martes 19 de septiembre de 2017
Usuarios
e-mail:
Contraseña:
¿Olvidó su contraseña?
InstruccionesHáganos su Página de InicioAgréguenos a sus Favoritos
 
 
 
Edición 1974

03/May/2007
 
 
Secciones
Acceso libre Nos Escriben ...VER
Sólo para usuarios suscritos Mar de Fondo
Acceso libre EntrevistasVER
Acceso libre CorrupciónVER
Acceso libre HomenajeVER
Acceso libre Ellos&EllasVER
Sólo para usuarios suscritos Bienes & Servicios
Acceso libre CulturaVER
Sólo para usuarios suscritos Caretas TV
Sólo para usuarios suscritos El Misterio de la Poesía
Sólo para usuarios suscritos Quino
Acceso libre Salud y BienestarVER
Columnistas
Sólo para usuarios suscritos Gustavo Gorriti
Sólo para usuarios suscritos Augusto Elmore
Sólo para usuarios suscritos Jaime Bedoya
Sólo para usuarios suscritos Luis E. Lama
Sólo para usuarios suscritos Nicholas Asheshov
Sólo para usuarios suscritos Cherman
Ediciones
anteriores


Última Edición: 2460
Otras Ediciones Anteriores
 
 

Inicio > Revista

Nuevo Derrame en el Gasoducto

1974-asheshov-1-c.jpg
En las selvas del Pongo de Mainique y del Camisea las cosas no son tan verdes como todos desearíamos.

Varios cientos de kilómetros río arriba en nuestro valle tranquilo y soleado del Urubamba, cayó en mis manos un memorándum interno del Gobierno Regional del Cusco que relata una historia de engaño y conflicto. Los pájaros, peces, insectos y los animales; los árboles, caudalosos ríos y los riachuelos que juntos forman los últimos grandes remanentes de la naturaleza tropical en el mundo han sido reemplazados aquí por gases venenosos y, no pocas veces, por mala fe.

Todos nosotros que nos movemos en automóvil y en aviones no podemos tenerlo todo. El petróleo y el gas tienen que venir de alguna parte y en este caso es de la Amazonía peruana.

Las áreas de los campos petroleros y sus alrededores no fueron idílicas aun antes de que comenzase la exploración de petróleo hace un cuarto de siglo atrás. Olas de inmigrantes de las partes altas ya estaban convirtiendo algunas áreas en deforestación confusa. Cuando yo lo conocí en los años 60’s no había más que una canoa silenciosa o de vez en cuando un peque-peque, pero los ríos ahora están asaltados hasta en la noche por lanchas fuera de borda y lanchones ruidosos. Los caminos, los camiones, los aviones y helicópteros en Camisea obviamente han empeorado la situación. Hasta los indios más remotos de las cabeceras no se salvan de los antropólogos, los misioneros y las ONGs.

En todo caso, esto es lo que ocurrió, hace sólo un mes, luego del último colapso en el gasoducto de acero que transporta el gas líquido desde Camisea, a través de los Andes, a Lima. Está en los informes No. 56/57-2007-GR.RNGMA fechados el 9 y 12 de abril, que relatan los detalles de dos viajes realizados por técnicos del Gobierno Regional cuando se enteraron de lo que la gente a cargo del gasoducto llamaron “un burbujeo insignificante”.

Nada de burbujeo, resultó ser un derrame importante, la sexta ruptura del gasoducto, propiedad de un consorcio tejano-argentino, TGP. Los tejanos son los hermanos Hunt que nos embaucaron con la gran estafa de la plata en 1979.

El nuevo derrame ocurre en el momento en que el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), que financió el proyecto, ha comisionado a una empresa consultora, IFC, para llevar a cabo un estudio sobre el impacto socio-ambiental del gasoducto. El BID, junto con el gobierno de Lima, proyectan financiar otro gasoducto que correría paralelo al existente.

Cuatro días después de la explosión, que tuvo lugar el 2 de abril, el fiscal de Quillabamba se hizo presente. Pero su informe no ha aparecido y los informes previamente mencionados estipulan que “se observó una actitud parcializada del fiscal con los intereses del TGP”.

De acuerdo a los informes del Cusco ninguna de las promesas hechas previamente, después de la última explosión del 4 de marzo del año pasado han sido cumplidas, tales como la reforestación y la toma de medidas anticorrosivas, la creación de piscigranjas y mucho más. El TGP, dicen, ni ha cumplido con el pago de los US$ 2,765.000 en multas impuestas por las autoridades por desastres previos.

El ambiente existente en la selva por el gasoducto es tenso. Los informes describen el miedo permanente en que viven los lugareños.

El 11 de abril “llegan los técnicos del Cusco encabezados por Abel Caballero, Abel Muñiz, Miguel Triveño, alcalde del Concejo Menor de Kepashiato, Ing. Carlos Tosoc, asesor de la Municipalidad de Kepashiato y el comunero Máximo Farfán. Este grupo tuvo dificultades para ingresar en el lugar del incidente, por parte del Sr. Francisco Meza, relacionador público de la Empresa TGP, prohibiendo el uso de cámaras fotográficas y de filmación. La visita fue guiada por 2 (del TGP) Ings., Moisés Calderón y Enrique Tovar, sólo por los lugares que veían por conveniente; es así que, en el ‘punto de falla’ que estaba tapado con plástico negro y SE SENTÍA EL OLOR A GAS, solicitamos el acceso a dicho lugar, a lo cual se opusieron tenazmente, no permitiendo nuestro ingreso, pero insistimos tanto y haciendo valer nuestra Autoridad como representante del Gobierno Regional, logramos que el Ing. Eléctrico Carlos Tosoc...”.

Repentinamente, la sección dañada del gasoducto desapareció a pesar de los esfuerzos de los lugareños, aparentemente en un helicóptero con destino a Lima, y así continúa.

En este ambiente de amenazas y de encubrimiento que empieza en Washington, pasando por Lima antes de llegar a la selva, yo encuentro edificante que existan personas decentes, como el que redactó estos informes, que mantienen su dignidad, redactan actas en las profundidades de una selva donde ahora acechan peligros nuevos, logran que gente las firme, viajando días y noches, ida y vuelta, cubriendo cientos de kilómetros por un rudo terreno, poniendo su parte para intentar hacer del Perú y el mundo un lugar mejor.

Búsqueda | Mensaje | Revista