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Prensa El 1 de octubre es el Día del Periodista. Cuatro exponentes reportan.

Prensa & Presiones: Periodismo y Política

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El 23º Juzgado Penal de Lima dejó sin efecto la orden de captura contra César Lévano. El periodista había sido declarado reo contumaz el pasado 17 de agosto.

Cada 1 de octubre se recuerda la aparición del Diario de Lima, el primer cotidiano de América Latina que empezó a circular allá por 1790, gracias a la iniciativa de Jaime Bausate y Mesa. A propósito de la efeméride, cuatro periodistas se encargan de reflexionar sobre su oficio. César Lévano, director de La Primera, catedrático de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, ex periodista de esta casa editora y curtido hombre de prensa que acaba de ser querellado por el recordado operador de Vladimiro Montesinos, Vicente Silva Checa; Pedro Salinas, escritor y experimentado periodista, además de columnista recientemente censurado por Perú.21; Tyler Bridges, ganador del premio Maria Moors Cabot 2010 de la Universidad de Columbia y becario de la Nieman Foundation for Journalism de Harvard; y Aldo Mariátegui, conductor de televisión y director del diario Correo, además de columnista de estilo.

En su primera edición, en 1950, CARETAS anunció que no se ocuparía de política. Sin embargo, pocos meses después la revista sacó la garra, al oponerse a la dictadura del general Manuel Arturo Odría.

La moraleja es que el periodismo interviene en la política puesto que, quieras o no, se preocupa de cuestiones tan decisivas como la democracia, al respecto a la ley, las libertades de opinión y de expresión, el bienestar de las personas y de la sociedad, la lucha por la verdad.

Noam Chomsky señala en su libro Media control, que debería traducirse como “El control por los medios”, que estos nos manipulan cotidianamente. Uno de los papeles del periodismo honesto es oponerse al torrente manipulador. Durante años, la función de CARETAS fue desenmascarar esa manipulación y oponerse a los masivos medios que justificaban los desmanes de las dictaduras y de los demócratas ficticios.

Se debe destacar que CARETAS cultivó desde el primer momento la fotografía reveladora, cosa que ahora se extraña en el periodismo peruano.

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Quiero evocar aquí a Doris Gibson, quien fundó, en compañía de Francisco Igartua, la revista. Doris puso el acento en la independencia y al carácter progresista de la publicación, así como en el afán cultural y multicultural. En el periodismo peruano de hoy la cultura es la Cenicienta, cuando no la gran ausente.

No en vano Doris era amiga de personajes egregios como Jorge Basadre, Raúl Porras Barrenechea, Ciro Alegría, José María Arguedas, José Sabogal y Sérvulo Gutiérrez, su gran amor.

Visible e invalorable fue su amor por los yaravíes, la música popular, las artesanías andinas, su admiración por el arte afroperuano, su respeto y cariño por las bellas serranas o morenas. Soy testigo de cómo propició reinados de belleza sin distingos raciales.

Alguna vez le dijo a Natalia, mi difunta esposa, delante de mí: “César no es político. César es poeta”.

En el fondo, la poeta era ella, la hija del gran Percy Gibson, quien fue amigo de Manuel González Prada, José Carlos Mariátegui y César Vallejo. Ella fue poeta de la vida y ejerció la política en el sentido más libre y elevado.

Estas líneas, escritas de prisa, quieren ser un recuerdo de mis largos años en CARETAS, y un homenaje a mi amiga Doris Gibson.

Deberían desfilar en estas líneas personajes como César Hildebrandt, quien en esta revista conquistó su merecida celebridad. Fotógrafos como Víctor Manrique, Humberto Romaní, René Pinedo y Carlos “El Chino” Domínguez, engrandecieron la historia de la ilustración peruana. (Escribe: César Lévano)

Censuras


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Salinas, periodista y escritor.

PERÚ.21 me vetó un artículo de opinión porque “no podía criticar a una accionista del diario”, pese a que, días antes, dicha accionista se dedicó, a través de Twitter, a lanzar infamias y acusaciones contra mí, sin razón aparente ni sustento alguno. Tal cual.

