Edición Nº 1829


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24 de junio de 2004


Pedalear Para Ver
Maricel Delgado presenta lúdica e instrospectiva instalación.

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`Paseo' estará desde el 25 de junio en el Museo de Arte de la Casona de San Marcos, Av. Nicolás de Piérola 1222, Parque Universitario, Lima.

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MARICEL Delgado tiene esa sensibilidad de alquimista de los fotógrafos antiguos", sentencia Augusto del Valle, curador de `Paseo', exposición que "le saca la vuelta a la Sala de Experimentación, que suele servir para propuestas bastante tecnológicas". Es que la artista, en ese afán que la impulsa a crear que es el querer descubrir los límites de la fotografía, ha ideado un mecanismo con el cual el espectador se sienta en una bicicleta estacionaria y pedalea para ver una sucesión de imágenes fijas. "Lo que me provoca es invitar a la gente a pasear un paseo que yo di", señala Maricel, para quien este proyecto significa la culminación de una búsqueda que se inició, por lo menos, con sus dos últimas exposiciones.

Así, en el primer experimento tomó fotografías panorámicas en 360 grados, desde un mismo eje, que luego adaptó a un pequeño carrousel que el espectador podía hacer girar para apreciar un horizonte en forma de círculo móvil. Un tiempo después se fue a un pequeño pueblito que, por chiquito, ni siquiera tenía mapa. Entonces lo recorrió en bicicleta y luego expuso su versión cartográfica del lugar. No hace falta demasiado análisis para atar cabos y encontrar en estos antecedentes la semilla de `Paseo'.

A Maricel su exposición le sirve de excusa para seguir indagando en lo que realmente le interesa: "descubrir hasta qué punto se puede llamar fotografía a una fotografía". El proyector que ha conseguido para este fin debe ser, dice, de los años 20's, y la vejez del aparato parece darle la razón.

Lo que la artista quiere lograr es "crear movimiento a partir de foto fija". O sea, como ya se dijo, llevar al extremo el trabajo fotográfico. Hacer que parezca cine. Hacer que parezca real. Si a eso se le suma la "musiquita del paseo" que Delgado incluye en la propuesta, más la necesidad de moverse un poco para que el arte aparezca sobre la pared, no hay duda de que esta exposición resultará, si no divertida, al menos curiosa para quienes tengan la respetable idea de darse un paseíto, y visitarla. (Romina Massa)

 
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nLa artista Maricel Delgado recorrió la Costa Verde para conseguir las imágenes y los sonidos que conforman su mecánica propuesta interactiva. 





A la Mesa
Carlos Ostolaza en muestra que nace de la locura y termina en color.

 
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Exposición va desde el 24 en el Restaurante Mare & Monti, Av. Grau 1502, Barranco.

LOS cuadros de Carlos Alberto Ostolaza dejan huella. El pintor, ligado desde joven a la poesía, en los tiempos en que ilustraba los poemas que nacieron de Hora Zero, donde los líridas estaban, dice, "inspirados en la calle", conjuga color y forma con metáforas y significados que nacen de sus inquietudes. En Encuentros, su última muestra, el pintor presenta 12 cuadros en técnica mixta donde el agua es el elemento principal. Es decir, nada de óleos. La temática de su arte se basa en la realidad de su existencia, en Barrios Altos, en la Quinta Heeren, en la Iglesia del Carmen. "Diría que me encuentro en una etapa figurativa, buscando la originalidad", afirma el artista que a veces se esconde del teléfono para pintar tranquilo. "El arte es incierto. Es aventarte de un edificio y no saber cómo vas a caer." Frases como ésta escapan de la boca de este personaje cada tres minutos. Es evidente la tendencia de Ostolaza al pensamiento, a la reflexión. Puede ser que el tiempo lo haya vuelto sabio. Puede ser, también, que se esté volviendo loco. Sus cuadros y sus palabras, sin embargo, lo reflejan aún lleno de vida, de ideas, de cosas por decir. "Pinto cuando me da la locura", confiesa. Es entonces cuando se encierra en uno de sus talleres y no está para nadie. Bueno, quizás solamente para Rosina Valcárcel, poeta y esposa, musa a quien dedica esta exposición. Este pintor, que ha sido también boxeador y futbolista, no duda un segundo cuando dice: "Yo aprendo a dibujar todos los días". Envidiable actitud en un artista de su trayectoria. Bien podrían aprender de él los que están empezando. Mientras tanto, a disfrutar sentados de lo que Ostolaza ha tenido a bien colgar de la pared. (RM)

 



Destierro Final
En Valencia, España, ha muerto Alfredo Torero.

 
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El insigne lingüista peruano pasó sus últimos días en el ostracismo.

