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MAL MENOR
10 de junio de 2004

Por JAIME BEDOYA
Encuentros con Hombres Notables
3.2 Raúl Montesinos, creador de la Bandera del Tawantinsuyo.

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Octubre, 1973. Primer izamiento. Montesinos estuvo con el alcalde Jesús Lámbarry. n

LLEGARÁ el día de la Primera Guerra Mundial Gay. Un bosque de banderas del arco iris ensombrecerá el mundo, mientras centenares de miles de amanerados, trascendiendo el pañuelazo, se alzan en rebelión. Envalentonados por la instauración mundial del matrimonio del mismo sexo, surgirán en pos de una lógica reclamación dentro de su legítimo derecho a la normal infelicidad de las mayorías: el divorcio gay.

Una desconcertada humanidad discutirá a viva voz acerca de la correcta manera y el adecuado conducto de encontrar la plenitud vital. Los metrosexuales observarán una estratégica neutralidad. Los heterogays formarán ambiguas alianzas. Y como en toda guerra, habrá víctimas inocentes atrapadas en medio del fuego cruzado y las miradas matadoras. Una airada y confundida ofuscación recorrería el Cusco al verse involuntariamente comprometido en un derramamiento de sangre, además de absurdo, poco viril. Su pueblo, fuente creadora del primigenio pabellón del arco iris tawantinsuyano víctima de descarado plagio, sería equívocamente declarado beligerante por la Confederación Homofóbica.

Dios quiera que esto jamás suceda. Pero de llegar el día, es justo y necesario rendir tributo a don Raúl Montesinos Espejo, primer y único creador de la bandera multicolor del Incanato, policromía fruto de una apasionada veneración por la simbiosis entre naturaleza y cusqueñismo y no alegoría cromática de la atribulada pasión por el par.

En el café Internet Trotamundos de la Plaza de Armas del Cusco, Luis Nieto, escritor cusqueño, atendía con benevolencia el interés de un capitalino del porqué de la bandera del Tawantinsuyo. Su paciencia pronto tornose en honestidad: el tema le parecía bizantino.

La cuestión central, de la cual la bandera era solo parte de su caudal lírico, era el del cusqueñismo. Entiéndase por éste la honorable y muy humana exaltación de los valores milenarios de la eterna capital incaica. Su honestidad brutal a veces la había teñido de rasgos propios de pasatismo, etnocentrismo y xenofobia, peculiaridades telúricas que la hacen aún más difícil de entender por la siempre acomodaticia veleidad limeña, liviana e hipócrita como su garúa.

Nieto, con un pisco con té a medio beber, tenía precavidamente a la mano una fotocopia con su acuciosa investigación1 sobre el tema, en el cual había detectado hasta tres etapas: a) La polémica entre Luis E. Valcárcel y Uriel García, el primero despotricando de lo criollo2, el segundo conciliando la mixtura3. b) La instauración del Día del Cusco en 1944. Su creador, Humberto Vidal Unda, consideraba que la efeméride sería análoga a "la Semana Santa de Sevilla, el Carnaval de Venecia, la Feria de Leipzig"4. c) La gestión cusqueñista del alcalde Daniel Estrada, representada por su gigantismo monumental honrando a Pachacútec, Alejandro Magno andino y renovador del Imperio.

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n Los Hermanos Ayar de fondo, su bandera por delante. Montesinos en Osqollo, junio 2003.

El cusqueñismo, a su vez, está emparentado con otras corrientes como el serranismo, el andinismo, el indigenismo, y el incanismo, todas tributarias de la grandiosidad de un pasado histórico merecedor de un mejor presente, por no mencionar el incierto futuro. Esta confluencia de sentimientos de orgullo hacia la matriz andina, origen que niegan las elites capitalinas que aún se refieren a la madre patria con acomplejada nostalgia, había producido creaciones miles. Una de ellas era la bandera del Tawantinsuyo. Respetando tanto la localía como la inteligencia del interlocutor no resultaba prudente apelar al tremendismo de qué pasaría con ese estandarte dentro de la hipótesis de la guerra gay. Además el último sorbo de su té con pisco anunciaba que la conversación estaba por expirar. Preguntar por la significación del arco iris es lo más pertinente. -El arco iris, kuichi, es sagrado. Puede indicar un tesoro. Pero si lo señalas, o le muestras los dientes, te hace enfermar.

Afuera el frío no era problema. Pero la concurrencia de juerguerismo y degradación comercial que asolaba la majestad del Cusco un viernes por la noche sugería que alguien había estado señalando el arco iris con malevolencia.

Raúl Montesinos Espejo, natural de Canchis y criado en Cochabamba, dejó Bolivia para cumplir el sueño de abrir una radio en su Cusco natal. Radio Rural era el nombre, 1948 el año. En época en que el rock and roll de posguerra empezaba a alborotar las hormonas juveniles, el cusqueñismo de Montesinos lo hizo navegar a contracorriente, haciéndolo apostar por una programación vernacular matizada por todo aquello que remitiera al campo. La osadía le valió a la estación el sardónico sobrenombre de Radio Chichería por aquellos ignorantes de lo que significa ser visionario. A los pocos años de salir al aire rural era un denominativo que le quedaba chico. Su nuevo nombre sería Radio Tawantinsuyo.

Los transistores evolucionados de los años 50 permitieron hacer portátil el disfrute folclórico. A la par, la radio se convirtió en vehículo de mensajes personales que llegaban a aquellos lugares donde ninguna otra comunicación asomaba, estableciendo Radio Tawantinsuyo legendarios servicios de mensajes personales. Es más, hubo denuncias envidiosas que acusaban a la radio de competencia desleal frente a los servicios de correos y telégrafos. Felizmente no prosperaron, y los mensajes continuaron. Los dos más celebrados fueron aquellos por cumpleaños, o los del Día de la Madre, graciosamente gratuitos cada segundo domingo de mayo desde las seis a.m.

