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ARTICULO

15 de abril de 2004

Las Cuentas del Cuento
Más de dos metros de altura y 110 kilos de peso: rotundas medidas de convocatoria al Concurso El Cuento de las Dos Mil Palabras en su vigésimoprimera edición.

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Menudo rival para el jurado: 2 mts y 10 cmts de alto y 110 kg. de peso.

 

Vencido el plazo, los cuentos enviados a la redacción de Caretas desde los 5 continentes irán a manos del jurado conformado por Rodolfo Hinostroza, Alberto Isola, Fernando Iwasaki, María del Carmen Ghezzi, Andrés González y Jaime Bedoya, quienes emitirán el resultado en un mes. Para amenizar la espera, conspicuos ganadores escriben sobre el oficio y la técnica del relato corto.

EDGARDO RIVERA MARTINEZ
Primer premio 1982

Escribí "Ángel de Ocongate" con anterioridad al concurso de "Caretas", inducido por motivaciones personales, pero también por el recuerdo y la imagen de los ángeles de la pintura colonial. Leí la convocatoria y pensé que podía presentar mi relato, pero tardé en decidirme. Y es que el Jurado estaba compuesto por personas a las que yo conocía, como Antonio Cornejo Polar, y en menor grado Mario Vargas Llosa y Blanca Varela. Finalmente me dije que el riesgo valía la pena, y que sería interesante, por no decir paradójico, que ese ángel solitario y enigmático corriera la aventura de mostrarse a la luz pública. Y con él yo, inclinado por temperamento a un perfil discreto. No estaba seguro del éxito, por cierto, entre otras razones porque sabía bien cuáles eran los gustos predominantes, pero me decidí, pues, y allá fue mi cuento. Y cuando supe los resultados, no me quedó sino someterme con filosofía a la luz pública, preguntándome sí, más de una vez, qué habría pensado al respecto mi melancólico personaje.

 
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E. Rivera Martínez ha sido recientemente condecorado con la Medalla de Oro por el INC. J. B. Adolph, asiduo concursante y ganador de diversas menciones, acaba de publicar "Un ejército de locos".

JOSÉ B. ADOLPH
Primer premio 1983

No recuerdo qué escritor, preguntado acerca de cómo escribía sus relatos, respondió "poniendo una palabra después de otra". No quiero ser tan descortés. Pero tendré que ser igualmente ambiguo: depende del relato.

Hay cuentos que se hacen de un tirón. Se escriben solos. Otros requieren de investigación, laboriosas formulaciones, intrincados flashbacks, conmovedoras emociones o ligero humorismo. Las novelas no se escriben ni de uno ni de diez tirones: es física y mentalmente imposible. Lo demás sí es válido.

Tampoco voy a competir con los talleres de escritura que, si bien no suministran creatividad, advierten contra la inundación de adjetivos (aunque el genio Lovecraft, por ejemplo, no hacía sino nadar en adjetivos) y recomiendan degollar a los adverbios, posiblemente a todos. También se recomienda rehuir el punto y coma (;) y poner las comas donde, en voz alta, conviene respirar.

Con aproximadamente cien cuentos publicados (en libros, publicaciones periódicas e internet) puedo contarte lo siguiente: hay, claro, el cuento "knock-out" (Cortázar dixit), pero también los hay de atmósfera, de naturaleza muerta, de remembranza, de callejón de salida incierta.

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Guillermo Niño de Guzmán pronto publicará un nuevo libro de relatos.

 

Y algo que me parece básico: no basta que a ti te parezca interesante y hasta importante una historia. Si no quieres escribir sólo para un cajón del escritorio o para la familia, pregúntate si esa historia -y tu manera de contarla- va a interesar e importar a otros. Si lo crees así, pregúntate ¿por qué?

Aunque a ti la historia, el suceso o los personajes te desgarren el alma o te hagan reír a carcajadas, acuérdate de que a tu eventual lector el contenido de tu texto le puede importar un pepino (ojo, escritores adolescentes con o sin acné y poco o mucho consumo de drogas, muerte y sexo). Poe escribió que en literatura no hay nada más conmovedor que la muerte de una mujer joven y bella. Yo me he aprovechado de esta gracia de Poe más de una vez y, en general, me he dedicado activamente a matar mujeres. Aprende trucos como ese: son rentables. ¿Qué dijo? ¿Trucos?, pregunta el lector(a) acostumbrado a la visión romántica (típica de países donde se lee muy poco) del escritor. ¡Qué decepción!, añade. ¿Ya se olvidó ese lector de la definición, que los románticos aceptan, del escritor como mentiroso? Yo, cuando escribo, miento a cada rato y uso trucos para despertar y mantener el interés. Todos lo hacemos. ¿Qué es la consabida técnica sino un conjunto de trucos? Por lo demás y en consecuencia, no hagas caso a nada de lo dicho aquí. Si no eres creativo, de nada te va a servir.

GUILLERMO NIÑO DE GUZMAN
Primer Premio 1985.

El certamen de CARETAS es todo un reto. Así lo entendí yo cuando participé en él, pues, a diferencia de lo que podría creerse, escribir un cuento breve es más complicado que redondear uno largo. El cuento breve puede ser tan exigente como un poema, en la medida en que cada palabra debe ser puesta con sumo cuidado. Una palabra de más -incluso una coma o un punto mal colocados- puede traer abajo una historia. Y, claro, la dificultad aumenta si hay un límite de palabras. En todo caso, el problema estriba en cómo concentrar una historia en tan pocas páginas, en cómo proyectar la imagen de todo un edificio con la construcción de una sola habitación. En cuentos así, cada palabra debe ser capaz de valer por diez.


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