Edición Nº 1810

 

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Llactapata:
Centro Incaico

El Misterio de la Poesía
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ARTICULO

12 de febrero de 2004
Paginas 96 y 97 de la edición impresa.


La expedición contó con un nutrido grupo de especialistas, además de los exploradores. Arriba, Hugh Thomson lidera el grupo de inspección. Abajo, entrada al Templo Observatorio de Llactapata, aún cubierta por la maleza. Der; Explorador incansable, Mr. Asheshov. Al lado; Unos 32 km. al este, detrás de Machu Picchu, está el gran nevado Verónica, al cual los antiguos Incas bautizaron "Lágrimas de Oro", en quechua. Abajo: Al pasar por Ollanta y Chilca en el tren rumbo a Machu Picchu pueden verse otros nevados. El lugar escondería tesoros aún no descubiertos.

Llactapata
Expedición anglo-peruana descubre centro incaico a cuatro horas de Machu Picchu: el lugar que los incas eligieron para contemplar su grandeza.

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Sobre estas líneas, una impresionante vista del Santuario de Llactapata. Los Caminos del Inca lo recorren con amplitud. A la izquierda, Amy Finger, exploradora, descansa luego de limpieza de las ruinas.

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Escribe NICHOLAS ASHESHOV
Fotos GARY ZIEGLER

ENCONTRAR una ciudad perdida no resulta sencillo aunque uno ya sepa dónde está. Una docena de nosotros había pasado dos días sorteando el bosque de nubes en lo que sabíamos debía ser Llactapata. Por entre la espesa neblina podíamos divisar Machu Picchu, a tres kilómetros de distancia en línea recta, unos 400 metros cuesta abajo.

Teníamos todos esos instrumentos de ubicación satelital (GPS), cuyo margen de error es de sólo unos metros. Ya habíamos encontrado algunas prometedoras paredes incaicas con restos de nichos ceremoniales. Varios grupos de exploración habían recorrido la zona en todas direcciones y habían encontrado pequeños indicios, incluyendo una construcción con dos almacenes que parecía ser un templo. Fue entonces cuando un miembro del equipo halló en medio de la maleza una entrada con doble jamba para el marco, signo inequívoco de toda construcción incaica de importancia.

En un par de días más descubrimos docenas de construcciones incaicas de mayor complejidad, ocultas durante 500 años entre la espesura. En ese momento, estuvimos seguros de haber encontrado una ciudadela impresionante. También de que éste era el lugar que Hiram Bingham denominó Llactapata. Bingham pasó unas miserables horas aquí en 1912, peleando con sus muleros y dibujando la ubicación de algunas estructuras. Pero sus estimados hechos a compás, como ahora sabemos, resultan inexactos.

Sin embargo, nuestras propias mediciones arrojaban con rapidez la imagen de un pueblo con varios sectores bien definidos, incluidas residencias para la clase alta, cámaras ceremoniales y plataformas, todas ellas con vistas espectaculares hacia Machu Picchu y hacia distintos nevados aledaños. Quizá lo más emocionante era que muchas de las paredes principales y los corredores tenían una inclinación de 65 grados. Esto es, por supuesto, en dirección este-norte-este, y coincide con la alineación precisa de la aparición del Sol durante el s. XVI en el solsticio de invierno, 21 de junio, tomando como referencia a Machu Picchu y Llactapata. Pero no se requería de un astrofísico -aunque teníamos uno en el equipo- para decirnos que Llactapata era un lugar muy especial.

Está ubicada en una pequeña cadena de barrancos, cerca a la cima de una cuesta empinada que se alza más arriba que el mismo Machu Picchu. La mayoría de las fotos que estamos acostumbrados a ver de Machu Picchu están tomadas del otro lado, el lado norte. Muy poca gente en tiempos modernos ha visto Machu Picchu desde el otro lado, desde Llactapata, donde se le aprecia por encima desde el suroeste. Por ejemplo, el Huayna Picchu, el montículo que domina Machu Picchu en la mayoría de fotografías, es casi insignificante visto desde el nuevo ángulo que brinda Llactapata. Podíamos divisar a los turistas en el Intihuatana y en el Huayna Picchu. Pero ocultos en la jungla, como estábamos, no cabía la menor posibilidad de que alguien pudiese vernos. Nuestra conclusión fue que éste era el lugar que los propios incas eligieron para observar Machu Picchu.

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Distribución del Santuario, en mapa levantado por la expedición Thomson-Ziegler.

