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La Vida Después del GEIN

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13 de septiembre de 1992. Alférez Olano con Guzmán y una eufórica Iparraguirre en la oficina de Ketín Vidal, en la Dincote. Hoy resguauarda la Comisaría de Huancavelica.

Desperdigados y relegados, los policías que participaron en la histórica captura de Abimael Guzmán Reynoso custodian combis y comisarías.



La Maldición de ‘Gonzalo’”. Así llaman los veteranos del GEIN a la desarticulación de este mítico grupo, a manos de Vladimiro Montesinos, y a lo que ocurrió con muchos de ellos en los años posteriores a la captura de Abimael Guzmán, en 1992.

Tiene su lado irónico el que el ministro del Interior, Wilfredo Pedraza, respondiera con interés a la propuesta del general PNP (r) Marco Miyashiro para reagrupar al equipo en vista de que el 70% de sus integrantes está aún en actividad.

Por ejemplo, los policías camuflados que escarbaron pacientemente en la basura de la casa de Los Sauces, en Surquillo, para encontrar las cajas de los medicamentos y otros indicios que corroboraron la presencia de Guzmán, parecen haber vivido una metáfora profesional los últimos 20 años.

Relegados por años en puestos de menor importancia, como si fuese un castigo, estos héroes permanecen olvidados hasta hoy.

Ellos son el capitán PNP José Luis Olano, ‘Muñeco’, el mayor PNP Dennys Cotera y el suboficial PNP Carlos Iglesias, ‘Charly’.

Cotera continúa en la Dircote, pero está supeditado a tareas administrativas para el Área de Personal.

Olano se encuentra destacado en una comisaría de Huancavelica e Iglesias labora en la Comisaría de Miraflores. En sus días de franco, custodia una combi que distribuye celulares por Lima.

CARRERA A LA BASURA

‘Charly’ ingresó al GEIN en 1990 en calidad de suboficial. Fue el primero en levantar la mano para ofrecerse de “basurero”.

Su esfuerzo fue fundamental para el éxito: halló entre los desperdicios cajas del medicamento para la psoriasis, que utilizaba Guzmán; colillas de cigarrillos Winston y un papel quemado en el que se aludía a una reunión del buró político de Sendero Luminoso.

Tenía 30 años cuando se ejecutó la captura de ‘El Cachetón’.

Permaneció en el GEIN tres años hasta que lo derivaron al Área de Seguridad de la Dirincri “a rondar las instalaciones”. “No querían estrellas, botaron a los más pintados”, acusa. Luego prestó servicio en las comisarías de Lince y Monterrico acompañado de su perro “Julio”, un labrador cruzado que ha intervenido en varios operativos.

Ahora labora en la Comisaría de Miraflores, donde se dedica al patrullaje motorizado y a pie. Es vigilante de una combi en sus días libres.

El mayor Cotera también era un experto agente de campo y la técnica Ovise (observación, vigilancia y seguimiento), su manual de vida.

Cuando el GEIN empezó a ser desmembrado, se mudó junto a Marco Miyashiro a Chiclayo, primero, y posteriormente a la Superintendencia Nacional de Administración Tributaria (SUNAT).

Otro grupo de policías del GEIN acompañó a Benedicto Jiménez a su nuevo puesto como Director de Pacificación del Servicio de Inteligencia Nacional (SIN).

Hoy Cotera hace papeleos en el Área de Personal de la Dircote, en la avenida España. “El GEIN se desarticuló por cuestiones políticas. Había celos de Montesinos y el SIN. Estancaron ascensos y nos enviaron a puestos que nada tenían que ver con inteligencia”, reniega.

‘Muñeco’ rozaba los 25 años y era apenas un alférez cuando ingresó al GEIN. Sobrevivió al maremoto post captura de Guzmán y se quedó en la rebautizada Divicote 1 por cuatro años más.

Enseguida lo destacaron a Piura y a los dos años fue reubicado en la Policía Judicial de Tumbes, donde se vio implicado en la fuga de cuatro delincuentes comunes. Lo suspendieron por 11 años hasta que demostró su inocencia tras entablarle un juicio al Estado. Ahora patrulla las calles de Huancavelica. “Si en la Policía hubiera especialidades la situación sería distinta. ¿De qué sirve tanto homenaje si no podemos realizar lo que sabemos?”, reclama. (Álvaro Arce)

 


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