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Entrevistas "Estamos en una posición envidiable frente al mundo", dice el Director Ejecutivo de SEP (Soluciones Empresariales contra la Pobreza).

Juan José Garrido, En Perspectiva

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“Soy un autodidacta de la escuela austriaca, la cual proviene de la lógica deductiva aristotélica”.

Juan José Garrido Koechlin (40), Director Ejecutivo de SEP (Soluciones Empresariales contra la Pobreza), es un analista político de amplio recorrido mediático que ha ido investigando con buen ojo clínico todas esas situaciones, hasta cierto punto confusas, que caracterizan al Perú de hoy. Eminentemente racionalista a través de sus dictámenes, y hombre de espíritu empírico donde los haya, les da la preeminencia a los datos y a las cifras que marcan el devenir de la economía bajo el aspecto de un futuro mejor para todos y, evidentemente, mejor repartido. No le gustan las soflamas doctrinarias ni los verticalismos ideológicos ni los estereotipos reaccionarios que ya fueron y que atentan directamente contra una modernidad que ya ha sacado del oscurantismo a la mayor parte de los países del planeta. Ahora, frente a mí, en una mesa del restaurante Costa Verde, pone énfasis en el milagro de la reducción de la pobreza, ya que en 1990 “bordeaba el 60% y hoy se ha reducido al 27.8%, aunque haya todavía “mucho por hacer”. Buceemos en el tema económico del país de la mano de Juan José Garrido. Vamos allá.

–Como economista ¿cuáles son los métodos o escuelas económicas que rigen su pensamiento?
–Soy un autodidacta de la escuela austriaca, la cual proviene a lo largo del tiempo, en el método, de la lógica deductiva aristotélica, y en cuanto al foco de atención científica, de la acción al nivel individual respecto a los intercambios y el mercado.

–Desde su punto de vista ¿cuál es la situación política y económica en que se encuentra el país?
–Para entender la situación política y económica del país debemos entender de dónde venimos. Hasta 1963 Perú transitaba por una economía más apegada al mercado que al Estado. Belaunde, en su primer gobierno, de alguna manera introduce el concepto de economía social de mercado. El Estado comienza a crecer en cuanto tiene más peso y participación en la economía. Con Velasco el modelo se pervierte: expropiaciones masivas y los preceptos macroeconómicos del país se van al hoyo. Cuando Velasco sube al poder había 26 empresas en manos del Estado, y cuando Fujimori comienza a desmontar la estructura estatista había 226 empresas en poder del Estado. Hoy día el Estado peruano tiene algo así como 22 empresas, pero, y esto es importante, el Estado peruano se ha quedado como un gran articulador de la economía a través de las regulaciones.

–¿Cómo es el presente?
–La izquierda dice que el presente es neoliberal y los liberales creemos que el presente es estatista. Lo cierto es que las ideas de la izquierda, cuando estuvieron gobernando entre el 60 y el 90, quebraron al país: hiperinflación, éramos parias de la banca internacional, los mercados no funcionaban, todo estaba regulado y lleno de controles, mercados negros, alto desempleo, etc. Se agrava todo por el terrorismo y la alta migración rural a las zonas urbanas. En 1990 la pobreza bordeaba el 60% y hoy, 22 años después, el Perú está integrado a los mercados y estos funcionan relativamente bien, la moneda guarda valor y la pobreza ha bajado al 27.8%. Si la izquierda tuviera un legítimo interés por los pobres y las causas populares trataría de acercarse más a las ideas de mercado para entender por qué funcionan. Hay marxistas de buena fe, equivocados pero de buena fe, que no han logrado entender los problemas del socialismo y los beneficios del liberalismo.

–¿Usted cree que el ambicioso Gregorio Santos (que busca la Presidencia de la República) o el terrorista del MRTA Saavedra (no se arrepintió, su discurso sigue siendo terrorista) o el cura Arana (fariseo entre fariseos) son gente de buena fe? ¿Qué me dice usted de los pitecantropus erectus del SUTEP- Patria Roja, que son los principales responsables de la falta de educación en el Perú?
–Esos no son ni marxistas ni gente de buena fe sino animales políticos en el sentido estricto del término. Esta gente se guía por instintos muy primarios que no tienen ni ideología ni bandera y que sólo buscan llegar al poder como el animal que busca la presa. En el caso del SUTEP es un sindicato que medra de las ventajas dejadas por el velascato. Por eso es que no se puede hablar de un modelo político económico peruano, lo que tenemos es una mezcla de ideas de libre mercado, beneficios mercantilistas, rezagos populistas y franquicias comunistas como el SUTEP. Hay mucho por hacer. El Perú actualmente se encuentra en calidad de educación en el puesto 126 sobre 134 países y ese inmenso fracaso es en una grandísima parte producido por el SUTEP. La solución a la educación peruana parte por pensar fuera del sistema tradicional. Se puede entender la necesidad de subsidiar la educación. En el Perú hay actualmente muchos bienes y servicios subsidiados. Lo que no se entiende es por qué el Estado debe proveer los servicios. En el caso de la educación el Estado podría subsidiar la demanda educativa y permitir al mercado la provisión del servicio. Analicemos: al Estado peruano cada alumno le cuesta 225 soles al mes. Hay colegios privados bilingües con muy buena dotación de infraestructura y de profesores que cuestan 180 soles al mes.

