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Entrevistas El gran aumento de “la familia” de Yola Polastry.

El Mundo de Yola

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Punche escénico. Aunque ya no en televisión, Yola sigue teniendo una apretada agenda de shows infantiles.

Yola Polastry cubrió un cuarto de siglo como la gran estrella de la televisión en los programas infantiles. Es muy difícil que todos los que hoy son adultos y hayan visto televisión en un pasado cercano no la recuerden. En su programa variaban las canciones, variaban los actuantes, variaba el vestuario y la escenografía pero jamás variaba esa pegajosidad rítmica que ponía en movimiento a todos los presentes. Por eso tuvo un gran éxito disquero. Llegaba tanto al público porque ella creó su propio personaje, único, sin aristas, sin escapes, sin transformaciones en el tiempo, siempre sólido e invariable. Yola era Yola y siempre estaba ahí. Se me aparece en el restaurante Costa Verde a la hora señalada para esta entrevista. La veo llegar desde lejos y la reconozco al instante por sus ojos vivos y relampagueantes orlados por un maquillaje casi escénico. A lo largo de la entrevista me cuesta mucho encontrar al ser humano que tengo enfrente, ya que el personaje artístico de Yola creció a tal punto que lo ha ocultado casi por completo. Una especie de fagocitosis. El personaje se comió al autor. Así se explica su soltería recalcitrante a la que no se le ve asomo de androfobia, pues la Yola de hoy sigue estando en el mundo de los niños aunque su “gran familia” se ha multiplicado con el tiempo. Veamos por qué.

–Usted tuvo una enorme popularidad con un programa para niños que no dejaba de ser visto por los mayores. ¿Me podría decir cuál fue el punto máximo que logró en su vida artística?
–Con mi espectáculo y mis niños he llenado estadios. He sido la única artista peruana, tengo entendido, que lo ha logrado. Lleno de bandera. Los 4 lados repletos.

–¿Sí? ¿Tanto? Cuénteme eso.
–Yo tenía muchos auspiciadores para mi programa en el canal 5. Entonces “Pilas National” me llevó a cuatro cines de Lima. Aquellas audiciones tuvieron un éxito total, se abarrotaron los cines y era tal la presión del público por entrar que rompían las puertas cuando las cerraban para que ya no entrara más gente. Enorme desorden. No podíamos ni salir los actuantes. Entonces pensaron que si el estadio de Alianza Lima no se llenaba para los partidos tampoco se iba a llenar con Yola. Se equivocaron. Se llenó. Y con “Pilas National” llené otra vez el estadio de Alianza y dos veces más el Estadio Nacional.

–¿Usted cree que hoy sería posible llenar un estadio para un programa infantil?
–No lo creo en absoluto. Antes había solo tres canales: el 4, 5 y 7. Hoy la televisión es diferente y la niñez ya no conserva su inocencia. La televisión de hoy no ayuda a los niños, es una mala maestra y ellos son los últimos de la lista y a veces no están ni siquiera en la lista. No se ocupan de ellos, hay programas que rellenan algo el horario infantil, sin revisar contenidos y con demasiada violencia.

–¿Cuándo le nació la vocación artística?
–Durante mi infancia, y en familia, constantemente, mi hermano Augusto bailaba siempre, mi hermana María Eugenia bailaba flamenco y mi otro hermano Remo tocaba la trompeta. Yo era el patito feo. Nunca me llamaban para actuar en mi familia aunque como Ud. dice, yo me incendiaba por dentro de ganas de actuar. Soñaba con hacerlo un día y estos sueños se potenciaban conforme iba creciendo y veía actuar a mis hermanos.

–Cuénteme de sus padres. ¿Estudios?
–Éramos típica clase media. Mi padre era hijo de italianos y tenía una tienda de repuestos de automóviles. Mi madre era de Pisco aunque criada en Lima. Estudié en el colegio Santa Rosa de Lima kinder, primaria y secundaria.