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A medianoche del viernes 19 ha muerto en España Alfredo Torero (CARETAS 1826), en injusto exilio motivado por calumnia de un senderista "arrepentido". En homanaje al extinto reproducimos estas líneas autobiográficas extraídas de una ponencia de 1999 realizada en un evento que homenajeaba la obra de J. M. Arguedas en México:

"Siento que en esta preocupación social y política y en esta ansia de saber el Perú coincidimos plenamente José María y yo. Su creciente confianza en mí fue, posiblemente, lo que le movió a consultarme, hacia fines de 1965, acerca de una traducción al castellano que él había venido efectuando para ser publicada por una entidad multidisciplinaria a la que pertenecía -el Instituto de Estudios Peruanos (I.E.P.)- y que daba casi por concluida: la de un voluminoso conjunto de textos quechuas de la provincia de Huarochirí (serranías de Lima), de principios del siglo XVII, que había hecho recopilar a la sazón Francisco de Ávila, un cura empeñado en destruir creencias y lugares de culto indígenas. Yo conocía bien esos textos porque los había estudiado en la edición trilingüe (latino-hispano-quechua) con el manuscrito fotocopiado, que realizó el filólogo italiano Hipólito Galante en 1942; pero me había restringido a traducir y poner en limpio los fragmentos que estimaba más difíciles de interpretar o más característicos de ese dialecto, efectuando personalmente la transcripción paleográfica.

Me ofrecí, entonces, a revisar la traducción de José María, y, al hacerlo, encontré un buen número de fallas, algunas graves, atribuibles en parte a su desconocimiento de formas y símbolos ya desaparecidos y en mucho a una transcripción paleográfica -no debida a él- equivocada y casi caótica. En posición inicial de palabra, por ejemplo, se confundía toda (h), real o parásita, con (s): ((h)ullu) "pene" resultaba (sullu) "aborto". La competencia lingüística del traductor y los sentidos globales, cuando podían ser captados, le habían permitido salvar muchos escollos, y su capacidad poética, lograr bellas formulaciones, pero las trampas eran demasiadas para poder salir suficientemente airoso".

 


 
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Apología de la Fricción
Algunas inocentes preguntas en torno al poeta Joaquín Sabina.

EN días -con sus noches- que todavía no acaban, nuestra desteñida villa ha sido asaltada por la presencia de un cantante que se nos muestra sin miedo al placer, ni a los vicios, ni al adiós. Amado por las musas del coctel, llegó para presentar un libro de sonetos y desató una homogénea alabanza, coros de "sí, sí, sí" y aplausos de mataor. Perfecto. El muchachón y sus agentes -literarios, musicales- se lo han ganado a pulso. Pero, desviando la mirada del whisky, la coca, la novia peruana y la marcha madrileña y llevándola al motivo de su presencia, es decir, "Ciento volando de catorce" (Peisa/Visor, 2003) tengo algunas cosas que compartir.

Marco Aurelio Denegri ha dicho que para sentirnos satisfechos con un libro basta con que consideremos bueno un 10 %. No estoy de acuerdo. ¿Quién se siente satisfecho con 9 buenos minutos de una obra teatral o de una película de una hora y media?, ¿quién con sólo un solo tema de un disco de 10 canciones? Nadie. O muy pocos. Entonces, de qué hablamos cuando hablamos de Joaquín, el poeta. De pocos segundos de disfrute y de varios minutos de nada. Por eso la duda nos ilumina y empezamos a sospechar que "eso" no es lo que parece, ni lo que nos decían que era. Un buen método para el discernimiento o para tomar las cosas en su real dimensión es el de la fricción. Entre lo visto, escuchado, leído -sea cualquiera el género en cuestión- y aquellos autores que respetamos. Así, las necesarias preguntas podrían estar guiadas por esas palabras que nos definen ante los desconocidos: tiempo, muerte y procedencia.

Pregúntese usted, hipócrita lector: ¿Catulo, Milton o Sabina?, ¿Quevedo, Cernuda o Sabina?, ¿Darío, Neruda o Sabina?, ¿Pessoa, Brodsky o Sabina?, ¿Kavafis, Penna o Sabina?, ¿Vallejo, "Luchito Hernández" o Sabina?, ¿Pinglo, Lou Reed o Sabina?

Como sin duda se desprende de sus respuestas, esto no es más que una apología. Si se ha dejado distraer y aún no ha tenido la deliciosa oportunidad de tomar el libro, abrirlo y leerlo, hágalo. Si lo disfruta emocional o intelectualmente, es suficiente. Pero si duda, friccione. No se arrepentirá. (J.C. Méndez)


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