–¿Tiene usted algún ejemplo de esto?
–En Los Olivos, en el Cono Norte, conocí el colegio Manuel Scorza, fundado por una jubilada del Magisterio que fundó este colegio privado para gente pobre a mediados de los 90. Hoy el 90% de sus graduados ingresan a la universidad y una alumna se graduó primera de la Facultad de Ingeniería en la Universidad de Lima. Ese colegio demuestra que: 1º: el mercado funciona para mejorar la calidad de los bienes y servicios, 2º: que las soluciones privadas suelen ser más baratas y eficientes que las estatales. Si el Estado subsidiara la demanda este ejemplo se multiplicaría a lo largo y ancho del 75% de la población que vive en zonas urbanas. Para el 25% restante que vive en zonas rurales el Estado podría con más facilidad enfocarse y proveer de un mejor servicio mientras se crean las condiciones de mercado.

–¿Es usted un fanático del mercado?
–Sin instituciones sólidas que velen por el buen funcionamiento del mercado éste se convierte en el Far West. Ahí es donde aparecen los mercantilistas, los abusos, las corruptelas y el estatismo también. Lamentablemente se confunde mucho al liberalismo con el mercantilismo.

–¿Qué diferencia hay entre mercantilismo y liberalismo?
–El liberalismo se basa en las resoluciones del mercado cuando las personas actúan en libertad y por ende luchan por sus objetivos de vida. El mercantilismo se basa en el compadrazgo, la corrupción y el abuso del poder buscando beneficiar a un grupo a costa de los consumidores.

–Descansemos de política. Veamos quién es usted. Hábleme de su familia.
–Nací en 1972, en plena dictadura velasquista; mi abuelo era un académico, empresario, político y hombre de familia del cual aprendí mucho; mi padre, Juan Garrido, es Químico Farmacéutico y empresario, al igual que mi abuelo, pero a diferencia de él la política nunca le gustó; mi madre es María Eugenia Koechlin, hija también de un empresario y político, así que supongo que muchas cosas me corren por las venas (sic).

–Estudios.
–Primaria en La Recoleta, luego un breve internado en Escocia para terminar Secundaria en el Markham. Ingresé a la Universidad muy chico, de 16 años, y no me gustaba estudiar en esa época. Empecé a valorar el estudio y la rigurosidad trabajando; luego hice tres maestrías y un doctorado en ESADE (Barcelona), del cual me gradué Summa Cum Laude, y mi tesis participó en el Premio a la Mejor Tesis Doctoral europea de ese año.

–Desarrollo Laboral.
–Regresé de estudiar Economía en USA y me tiraron literalmente al ruedo en primera: a los 23 años ya estaba a cargo de proyectos, y a los 25 ya estaba gerenciando una línea; trabajé en el ámbito empresarial de la familia hasta los 35, y a partir de allí giro al ámbito más intelectual, académico, periodístico, pero con un fuerte componente de experiencias laborales, lo que me ha permitido entender muy bien ambos mundos.

–Lado periodístico.
–Empecé allá por el 2004 en Expreso, y luego pasé a Correo y ahora estoy en El Comercio.

–¿Qué es lo mejor y lo peor que le ha sucedido?
–Bueno, sonará cursi, pero lo mejor es la familia: ver a tus hijas nacer, crecer y sonreír. Es invalorable. Con mi mujer, Rosabel, tenemos dos hijas y llevamos una vida muy unida. Ella ha sido un punto de apoyo siempre. Lo malo está más claro: una noche allá por 1998 ó 99 nos secuestraron al paso a Rosabel y a mí, duró como 5 ó 6 horas todo, y la angustia de no saber nada de ella, de no tener idea de qué habría sucedido, etc., es indescriptible. Finalmente me escapé de la maletera y huí; a ella se la habían llevado en otro carro, y la soltaron más tarde. Fueron las peores horas que recuerdo.