–¿Colegio religioso?
–Pertenecía a la congregación americana, religiosa católica, Maryknoll. En el colegio me gané algún papelito como el de la Sra. Soames en una obra de Thornton Wilder. Hacía libretos para las obras del colegio. Teníamos profesor de teatro y una maestra panameña en el coro. Canté hasta que me lo permitieron. Me despidieron para ganar una basquetbolista, ya que no se podía hacer las dos cosas a la vez por el tiempo de estudios, y prefirieron que me dedicara al básquet. Fuimos cinco años consecutivos campeonas interescolares de básquet, lo cual indicaba que yo tenía una estupenda salud, cuando en realidad yo venía de pasar unos años atroces por una enfermedad que tuve a los 7 años.

–¿Qué clase de enfermedad?
–Era una enfermedad conocida con el nombre de “púrpura sanguínea”, consistente en una fragilidad de los vasos capilares sanguíneos. Estaban tratando los médicos dos casos simultáneamente, el mío y el de otra niña de mi edad que se murió con fuertes hemorragias. Yo resistí hasta que alguien de mi familia, que buscaba mi sanación, me llevó a un yerbero griego y éste, a base de innumerables yerbas e infusiones, acabó curándome por completo. Yo siempre he pensado que eso ocurrió al desintoxicarme de tantas medicinas tentativas que me daban los médicos. Y es que entonces esa enfermedad no se conocía muy bien, era muy grave y hoy se cura en tres días. Yo volví al colegio después de cinco meses pero la dieta se prolongó cuatro años más y, en buen estado físico ¡por fin!, llegué a ser campeona de básquet. Además de esto trabajaba en mis vacaciones.

–¿Por qué trabajaba en sus vacaciones?
–Porque no sé no hacer nada. En cuarto año de media durante las vacaciones trabajaba de secretaria bilingüe en una oficina de marcas y patentes, Castro Porras, en otra de contratistas generales, y también en Dun Bradstreet, que hace campañas de investigación de empresas. Trabajé siempre sin salir del colegio. Saqué la conclusión de que no quería trabajar para nadie, aunque está claro que adquirí experiencia. Terminando la secundaria mi hermano Augusto, que trabajaba en el canal 4 en el programa “Ritmo en el 4”, fue convocado para hacer un programa similar en el canal 5 con su grupo “Ritmo Boys”. Llevaron mucha gente. Le faltaban bailarinas y me propuso que fuera al canal a bailar. Acepté, porque yo había estudiado ballet clásico con Diana Kane y Fanny Dreyfus y ballet moderno con Trudy Kressel, y es así que a los 18 años debuté como bailarina en televisión en canal 5, en un conjunto que se llamó las “Cincodélicas” en el programa “Ritmolandia”. Empecé a hacer de todo: pequeños papeles, programas musicales y telenovelas. Me había preparado para esto en el Club de Teatro de Lima. En el canal alterné con gente que me enseñó mucho, como Saby Kamalich, Regina Alcóver, Julio Alemán, Gustavo Rojo, Elvira y Gloria Travesí, Lola Vilar y Liz Ureta, hasta que coprotagonicé “Un verano para recordar” con Ofelia Lazo. Y ahí vinieron los niños.

–¿Cómo?
–Cuando entró Velasco empezó a cambiar la televisión. Desaparecieron los programas de influencia extranjera. Se motivó y difundió el folclor peruano y, aparte de la política, Velasco hizo una televisión educativa. Lo que sí sé es que fue el momento para presentar un programa con el objetivo de recrear y educar a la vez. Lo hizo la Sra. Nancy Soto, que es la que había tenido la idea y era profesora de Educación Inicial. América Televisión aceptó el nuevo programa de niños y yo acabé siendo el nexo que unió a los 36 profesores que conducían el programa. Al final acabé siendo la estrella de ese programa y el canal decidió responsabilizarme por él. Quedó a mi cargo. Me dieron una prueba de tres meses a ver cómo resultaba, y acabé quedándome 24 años ininterrumpidos. El primer programa para niños con el objetivo de recrear y educar a la vez se llamó “El mundo de los niños”, que posteriormente se convertiría en “Los Niños y Su Mundo”, y finalmente en “Hola Yola”.