Al final, lo reconozco, perdí los papeles y lancé un exabrupto imperdonable en este pleito que yo no empecé.

El texto que escribí y nunca vio la luz en dicho diario trataba únicamente de responder a los señalamientos difamatorios y expresar mis públicas disculpas a “la accionista” y a quienes siguieron el desagradable incidente.

Como sea. Si hubiera enviado una columna sobre cualquier otro tema, probablemente seguiría ahí, en Perú.21, todos los domingos, como si nada hubiese pasado. Pero si hacía eso, sí habría pasado algo. Habría quedado mal conmigo mismo y con mi conciencia.

Ergo, y pese a la advertencia, la envié igual y asumí el previsible desenlace. El veto. El veto férreo y taxativo. La censura inquisitorial. La que te pone una gutapercha en la boca.

No sé si será la última. De hecho, la primera no era. La primera, cómo explicarlo, fueron varias a las vez, y me reventaron en la cara como bombas-racimo aquel lejano 5 de abril de 1992, cuando en un mismo día cancelaron mi espacio de entrevistas políticas en Canal 11 y tomaron por asalto las instalaciones de Antena 1 Radio, donde conducía un programa junto a César Lévano.

Recuerdo que los errebecistas decidieron no pelearla y parecían hasta felices con la tanqueta militar bloqueando la entrada del canal. “Ahora tenemos más seguridad”, bromeó un alto ejecutivo.

En Antena 1, por suerte, sí hubo agallas y sus directivos nos dejaron a Lévano y a este servidor, desacatar la orden de no informar sobre lo que estaba ocurriendo, mientras que la radio vecina se dedicó a denunciar no sé qué problemas con las balanzas en los mercados de frutas.

Y al poco, aprovechando un viaje de Jaime de Althaus, jefe de Editorial del Expreso de entonces, donde este escriba pergeñaba sus primeros articulitos, un energúmeno tomó su lugar y canceló en el último minuto una columna que escribí sobre las declaraciones del general Luis Cisneros Vizquerra, quien alertaba sobre el rol maléfico de Vladimiro Montesinos en las esferas del poder. “Lo quité porque Montesinos es un invento de la oposición, y tú (chiquillo irresponsable) te estás prestando a ese juego”, me dijo. O algo así.

Y después, claro, después las censuras y cancelaciones llegaron por oleadas. Como marejadas. Arrasando opiniones. Las había de todo tipo, imaginarán. Asolapadas. A la bruta. O a la siciliana.

Y fíjense. Uno podría pensar que esos tiempos ya se habían terminado. Pero no. La intolerancia a la expresión libre no es un rasgo que distingue únicamente a los regímenes autocráticos, digamos. También es algo que se ve, hoy por hoy, entre algunas ilustres familias y medios con solera. (Escribe: Pedro Salinas )

Noticia en Mano


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Bridges, ex corresponsal del Miami Herald.

La internet es tan joven que su constante es el cambio. Recordemos: Google, Twitter, Facebook y el iPhone tienen todos menos de diez años de existencia. En tiempos de dramática experimentación, no podemos predecir que software y hardware vinculados a internet estaremos usando para el trabajo y el ocio dentro de diez años.

Lo que sí sabemos es que lo impreso tiene un valor duradero. Hay algo en torno a abrir una revista cada semana, o el diario –algo en sus artículos, fotos y publicidad– que no puede ser igualado por una experiencia en línea.
Esos sentimientos recientemente encontarron su máxima expresión en la ciudad de Nueva Orleans. Ahó, los propietarios del periódico The Times-Picayune anunciaron que empezarían a imprimir el diario solo tres veces a la semana a partir del 1 de octubre. Nueva Orleans será la ciudad más grande de los Estados Unidos sin un periódico diario. Los ciudadanos locales han elevado su protesta. Ellos quieren sostener entre sus manos un diario de verdad cada mañana. (Escribe: Tyler Bridges)

Columnas no Vertebrales


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Mariátegui, el columnista urticante.

