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03/May/2012
 
 
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Fotografía Enfrentamiento entre la cotidianeidad absurda y el ojo visual del espectador en Gracias de nada, del argentino Manuel Archain. Va desde el 9.

El Ojo Surreal

6 imágenes disponibles FOTOS  PDF 

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Sumergidos. La imagen refleja la desconexión casi meditativa que surge de algunas actividades como la lectura.

Un gigante que solo es gigante porque el resto es pequeño. Personajes cotidianos que son heroicos frente a superhéroes que caen en desgracia. Tazas de café con brazos que sumergen a su adormilada clientela en platos hondos de cereal, o letras, números y signos insertados en teclas de computadora que conforman una cabeza. Una cabeza tecnológica.

La fotografía de Manuel Archain (Buenos Aires, 1983) es la caricaturización de la figura humana en el mundo globalizado que los ha absorbido. Son relatos que invaden recovecos cotidianos que los ojos miran fuera de foco. Mensajes de protesta basados en las certezas del mundo que solo pueden imaginarse en largos viajes surreales: donde los cuerpos de dos granjeros y su hijo son de madera talada o la cabeza de una mujer se encuentra reemplazada por un cubo de cemento con señalizaciones. Visión que grafica las pesadas imposiciones de la urbe.

Como parte de la octava edición de la Semana del Arte de Lima, Archain se basa en el artista plástico japonés Yoshitomo Nara, en cuyas obras bizarras representa a niños o animales que llevan armas y que intrigan por su atrevimiento y frialdad, y se pregunta “¿cómo serían esas personas si fuesen reales?” La serie trata de adivinar qué hubiera pasado si Nara se basara en gente real y en lugar de exagerar situaciones, simplemente se basen en lo cotidiano por más absurdo y abstracto que sea”. Eso es Gracias de nada, una historia en la que el dibujo juega a ser real. Un disparador que moviliza el deseo del espectador para formar parte del viaje surrealista. Una aceptación de lo absurdo.

Doce piezas que reflejan las historias contadas por Edward Bloom de El Gran Pez o una joven de un mundo paralelo de Bioy Casares evidencian la invasión de la imagen en los parámetros establecidos. En el Espacio Cultural Transmisor (Jr. Dos de Mayo 239, Barranco) desde el 9 de mayo. No olvidar que la historia la termina quien la está mirando. (Ailen Pérez)

 


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