–¿Cómo seleccionaba a los actuantes de sus programas?
–Todos los días hacia inscripciones después del programa. En el estudio hacia castings simultáneos. Nunca se acababa la cola, cada día era más larga. El elenco empezó a crecer y normalmente somos hasta el día de hoy 120. Lo importante es que tuvieran gracia, sentido rítmico y movimientos adecuados, ¡ah!... y que no desentonaran en las canciones que se les enseñaba. Yo los dividí entre “pollitos”, de 3 a 6 años; “burbujitas”, entre 7 y 12 años, y “muñecas” y “Yola boys” hasta los 18 años, que eran todos los bailarines masculinos y femeninos que me rodeaban en la actuación. Todo junto debía resultar impactante, perfecto, y tanto las letras como las canciones debían ser extraordinariamente pegajosas y de gran ritmo. De ahí el éxito que obtuvieron ya que se han grabado, bajo la dirección musical de Tito Chicoma, más de 400 canciones en discos y LPs que gustaban tanto a los niños como a los mayores.

–¿Novios?
–Salí con chicos tentando suerte en el amor sin resultado. Luego me dediqué tanto a mi trabajo que llegué a trabajar casi el día entero haciendo la labor de 10 personas: productora, libretista, coreógrafa, directora, diseñadora, escenógrafa, compositora, actriz, cantante y bailarina. Con tanto trabajo difícil enamorarse de nadie. Soy celosa y no me gusta que me traicionen, y seguir mi ritmo de vida es casi imposible. Soy fiel, pero al pensar tanto en mi trabajo los hombres no se supeditan a esto. Si yo me hubiese casado tendría ahora más matrimonios que Liz Taylor, como me dijo una vez un amigo.

–¿Cuándo dejó de trabajar en televisión con los niños?
–Dejé de trabajar en diciembre del 94 en América Televisión por decisión de la Directiva de los Sres. Crousillat, que todos sabemos quiénes son y lo que pasó con ellos. El programa tenía 22 puntos de rating según Jorge Souza Ferreira. No podía trabajar a gusto con personas que estaban encerradas en una especie de cúpula invisible y blindada y me limitaban en todo. Era imposible hacer un buen trabajo.

–¿Qué hizo después?
–Lo mismo, pero sin programa de televisión. Sólo de invitada. Pero tuve que empezar de cero, las puertas estaban cerradas y por los niños había que abrirlas. Todos los adultos de hoy me recuerdan a mí y a las canciones (La gallina Turuleca, El Eco, Mi ranchito, El telefonito, etc., etc.) y por eso sigo trabajando por mi cuenta con mi campaña “Recobrando Valores” fuera de la televisión. Me invitan a actuaciones en provincias. Actúo en fiestas…

–Yo la vi hace tres años actuar en el cumpleaños de Carlos Álvarez y la gente cantaba y bailaba sus canciones.
–Grabamos, para que nadie las olvide, con 40 músicos y dedicación total. Tengo todos los ritmos. Celebro pronto este año las “Cua, cua, cuatro décadas de Yola”, los 40 años de Yola para y por los niños del Perú. El teatro siempre está lleno en las temporadas de julio. Todos van. Es como si tuviera mis niños de 30, menos de 30, más de 30, los 40 de lujo, incluida la base 5. Mis burbujitas también están por todas partes. Es importante ser burbujita, ya que son hombres hechos y han perdido el terror escénico.

–Alberto Beingolea fue su burbujita y él me ha hablado con mucho cariño de usted.
–Alberto Beingolea es el hijo mayor del programa. El se encargó del espacio deportivo incrustado en mi programa. Se encargó de la secuencia y cada día lo hacía mejor y no abandonaba la cancha. Sabía lo que hacía, siempre más maduro que el resto y cuando salió del programa nos mantuvimos siempre comunicados. Hoy en día es un ejemplo para todos.

–¿Tiene inquietudes sociales?
–Sigo visitando y haciendo llegar alegría y momentos de felicidad a los lugares más necesitados de amor como el Puericultorio Pérez Araníbar, el Hospital del Niño, el de San Juan de Dios y los penales. Últimamente estuvimos en el penal Castro Castro. También vamos a dar alegría a los niños abandonados y en riesgo social. Soy comunicadora, trabajadora, soñadora, trabajo por la causa de las familias felices, de los valores que se pierden y por lo tanto nunca mejor dicho que trabajo contra corriente. No tengo metas, mi camino es largo y siempre hay más. Nunca puedo dejar de hacer algo y ¡hay tanto que hacer todavía! ( Por: José Carlos Valero De Palma)

 


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