La manera de escribir columnas –y hacer periodismo– en los diarios del Perú tuvo un cambio profundo al llegar el nuevo siglo. Como producto de la semiasfixia autoritaria fujimorista, se dio una eclosión hacia formas más irreverentes, osadas, duras, muy en la onda del periodismo argentino (el resto del periodismo latinoamericano suele ser en general aún pomposo o modosito) y español.

Así, los editoriales se “columnizaron” y se personalizaron,se acabó la sumisión a lo “políticamente correcto” y la reverencia al poder, se vieron lisuras por primera vez impresas, se dejó de venerar a las vacas sagradas de la sociedad (y de la profesión), comenzaron los codazos abiertos en el gremio, hubo más ideologización franca y abierta (porque la objetividad pura no existe y pretenderla es tan aburrido como esos sermones de Tola), se tomó más partido políticamente, regresó el tabloide político con más fuerza, se sintieron nuevas personalidades, se volvió a las trincheras de las ideas… Cómo que entró una ola “punk” a nuestra prensa política, que pasó del café al red bull (¡y casi a la anfetamina!).

El primer adalid de este cambio fue el extinto ultra antifujimorista Liberación del ruin amauta Hildebrandt, seguido por el liberal Correo del talentoso Tafur. Desde allí se unieron también otros tabloides muy políticos, como la fujimorista La Razón, el (Isaac) humalista-marxista La Primera, el D-16 del ahora toledista-villaranista Tafur, el nuevo Expreso de Luis García Miró y P-21 (desde su fase inicial fujicaviar a la actual liberal). Incluso el otrora excesivamente solemne El Comercio se ha unido cada vez más a esta tendencia, desde su inicial postura caviarona hasta la liberal, y más desenvuelta, actual. Solo La República huele aún a 80’s con sus anónimos editoriales, insufribles y de rojo tan añejo.

Habrá quien se quejará de todo esto, de que ya no hay plumas como las de More, Pepe Diez Canseco o D’Ornellas (si hay, pero en otros estilos), de que el castellano ya no es tan rico (ya no hay tanto tiempo como otrora para pulir mil veces lo escrito ni releer a diario clásicos), de que nos hemos polarizado mucho (¿sí? ¿Y los tiempos del antiaprismo, de Ravines, de Luis MQ y sus fobias, de los “mastines de la revolución” velasquistas, de los marxistas agresivos de “Marka”?) y escucharemos otra vez más aquello de que “todo tiempo pasado fue mejor”. No lo creo. Simplemente fue distinto. Hoy sería imposible que alguien lea esos editoriales gigantes de El Comercio de hasta finales de los 90’s, por más bien escritos que estuviesen. Ahora si no jalas el ojo, impactas rápido y eres breve, al segundo párrafo te abandonan (como también es cosa del pasado esa bohemia periodística del trago, el burdel y la pichicata, que pervivió hasta la década de los 80’s).

A lo personal, como me insta Caretas: ¿Cuánto me toma una columna? Unos 45 minutos. ¿Quiénes me influyeron para tener mi estilo actual? De aquí D’ Ornellas, Hildebrandt y Tafur (se que esos dos me aborrecen, pero al César lo suyo). De afuera, sobre todo Orwell y Eduardo Haro Teglen, como también Indro Montanelli y Pedro J Ramírez. Y todo ese agobiante fardo vital de ser un hijo de la Revolución Velasquista, de Sendero, de la hiperinflación, de la Guerra Fría, del Aprocalipsis y del fujimorismo.

Sé que polarizo al máximo. Sé que con mi estilo –porque lo tengo.

Alguien me lee y me reconoce al instante– puedo gustar o repeler sin términos medios, pero me leen y me tienen en cuenta. Eso en esta profesión es finalmente lo importante: Te leen, luego existes. (Escribe: Aldo Mariategui)

 


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