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19 de febrero de 2004

Por LORENA TUDELA LOVEDAY

La Macro Está Reeeegia

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PUCHA, hija, qué injusto sería, te lo juro, que se tiren abajo a Pachi, si el pobre cholo ya pasó dos años, ¿no te parece? Además, o sea, déjame decirte que en la macro economía estamos regios, al menos es la impresión que me llevé después de haber conversado horrores con Jean Yves de Lavergot, el súper General Manager de Tractebel, hija, la corporación belga que se acaba de comprar Yuncán y regio, porque como todo el mundo andaba detrás de Popy a ver si por fin soltaban el video en el que se jala hasta las líneas de Nasca, pucha, la privatización pasó papayita, esas son las ventajas de vivir en sociedades mediáticas, qué quieres que te diga.

La cena para de Lavergot fue donde Maritú Tudela, que como su mamá es belga, pucha, ella jura que desciende del rey Leopoldo, pobre. Éramos veinticuatro sentados a la mesa y la verdad que todo estuvo regio, porque Maritú es de lo más aprendida, tú sabes. A mí me pusieron al lado del invitado principal porque mi francés era el mejor de la noche y por supuesto -periodista al fin- o sea, lo primero que le pregunté fue por el ruido político, o sea, a ver si en su opinión afectaba la percepción de seguridad jurídica para venir a hacer inversiones. Hija, ¿sabes lo que me contestó?: "¿Ruido político? Ah, era eso lo que no me dejó dormir anoche, y yo que pensaba que eran las alarmas de los coches, porque ya en Bélgica me habían advertido de que como en el Perú no existe aún la telefonía, la gente se comunica de dos maneras: con tamtam y usando las alarmas de los coches, qué creatividad la de los pobres".

Bueno, la dejé pasar pero cuando el paparulo del belga estaba a punto de meterse a la boca un pedazo de crepe de pato con ciruelas, le solté la segunda: "¿Qué opinión tienen en la corporación sobre la situación política de mi país, ah?" Hija, en ese momento Inés Temple le mandaba al viejo una caída de ojos que más parecía la del telón del Teatro Municipal, de modo que recibí una respuesta un poco desaprensiva, o por lo menos es como quiero entender las cosas para no aterrarme pensando que mi pobre Yuncán ha caído en manos de unos irresponsables. "En mi opinión, le pasaría el dedo gordo por el ombligo..." Hmmmm, dejé correr un rato para que al hombre se le bajara el soufflé y me mandé con la tercera: "¿Sabía usted que nuestra Primera Dama es belga?"

Hija, ahí sí que el paparulo dejó de mirarle la tetamenta a Inés y puso los ojos como huevos duros: "¿Segura?, ¿cómo se llama?". Hija, le di no solamente el nombre sino una descripción pormenorizada de la interfecta. Pucha, se quedó un rato pensando y repitiendo en voz baja el apellido de la Carrot y saltó, "¡Ah!, ya lo recuerdo. Yo tuve a una secretaria así en la oficina central, con ese apellido y esa cabellera roja como una cometa china, ya lo recuerdo. No sé si sea la misma, ojalá que no. La de allá para comenzar tenía un genio de gato eléctrico (chat electrique, dijo) y además le encantaba meterse con los obreros de países inexistentes para fortalecerles sus identidades de indígenas, como ella misma decía. Yo no la despedí porque le tomé cariño, era loca pero tenía su inteligencia y después ella solita se fue. Una vez, años después, yo estaba en Harvard en una cena académica y me la encontré. Llevaba un objeto vernacular a su costado que yo pensé que lo había comprado en una feria étnica que había en uno de los campus, pero me lo presentó como su esposo. Ahí me di cuenta de que en la vida puede pasar cualquier cosa, madame. Intenté conversar con él pero hablaba en una lengua incomprensible, con una sonoridad mágica más o menos así, o vonodo porquo yo quioro sor prosodonto dol Poró, más o menos".

Bueno, nada que añadir, la comida salió regia; de Lavergot aprendió de mí horrores esa noche, como que somos una república desde 1821 y que tenemos a pesar de todo presidente constitucional y first lady europea y que sí hay telefonía en el Perú. Pucha, el país me debe tanto...

Pero bueno, no voy a dejar de comentarte, aunque sea de pasadita, que PPK está atroz con su vuelta al MEF. Como al hombre le ha venido el servicio a la patria, pucha, siente que tiene que trabajar, hija, y como tú sabes, ese no es su fuerte. Ya me llamará, ya me llamará. Y para terminar, ¿qué te pareció que Alan dijera que Pachi lo hueveaba? Bueno, Alan, si huevear es un verbo que está en el diccionario, o sea, concha y madre también están, por siaca, ¿ya? Chau, chau. (Rafo León)

 


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