntos Legales de la Telefónica, del 7 de febrero del 2011, sería la realizada por Bracamonte a su buzón de voz para escuchar un mensaje dejado desde el celular de su madre la madrugada del crimen.

El reporte le asigna a esta llamada el código C161 y explica que “el código C161 del reporte de llamadas corresponde a una llamada que el usuario efectúa con la finalidad de poder escuchar los mensajes que son dejados en su casilla de voz”.

Para la Fiscalía, esto comprobaría que Eva estaba despierta y pendiente de su celular mientras el sicario asesinaba a su madre.

Ella ha negado esta situación. Es por ello que su defensa solicitó aclaraciones a Telefónica, quienes mediante un oficio emitido a la jueza Nancy Choquehuanca, el 30 de enero pasado, reconocieron haber errado en la explicación del código C161. Según el documento, este código corresponde “a una llamada perdida que se derivó a la bandeja de correo de voz”, mientras que el B169 es la llamada que se realiza al buzón de voz para escuchar los mensajes.

Finalmente, el oficio señala que “involuntariamente, por un error tipográfico, en la carta de fecha 7 de febrero del 2011 (…) se invirtió el significado de los códigos antes mencionados”.

Por lo tanto, para la defensa de la hija de Myriam Fefer, ha quedado comprobado que ella nunca contestó su celular ni mucho menos escuchó sus mensajes de voz la madrugada del 15 de agosto del 2006.

EL CORDÓN PERDIDO

Cuando el 28 de setiembre del 2006, CARETAS publicó las fotos de la escena del crimen captadas por los peritos de criminalística, llamó la atención una en particular. Se trataba de un cordón doble que fue encontrado en el jardín posterior de la casa, cerca de la mampara que comunicaba a la habitación de Fefer Salleres. Justamente, la empresaria presentaba dos marcas de 34 x 0.4 cm que coincidían, aparentemente, con el cordón.

Sin embargo, jamás se realizó una prueba de luminol o ADN para corroborar si ese objeto fue el usado para estrangular a Fefer por la sencilla razón que desapareció. Nunca fue remitido como prueba por la Policía a la Fiscalía. Se hizo humo.

El lugar donde fue encontrado demuestra, para la defensa de Bracamonte y Castro, que el asesino fugó por el jardín posterior de la casa, versión que coincide con lo sostenido por Alejandro Trujillo Ospina.

LAS UÑAS Y EL CÉSPED

Otros elementos que fueron pasados por alto en la investigación realizada por el Ministerio Público fue el hallazgo, por parte de peritos de criminalística, de césped y fragmentos de las uñas acrílicas de Fefer en la escena del crimen.

De acuerdo con el Dictamen Pericial de la Inspección Criminalística N°609-06, del 22 de setiembre del 2006, acápite D: Indicios de Interés Criminalístico, “en el lado izquierdo de la habitación, sobre el piso entre la cama y la mampara de vidrio, se halló hierba vegetal seca compatible con césped”. Para la defensa de Eva y Liliana, esto comprobaría que Trujillo Ospina efectivamente ingresó a la residencia por el jardín y no por la puerta principal como argumenta la Fiscalía.

Con respecto a los restos de uñas, el acápite C: Indicios de Interés Biológico, señala: “sobre la cama, piso de la habitación y del baño se hallaron fragmentos de uñas acrílicas. Lo que hace presumir se haya producido violencia o forcejeo entre la víctima y el victimario y/o victimarios”.

Para la defensa de las acusadas, esto abonaría la tesis de que el asesino abandonó la casa por el baño de Fefer, que daba hacia el jardín posterior de la casa.

Durante el juicio oral, la Fiscalía no hizo referencia de ambos hallazgos. (Patricia Caycho).

Elementos Claves


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El cordón, encontrado en el jardín posterior de la casa por los peritos de criminalística y que coincide con las características de las marcas en el cuello de Fefer, desapareció. No se pudo comprobar si fue el arma homicida. Myriam Fefer luchó con su asesino y perdió partes de sus uñas acrílicas. Fragmentos de éstas aparecieron en su baño, lugar por donde Trujillo dice haber huido. Derecha: Las llamadas que Liliana Castro hiciera a Argentina en el 2008 fueron a su amiga Daniela Tizón Portilla, así fue corroborado en el juicio.

 


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