–¿Cómo ve el Perú de hoy?
–En algunas cosas muy optimista y en otras muy pesimista. Soy optimista del pueblo peruano. Me da la impresión de que las últimas decisiones políticas han sido finalmente las adecuadas. Creo que el peruano de hoy tiene una visión más moderna y por lo tanto más exigente sobre las instituciones que rigen lo político y lo económico, y en base a este modelo híbrido que tenemos está desarrollando una capacidad de sobrellevar los problemas que se le presentan, y veo en paralelo una parte de las élites peruanas, empresariales, culturales, académicas que transita también en esa senda de modernidad. Mi pesimismo proviene de un hecho que pareciera cíclico en la historia peruana. Cuando hemos estado pasando por un buen momento económico (que es cuando más hay que acelerar las reformas institucionales) no hemos tenido la capacidad de hacerlas, hemos perdido el tiempo en discusiones infantiles e irresponsables y luego, la falta de esas instituciones son las que crean problemas como el de Conga y Espinar, en donde medran estos animales políticos depredadores de la democracia.

–¿Qué me dice de Ollanta?
–Tengo que reconocer que he pasado de ser un antihumalista profundo a un optimista proactivo.

–¿Por qué proactivo?
–Porque creo que hay que apoyar a este gobierno (elegido democráticamente) a que concluya su mandato dentro de las mejores posibilidades de futuro para todos los peruanos. El Presidente está cumpliendo su palabra, está rodeado de técnicos de muy buen nivel (Castilla, Trivelli, Pulgar, entre otros) y está afrontando situaciones muy complejas, me parece, de una manera inteligente. Si el Perú puede transitar democráticamente hasta llegar a 2016 creo que el futuro posterior va a ser tremendamente positivo para muchas generaciones. Si no retrotraemos la democracia como algunos buscan egoístamente (por el bien de su bolsillo y sus intereses de poder) las posibilidades que se abren para el Perú son inmensas. ¡Fíjese!, en el año 2000 el PBI mundial era cercano a los 32 trillones de dólares. Hoy son 66 trillones y para 2030 van a ser 340 trillones (por el crecimiento de la clase media en China e India). Esto coloca al Perú por sus particulares fortalezas en una posición extremadamente envidiable. Y no me refiero sólo a los recursos naturales sino a ese Perú emergente del cual hablamos antes.

–Analícese.
–Supongo que he cambiado mucho en los últimos 15 años; antes era vehemente, superficial, tal vez hasta un poco irresponsable. Hoy creo que me gusta quien soy, lo que hago y lo que defiendo, que quiere ver cambios reales en el futuro de sus hijos y las próximas generaciones. Soy iconoclasta, multifacético, no creo en los estereotipos, en las relaciones verticales, en los dogmas y las conversiones sin razón. Me gusta la crítica, la reflexión y el intercambio de ideas y explorar otros campos como las artes, las ciencias, los deportes, etc.

–Hobbies, aficiones.
–Toda mi vida he sido muy deportista; de hecho, creía que sería profesional de algo, pero nunca me especialicé en nada: jugaba de todo: tenis, golf, hockey, fútbol, y me metía a cuanta cosa me invitaban. Me tiré en paracaídas a los 22 años, fui “Scuba Divemaster” y campeón nacional de salto alto menores. Ahora entreno para un Ironman, una triatlón que dura hasta 17 horas, ya que nadas 3,800 metros, bicicleteas 180 kilómetros y luego corres una maratón de 42 kilómetros. ¡Es una locura! También cocino y pinto un poco, me gusta el arte abstracto y moderno. Picasso. De los nacionales Tola en su primera época.

–¿Está seguro de que ha cambiado con el tiempo?
–Antes me sentía un ciudadano global; en eso tengo que agradecerle a Ollanta Humala, ya que hizo que me diera cuenta de cuánto quería al Perú. Cuando salió elegido y juró por la Constitución del 79 pensé lo peor; el tiempo felizmente ha explicado cuál fue el significado de dicha idea, que era la forma de expresarse a fondo sobre una concepción que, aunque equivocada, buscaba un fin que hoy persigue por otra vía, que es el desarrollo para los pobres e inclusivo, como él lo llama. En todo caso me hizo reflexionar y darme cuenta de este hecho nuevo para mí. Por supuesto uno siempre quiere a su patria, pero nunca lo había sentido de una manera tan profunda como lo siento hoy. Nunca he querido al Perú más que ahora.( Por: José Carlos Valero De Palma)

 


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