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25 de marzo de 2004
Por AUGUSTO ELMORE

ME extraña que un congresista -de izquierda, claro-, afirme en tono peyorativo que el ministro Pedro Pablo Kuczynski es "querendón con el capital foráneo". Pienso que más bien habría que acusarlo si no fuese así, porque por lo general carecemos del necesario capital. Foráneo o nacional, qué más da, los necesitamos a ambos.

"Ferrero dio un discurso de plaza" dijo recientemente El Rey de los discursos de plazuela.

Me entero con tristeza que se ha ido monseñor Ricardo Durand Flórez. Su palabra y su presencia, agudas y decidoras, nos harán falta en el Perú. Casi nunca la Iglesia estuvo mejor representada ante el pueblo. Con sus errores quizá, monseñor estaba siempre presente cuando se lo solicitaba. Su verbo pertinaz en un medio de gente apocada como la nuestra se escuchaba claro y fuerte, como a uno le gusta escuchar las cosas. Las caricaturas a las que a veces se prestaba su personalidad exuberante decían muchas veces la verdad tal cual era. ¡Para qué se habrá ido, por Dios! Para hacer el bien en qué parte, cuando aquí tanta falta nos hacía siempre.

No extraño en cambio la ausencia de Sofocleto, que fue mi amigo. Lo mejor de su humorismo fue sin embargo venderle a la mayoría parlamentaria aprista una Historia del Parlamento (nunca entregada). ¡Genial! Ese, claro, fue su compromiso aparente. El verdadero fue dedicarse a demoler al parlamentario Héctor Cornejo Chávez, compromiso que cumplió, hay que reconocerlo, a cabalidad.

No es por nada, pero sospecho que los problemas que enfrenta desde hace un tiempo el C.N.I. (Consejo Nacional de Inteligencia), se deben esencialmente a su nombre porque, para ser realistas, debería haber sido bautizado, ya que estamos en el Perú: CND, o sea Consejo Nacional de Desinteligencia. Mucho más apropiado ¿no les parece?

A ese respecto, leo hoy lunes en los diarios de Lima que se dice que el almirante Arboccó, recién nombrado jefe del CNI (o CND), ha tenido que ver algo con el gobierno de Fujimori. Para mala suerte del almirante el diario La Razón se ocupa de elogiarlo, lo que casi constituye una acusación. Si seguimos así, para cualquier puesto importante en el futuro habrá que nombrar a alguien que haya nacido después del 2000, o sea que no haya sido contagiado por la corrupción.

Nunca me he subido a una moto -como aquella en la que Enrique Zileri se fue de España a Suecia hace un montonazo de años- pero caminando por Madrid me encuentro a cada rato con algunas de las más modernas estacionadas delante de los mejores restaurantes, motos que más parecen automóviles de lujo de dos ruedas, dignas de Tom Cruise en esa película de la que gracias a Dios no me acuerdo. Y yo también mirándolas -y admirándolas- he soñado irme a Suecia en una de ellas. Un poco demasiado tarde para mí, pero soñar no cuesta nada al fin de cuentas. El pasaje es gratis. ¡Vamos!

El congresista Mufarech tiene suerte: es imposible difamarlo, porque todo lo que se diga de él es cierto.

Ahora que estoy solo en Madrid compruebo que la soledad es también buena compañía. Nunca como la del ser querido, pero buena al fin de cuentas.

No sé en qué época estamos (soy negado para conocer la fecha en que cambian las estaciones), pero un día resplandeciente como éste me convence sin leer el calendario que Madrid está ya en primavera. Los árboles sin embargo siguen sin hojas. Será, pienso, una primavera subrepticia.

No tengo la facultad, pero mucho me gustaría proponer al Congreso de la República que reduzca el término de su mandato como congresista al señor Mauricio Mulder, que desde hace tiempo no se dedica sino a perturbar la política peruana para servir, cree él, los intereses de su partido. Su declaración de que si Toledo no sale de la presidencia "tarde o temprano la gente pasará de la opinión a la acción" es franca y descaradamente subversiva y golpista.

El ejemplo contundente lo ha dado el veterano líder aprista Armando Villanueva, quien ha puesto en su sitio, como correspondía, a Mulder. Un líder aprista de verdad como Villanueva era imposible que estuviera de acuerdo con las ideas y pretensiones de estos nuevos aventureros de la política que han aparecido en el partido de Haya de la Torre.

Lo que me parece el colmo es que el señor Carlos Franco, sempiterno gurú velasquista, se suba al carro y diga que la propuesta de adelantar las elecciones "no debe asustar a nadie". ¡¿Pero qué sabrá un velasquista de elecciones?! De golpes de estado quizá, pero no mucho más.

 


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