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ARTICULO

9 de setiembre de 2004
Paginas 48 y 49 de la edición impresa.


En su casa de Cieneguilla, el doctor Luza y sus bravos pastores Gorky y Charly. "Este lugar es inmenso y a veces me siento solo". Der.: En 1970, el "Caso Luza", seguido con particular interés por todo Lima, culmina con una sentencia de 8 años.

¿Quién le Teme a Segisfredo Luza?
Segisfredo Luza se proclama el padre del psicosocial, justo cuando celebra sus cincuenta años de psiquiatra. Aquí, entre otras cosas, recuerda la tragedia en la que se vio envuelto en 1966 por un ataque de celos.

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"El dominio psicosocial es el control inteligente que el gobierno debe ejercer sobre la ciudadanía". Der.: Con Honorio Delgado, su maestro: "debió ser filósofo. Era acertado y disciplinado".

 

Entrevista TERESINA MUÑOZ-NAJAR

EL doctor Segisfredo Manuel Luza Bouroncle (Arequipa 1928), decidió que quería ser psiquiatra en un ómnibus, mientras regresaba de un viaje de vacaciones. Habría querido ser gastroenterólogo pero se decepcionó de una especialidad que, según él, solo le exigía saber que existía la belladona, el bicarbonato y los antidiarreicos. También intentó forjarse como cirujano, más era torpe de manos: "En mi primera práctica me amarré el dedo con el intestino del paciente". Entonces, acostumbrado a lecturas sicológicas, le tocó la puerta a Honorio Delgado y le confesó su vocación. El doctor Delgado le dijo: "Primero lee la Psicopatología General de Karl Jaspers y luego regresa". Eran dos libracos enormes -"alucinantes, formidables"- que Luza devoró rápidamente. Y regresó. Honorio Delgado lo llevó al Larco Herrera y comenzó su formación. "Me encantó el Larco Herrera, tanto que me quedé a vivir ahí, además, los locos comían muy bien". En 1955, se graduó en la Facultad de Medicina de San Fernando con el primer puesto de su promoción. En 1957, obtuvo el grado de doctor en psiquiatría en la Universidad de Heidelberg (Alemania), con el título de Doctor Cum Sum Laude. En 1966, su historia personal fue atravesada "por un corte transversal" de dramática magnitud. Ahora vive la segunda etapa de su existencia. Tiene un hijo de 16 años, Alexander, de su segunda esposa fallecida hace diez. Y todos los días, "afortunadamente", se enamora.

-¿A qué se refiere con lo del corte transversal?

-La biografía de toda persona es longitudinal, comienza con el nacimiento y termina con la muerte. Pero la vida no suele ser recta sino zigzagueante y en ese nivel hay cortes: puede ser una tragedia, el azar o algo que no estaba calculado. Y de pronto se interrumpe la vida.

-En su caso, cuando mató a Fares Wanus, el enamorado de la pintora Martha Vértiz, ¿qué fue doctor, locura, celos?

-Yo no se si quedarme con que fue algo del destino o algo que se pudo evitar. Lo cierto es que yo había regresado de un congreso mundial de psiquiatría en Europa y que trece días después estaba en la carceleta del Palacio de Justicia.

-En la época que ocurrió lo del "corte transversal", se dijo que usted actuó por celos, pues había tenido o tenía un romance con Martha Vértiz...

-Los celos normalmente existen porque uno quiere cuidar lo que quiere. En mi caso particular, yo prácticamente cuando me fui a Europa ya había entrado en razón y había abandonado toda permanencia con Martha Vértiz. En el interín, ella, lógicamente y como toda mujer se frustra, entonces se enreda con un chico, Fares Wanus, la victima, y se queja a él de mí. Por otro lado, cuando regresé del congreso en Europa idiotamente traje regalitos, fue algo cínico en verdad. Ella armó todo un escándalo por eso y le dijo al chico que yo quería reconquistarla. El chico me buscó en mi consultorio y me agarró a trompadas, yo tenía a la mano una pistola, nunca había disparado en mi vida, y lo maté. Y ¿sabe por qué tenía esa pistola?

-Dígame...

-Dos días antes del incidente, el doctor de la Romaña, el ortopedista, me llamó porque tenía su hijo esquizofrénico que estaba armado. Yo le quité la pistola, y el doctor me pidió que por favor me la llevara, y me la llevé pues...y después no se qué me pasaría, se apoderó de mí una especie de turbulencia, una confusión de agresión, de indignación, de cólera.

-No fueron celos...