Esto propició que el campesino que compraba su receptor pedía le soldasen el dial en Radio Tawantinsuyo. Una copiosa mitología refiere de más de un finado que como última voluntad pidió ser enterrado junto con su radio, debidamente sintonizada en la estación de sus amores, y con pilas frescas con que enfrentar la eternidad.

Llegados los 25 años de Radio Tawantinsuyo, 1978, el cusqueñismo que en Montesinos fluía a borbotones le hizo entender que algo le faltaba al legado inca para coronar la celebración. Una bandera. A diferencia de San Martín, no soñó nada. Ningún cronista hablaba explícitamente de la existencia de un pabellón, aunque tampoco ninguno negaba en principio su posibilidad. Aferrado a esta paradoja, Montesinos interpretó lo que pudo haber sido la bandera del Tawantinsuyo, tomando como referente un espectáculo majestuoso con que la naturaleza manifestaba su supremacía: el arco iris.

Cervesur, entonces empresa originaria de la proverbialmente robusta cerveza cusqueña colaboró con 500 soles a través de su gerente Leoncio Arteaga. Se confeccionó una bandera gigante de 14 por 8 metros que se trasladó en procesión desde la sexta cuadra de la calle El Sol, local de Radio Tawantinsuyo, hasta la Plaza de Armas, donde fuera izada en medio de la algarabía popular. Flameando los siete colores sobre un cielo perfectamente cyan, se supo que siempre debió haber existido.

En 2003, un año antes de morir, Raúl Montesinos recibió a dos interesados en la no del todo reconocida génesis de la bandera multicolor. La cita fue en su majestuosa casa coronando el cerro Osqollo, vigía natural de la ciudad puma. Montesinos, ya anciano y debilitado por la enfermedad, había hecho de su casa un santuario de cusqueñismo. Una réplica de la portada Tiahuanaco daba la bienvenida al visitante. Brotes de agua naturales gobernaban la arquitectura humana. Al interior de la casa sendos murales representaban la leyenda de los hermanos Ayar, fundadores del Cusco, ahí donde otros hubieran puesto un espejo. Miniaturas de las principales ruinas arqueológicas habían sido talladas sobre un roquedal que invadía la sala. Y un cuadro de la Ultima Cena Andina mostraba a Jesús degustando cuy y choclo con sus apóstoles.

Montesinos ya casi no hablaba, lo hacía su hija. No entendían bien lo de la "coincidencia"5 con la bandera gay ("¿por qué habrán hecho eso esos señores?"), jamás habiendo registrado los derechos respecto a su autoría. Habían renunciado, o simplemente nunca se les ocurrió pensar en la compensación material producto de jugosas regalías provenientes tanto del turismo como de la opción sexual alternativa. Es más, poco les interesaba seguir hablando del tema, sino seguir mostrando todos los tesoros de cusqueñismo químicamente puro que albergaba su casa. Tal como la bandera, cada uno de ellos era una desinteresada manifestación del amor a su tierra. Aplicación práctica de una inadvertida filosofía quechua: compartir no solo lo que se tiene, sino lo que se es.

Un iluminador licor de saúco que sembraría el pánico en la novelera gastronomía limeña, antecedió la exhibición del último añadido a la casa. Se trataba de una réplica del último de los puentes colgantes incaicos, el puente de ichu de Keswachaka que se levanta sobre el río Apurímac, el Dios que habla. Montesinos, asistido para caminar, decidió demostrar sin palabras la resistencia de su obra, encaminándose temerariamente sobre un puente que el viento balanceaba sobre una caída de ochocientos metros.

Desde las alturas del Osqollo podían verse estandartes del arco iris ondeando por doquier en la ciudad, tal como en esos momentos lo hacía su bandera del Tawantinsuyo, al lado del Pabellón Nacional, sobre Palacio de Gobierno en Lima. Montesinos, maltrecho por la enfermedad, llegaba a la mitad del oscilante puente y daba la vuelta tratando de no perder el equilibrio, en un alarde por demostrar que ni él ni el puente caerían. El viento se detuvo cuando el creador de la bandera del Tawantinsuyo sonrió triunfante. El cielo era limpísimo.

__________
1 Luis Nieto Degregori, "Tres Momentos en la evolución del Cusqueñismo", Márgenes 13/14, 1995.

2 " Rieguen nuestro huerto espiritual las tonificantes linfas andinas, no las aguas pútridas de la moribunda civilización europea¨, De la Vida Inkaika, Lima 1925.

3 (preinca, inca, colonial, republicano) "son las cuatro levaduras en que se forjó el alma de la sierra, acero de cuatro temples", El nuevo indio, 1930.

4 Humberto Vidal Unda, "Lo que Significa la Semana del Cusco", Revista de la Semana del Cusco, 1946.

5 Las comillas son nuestras. La "bandera gay" fue "creada" en San Francisco por Gilbert Baker en 1978 ¡cinco años después que la bandera del Tawantinsuyo! Una hipótesis de esta "casualidad" estriba en que si bien inicialmente tenía un color más, el rosa, al estar este color descontinuado de fábrica, se utilizaron los excedentes de una producción de banderas del arco iris encargada por la "International Order of Rainbows for Girls" (asociación juvenil vinculada a la masonería) para suplir una marcha gay. La otra hipótesis es que entre 1973 y 1977 el susodicho sr. Baker visitó Cusco, vio la bandera, dijo qué regio y se la copió.

 

 

 

 


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