Llactapata es un hermoso lugar desde el cual se puede contemplar uno de los más grandes dramas de los Andes y reflexionar acerca de lo poco que conocemos del complejo mundo intelectual de los antiguos peruanos. Nuestras mediciones dibujaban un centro hermoso y nuevo en su totalidad, capaz de ampliar nuestros puntos de vista y nuestra comprensión acerca de Machu Picchu y de los incas mismos. Llactapata también le añade un peso extra a uno de los argumentos que se tejen en torno a Machu Picchu. Un grupo dice que Machu Picchu fue un centro ceremonial, sagrado. Otro, que sólo se trataba de la residencia campestre del inca Pachacútec semejante al Camp David estadounidense, en palabras de Richard Burger, el especialista en cultura inca de la Universidad de Yale.

Johan Reinhard, quien descubrió a las "damas de hielo" en las cimas de los nevados cerca de Arequipa y en otras zonas de los Andes, afirma que Machu Picchu estuvo ubicada, diseñada y dispuesta como un "centro sagrado", en el cual se daba la convergencia única de características geográficas, montañas sagradas y un río, el Urubamba. Todos estos elementos le proporcionaron a la ciudadela alineaciones astronómicas y cardinales. Llactapata muy bien podría interpretarse como un satélite cercano de Machu Picchu, puesto que la alineación de todas las paredes principales parece coincidir con un propósito tanto ceremonial como astronómico.

Machu Picchu fue con certeza una mixtura de lo sagrado y de lo práctico, aunque los mismos incas con seguridad nunca hicieron una distinción entre ambos conceptos. Por ejemplo, resulta evidente que Llactapata pudo ser un importante punto de conexión en la red de caminos que se extendía desde Cusco hasta Vitcos, en lo profundo del Vilcabamba, pasando por el Salcantay rumbo a Choquequirao en el Apurímac.

Hallamos los remanentes de un camino incaico que se conecta con la ruta del "puente levadizo", al oeste de Machu Picchu. Llactapata refuerza la idea de que Machu Picchu fue el corazón espiritual y administrativo de una red de caminos, pueblos pequeños y comercio controlados por el gobierno. No se trata, como somos proclives a pensar, de un Shangri-La perdido en las nubes al final de un sinuoso camino en las montañas. O como ocurre hoy en día, al final de una pequeña línea ferroviaria.

 


La Ciudad Vecina
Expertos concuerdan en la importancia científica de Llactapata

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Para Luis Guillermo Lumbreras, del INC, el descubrimiento de Llactapata pone de relieve la importancia de Machu Picchu. Derecha, Johan Reinhard, arqueólogo y descubridor de la "momia Juanita".

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A inicios de noviembre pasado, la Royal Geographical Society informó en Londres que una de sus expediciones había descubierto importantes ruinas incaicas, ocultas en el bosque de nubes cercano a Machu Picchu.

La expedición, dirigida por el explorador y escritor británico Hugh Thomson y el arqueólogo estadounidense Gary Ziegler, contó con el apoyo y aprobación de la RGS y el Explorers Club of America. Participaron el famoso astrofísico McKim Malville de la Universidad de Colorado y el veterano explorador inglés Nicholas Asheshov, de la Universidad de Cambridge. El nuevo Llactapata -que no debe confundirse con otro Llactapata a unos 30 km. de distancia, cerca del inicio de los Caminos del Inca- está formado por cinco sectores que se extienden en varios kilómetros cuadrados, sobre una colina de frondosa vegetación. El Dr. Luis Lumbreras, director del Instituto Nacional de Cultura y experto en arqueología andina, comentó sobre el descubrimiento de Llactapata: "Este hallazgo destaca de nuevo la importancia de Machu Picchu y sin duda, con un mejor estudio, nos brindará mayores alcances sobre los incas".

El arqueólogo Johan Reinhard ha calificado de "importante descubrimiento" a Llactapata. Sobre todo, afirma, "reafirma la necesidad de expandir los límites del Santuario Histórico de Machu Picchu para abarcar y proteger un área más extensa". Hasta el momento, las ruinas de Llactapata carecen de la protección de algún Parque Nacional y, por ende, se encuentran vulnerables a toda forma de saqueo. De hecho, los saqueadores ya han hecho de las suyas en el pasado, y es seguro que hoy en día sigan actuando con libertad.

El año pasado, el mismo equipo que acaba de ubicar Llactapata saltó a las primeras planas al descubrir otra ciudadela incaica, Cota Coca, situada en medio de un profundo barranco fluvial en las inmediaciones de Choquequirao.

 

 


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