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19 de febrero de 2004

Después del Susto, ¿Viene el Gusto?

NI el gabinete remozado ni los auspiciosos comentarios de los oficialistas, ni la relativa esperanza que muchos medios han querido insuflarle a la ciudadanía, han sido suficientes para "calmar las dudas que tormentos acrecen" sobre la presente situación política.

La cuestión principal del estofado independiente presidido por Carlos Ferrero es si el Presidente Alejandro Toledo los dejará trabajar a estos ministros o repetirá ese ambiguo juego, en virtud del cual dejaba sin piso a sus ministros cuando le venía en gana, y en especial a los presidentes del Consejo de Ministros. El les ha pedido ahora: "administren que yo apoyo", dejando establecido que sigue siendo el rey, al borde de ser defenestrado pero rey al fin y al cabo. Lo de "administren" tampoco es muy alentador, puesto que de secretarios los pasa a la condición de administrativos, meros jefes de planillas.

Lo que hasta aquí ha habido es un protocolo de conveniencias que, por desgracia, el Presidente Toledo y su principal adú, Fernando Olivera, interpretan como un triunfo personal y de la democracia sobre la mafia desestabilizadora. "El mundo nos ha apoyado, lo mejor de la sociedad peruana, los inversionistas y los politólogos", es posiblemente uno de los gozosos y equívocos balances de los oficialistas después de la juramentación del parchado gabinete.

Como casi todas las fuerzas políticas, sociales y económicas han convenido en que nada sería peor que quebrar el curso democrático, no obstante haber recorrido casi toda la gama de la imprudencia política. La política local no soporta ya su figura y no quiere que nada pase por sus manos, cosa que jurídica y constitucionalmente es imposible, pero políticamente ese es el pedido y la consigna venidera de todos los movimientos regionales y sociales.

Por otra parte, como quiera que a las fuerzas políticas no les conviene que las aguas se desarreglen hasta el punto de traerse abajo los posibles logros económicos del 2004, base de sustentación del ya no tan lejano 2006, dejarán pasar unos meses (no más de doce en el mejor de los casos) para que se asiente el equipo de administradores, se aquieten las aguas y no haya muchos daños en el curso económico y financiero.

Eso no significa mucho, llámesele tregua, "hueveo" o perdonavidas.

Porque la campaña política electoral, que ya ha empezado, tiene en la postración del toledo-oliverismo su mejor carta. Continuarán las investigaciones sobre la corrupción en la actual administración, las revelaciones de audios y videos se multiplicarán (se trata, por lo demás, de la mejor industria de entretenimiento que el criollismo local ha producido), y la marcha de los reclamos, las presiones salariales, el toma y daca de marea indignada y gobierno vacilante.

Han empezado las insinuaciones acerca de que el "punto de quiebre" consistirá en poner orden, disciplina y firmeza, puesto que el gobierno trabaja, la ambición descansa y el pobre, en principio, no debería impacientarse. Ojalá no se pronuncie esta tendencia, puesto que la tentación de la mano fuerte suele acompañar a la triste condición de debilidad de un régimen. En la coyuntura, huelgas, marchas, paros preventivos han seguido siendo muchos, pero no ha habido desórdenes mayúsculos y todo parece indicar que tampoco habrá desmanes en el congreso cocalero. La lucha social va por otro camino y supone, como se le ha dicho al gobierno hasta el cansancio, una readecuación de la inversión y el gasto públicos que permita mejores condiciones para policía, educación y salud, y pronta habilitación del empleo vía inversión en infraestructura. Ese es el programa pequeño de PPK, base también del acuerdo nacional y del entendimiento con los partidos políticos de oposición.

No hay que engañarse. En el corto plazo no se ha satisfecho un número adecuado de condiciones políticas para que el régimen sea mínimamente fiable y no hay quién esté pensando en la reorientación general del sistema, que es lo que la hondura de la crisis presente viene reclamando y que tiene que tomar forma vía una nueva constitución y una revisión del modelo económico social en curso. Corto y largo plazo, es decir, brindarle gafas y catalejo a un Presidente aquejado de miopía.

 

 


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