-En todo caso no pensados. Probablemente hubo un trasfondo de celos, no lo se. Fue en realidad una perturbación anímica que me hizo perder la razón pero desperté inmediatamente. Y le diré que no hay cosa más terrible que darse cuenta de la realidad: el hecho está consumado y eres consciente de que en un instante has perdido todos los años que viviste y tienes que aprender a renunciar a todo y a vivir de nuevo. Es como quemar un libro. Mi vida en consecuencia tiene dos tomos, uno que comienza y uno que concluye.

-¿Cuándo es que los celos no son normales?

-Cuando salen del patrón normal y se vuelven enfermizos. Eso se llama celotipia. Es desconfiar de lo que se quiere. Yo he conocido locos completos, muy graciosos, por cierto. Había uno en Alemania que no contento con vigilar a su esposa todo el día le puso un investigador para que la siga, y luego un segundo investigador para que siga al primero.

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CARETAS cubrió todo el caso que el doctor Luza, ahora, prefiere olvidar: "Ya expié mis culpas".

-¿Y eso se cura?

-No, no. Cuando los celos son obsesivos son patológicos porque la persona supone lo que no existe. Y en el fondo esconde grandes frustraciones, temores y a veces para cuidar a quien quieren recurren a la violencia, al castigo, a la pistola de frente...

-Cómo lo qué le pasó a usted...

-No, yo ya había superado el problema, si no me agreden, no hubiera pasado nada.

-Pero el hecho es que solo estuvo preso 4 años, ¿cómo así lo indultaron?

-La víspera del 28 de julio de 1971, mi abogado Carlos Enrique Melgar me dijo que no pidiera el indulto: "no hermanito, espérate un año más, yo ya hablé con Richter Prada y te conviene esperar". ¿Un año más?, no. Cogí un papel y le escribí una carta de puño y letra a Velasco. No se si fue la semántica o mi poder de persuasión, la cosa es que Velasco se sintió emocionado y me indultó. Fue mi primer psicosocial, sin duda alguna.

-¿Recuerda que le decía?

-Le hablé como hombre, de lo que me había pasado, mencioné a Tolstoi y esa frase que dijo cuando lo condenaban: "La humanidad tiene dos tipos de hombres, los reclusos y los hipócritas", lo conmoví desde luego. A mí como recluso me habían investigado, toda mi vida había sido ventilada. Mire, yo me considero el padre de los psicosociales.

-¿Por qué? ¿Qué es exactamente un psicosocial?

-Cuando yo estuve preso nos juntamos lo mejor y lo peor de la sociedad. Estaban por un lado Alberto Levy y Manuel Yompián, el de donde ganan los que van, ¿se acuerda?, bueno ellos estaban por defraudación de rentas; había otros señores de un banco; Sofocleto a quien habían metido preso porque había recibido dinero del gobierno de Belaunde para escribir la memoria del Congreso y no escribió nada; presos políticos que ingresaban gritando ¡viva el APRA! y a los cinco días los veías aterrados como gatos, y de otro lado, el loco Cánepa, el chato García, presos comunes, rateros, asesinos, verduguillos. Ahí me di cuenta de lo que era el Perú

-Bueno, ¿pero por qué es el padre...?

-Porque las primeras ideas persuasivas -y el psicosocial no es otra cosa que saber persuadir, es decir cuando no interesa lo que dices sino cómo lo dices- nacen cuando Velasco me llama para que me encargue de la OCI y comienzo a planificar psicosociales para que el pueblo lo apoye.

-Por ejemplo...

-Por ejemplo: se tenía que subir el precio de la gasolina y eso generaba un malestar. Entonces, un mes antes de que subiera yo hacía correr el rumor de que iba a costar, digamos, cinco soles, sabiendo ya que el precio iba a ser de dos soles cincuenta. ¿Entiende? Todos contentos porque la gasolina no subía tanto como ellos creían.

-Eso pasó hace mucho tiempo, el tema ahora sería ¿planificó psicosociales para Montesinos y el SIN?, usted nunca lo ha aceptado ni lo ha negado...

-Nunca en mi vida he visto a Montesinos. Yo creo que el creó toda esa idea de que yo era el que armaba los psicosociales. La única vez que supe de él fue en 1995. Me envió un emisario pidiéndome que elabore un plan para destrozar a Pérez de Cuéllar. Me envió inclusive un libreto. Yo tenía que hacer creer que Pérez de Cuéllar era un viejo decrépito, que tenía Alzheimer. Me pareció ofensivo y lo mandé al cuerno. Meses después estalló una bomba acá en mi casa. Ahora estoy seguro que él la puso por venganza, fue terrorismo de Estado.

-Si Alejandro Toledo lo llamara para que lo asesorara en el manejo de su imagen o para que fabricara un psicosocial que haga cambiar la opinión que los peruanos tienen de él...

-Lo siento pero su caso es irreversible. Lo que genética no da, Salamanca no presta.

 


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