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Personajes Irene Shashar sobrevivió al holocausto en Polonia. Vive en Lima a 70 años del fin de la guerra.

‘Yo Vencí a Hitler’

4 imágenes disponibles FOTOS 

Irene Shashar

Imagen de la muestra itinerante No es juego de niños de Yad Vashem. La exposición fotográfica fue organizada por el Centro Educacional Holocausto y Humanidades.

"Son flashes, momentos”, explica a su manera. “Solo recuerdo la diaria lucha por sobrevivir, por comer, por esconderme”. Irene Shashar mira las fotografías e intenta conectarlas con los pedazos de su memoria. “No tuve calendarios ni noción de continuidad de lo que sucedió”, dice. Sabe que fue afortunada. Tenía solo un año cuando el blitzkrieg nazi arrasó Polonia. Era el 1 de setiembre de 1939.

Irene Shashar se llamaba entonces Irene Lewkowicz Kirszenbeg. Era solo una niña más en medio del enorme ghetto judío de Varsovia. No tenía idea de lo que significaba Treblinka ni de la realidad que vivía Europa. Sobibor, Majdanek, Chelmno, Belzec, Auschwitz. Todo lo que estaba en el horizonte había sido diseñado para quebrar el espíritu de los hombres. ¿Qué podía hacer una niña al respecto? Solo intentar ser invisible. Fue así que Irene sobrevivió seis años junto a su madre, Helena. Vivieron en cubículos, armarios y demás rincones inhóspitos. Ambas lograron escapar por el desagüe del ghetto, junto a las ratas.

En el París de la posguerra la situación empezó a mejorar. Helena Lewkowicz puso a su hija en el orfelinato Le Manoir de Denouval, en un pueblo llamado Andrésy, a 50 km al oeste de la capital. La pequeña Irene era la única niña polaca entre tantos huérfanos franceses. Allí aprendió a leer y escribir por primera vez. Era 1946. Dos años después, Helena moriría de un ataque al corazón. “Tenía 10 años cuando la perdí”, recuerda Shashar. “Su único propósito en la vida fue salvarme a mí, antes que salvarse a sí misma”.

En julio de 1948 alguien más decidió salvarle la vida. Esta vez fue Don Isaak, viejo patriarca de la familia Topilsky. Él sabía que su hijo Michel vivía con relativa comodidad junto a su nuera Felicia, prima hermana de Helena Lewkowicz. Ellos también eran sobrevivientes del Holocausto. Tal vez por eso al tío abuelo Isaak Topilsky le pareció natural que ellos se hiciesen cargo de la aún pequeña Irene. Fue así como la niña fue a parar a la calle Prescott 236, en San Isidro, Lima.

Isaak Topilsky viajó con ella al Perú. Nunca más se apartó de su lado. Falleció el 12 de abril de 1954.

Irene se graduó en el primer puesto de la primera promoción del Colegio León Pinelo. Luego estudió lingüística en la Universidad de Nueva York y, finalmente, respondió al llamado de la sangre al viajar a Israel. Iba a quedarse tres semanas pero terminó asentándose durante cuarenta años. Allí se casó, tuvo a sus dos hijos y se convirtió en profesora de la Universidad Hebrea de Jerusalem.

Años más tarde viajó a Polonia con su hija. Allí descubrió que su certificado de nacimiento había desaparecido junto al de miles de personas. Los nazis le habían quitado hasta su identidad.

Dice que nunca sintió pena. “Me siento orgullosa de haber sobrevivido”, concluye. La felicidad plena, sin embargo, llegó recién con el primer nieto. “Mis hijos no tenían abuelos”, explica, como quien habla de una ausencia inocultable en la familia. “Cuando fui abuela recién me di cuenta de que había vencido a Hitler”, confiesa. “Yo vencí a Hitler. Él murió, yo estoy viva. La tercera generación es la prueba.” Hoy, su nieto Yarden tiene 11 años de edad.

Cuando recuerda lo más difícil, piensa en el sentido que tuvo su propia existencia. “Soy sobreviviente y debo merecerme serlo”, se repite a sí misma. “No hay casualidad: hay causalidad. Sobreviví para ser la voz de aquellos que no pudieron hacerlo”. Y mientras lo dice no dejan de abrazarla y saludarla y pedirle selfies y autógrafos. Es la ponente principal de un evento en el Museo de la Comunidad Judía del Perú. Pero para ella es solo un día más de vida. (Escribe: Carlos Cabanillas)

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