Edición Nº 1803


 

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ARTICULO

22 de diciembre de 2003

Repase de Feria
Balance taurino con broche festivalero. Faltaron toros.

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Simpático pero inusual final de feria: un festival de aficionados. Fernando Salgado presentándose ante el respetable con una larga cambiada.

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Por el MARQUES DE
VALERO DE PALMA

ESTA Feria, sobre el papel, me pareció excelente. Estaban los novilleros peruanos con su inmenso futuro. Estaba Vicente Barrera que, hechos concretos mandan, ha estado en triunfador y ha salido muy bien librado en todas las ocasiones que ha toreado en Lima. Aunque haya estado, por azares del oficio, algo caído en el escalafón español este año, ha pasado por Lima toreando como él sabe, enhebrando los pases y gustando como siempre a la afición. Cuando un torero se entrega y no se reserva en una plaza hay que seguir contratándolo en esa misma plaza. Estaba El Fandi, rehiletero galáctico y espectacular, y buen torero con un excelente sentido de la lidia y muy buen torero de "a pies", toreo éste hoy en peligro de extinción. Estaba César Jiménez, el triunfador indiscutible del año pasado en Lima y que ha puesto a parir este año a todos los demás toreros en la temporada española. ¿Cómo no había que contratarlo? Estaba Castella, el gran triunfador de las ferias francesas. Quizá, por desconocimiento nuestro, no fuera, a priori, el torero adecuado para completar bases de carteles, pero se ha demostrado el buen tino que ha tenido la empresa en contratarlo. Es el torero que mejor ha toreado este año en Lima y el ganador del Escapulario. Estaba José Mari Manzanares (jr.) como atracción momentánea por los lazos que siempre han unido a Lima con su padre. Y digo atracción momentánea porque no era base de cartel al venir a una sola corrida. Pues así, vistas las cosas así, ésta era una excelente feria. Sobre el papel. Hechos concretos. Y estaba también, sobre el papel, un evento fuera de serie: los seis toros de César Jiménez. Pues para mí y para cualquier aficionado esto era, constituía per se, todo un gran evento. Sobre el papel y su significado. Sobre sus alcances históricos. Lo que uno busca. Trascendencia. Recuerdos grandes. Etereidad. Historia testimonial.


LA PAREJA DEL FUTURO

La Feria empezó francamente bien. Dos novilladas y en cada una de ellas dos niños toreros que son el futuro del toreo en el Perú: Juan Carlos Cubas y Fernando Roca Rey, que me parecen sensacionalmente distintos en su aspecto físico ya que todo lo que sea marcar diferencias (físicas y artísticas) en futuras figuras del toreo emparejadas y que han de competir entre sí es algo muy beneficioso para ellos. Ambos triunfaron. Ambos dejaron claro que son toreros de casta. Pueden ser grandes y pueden llegar a catalizar una afición masiva y esplendorosa por el toreo que en estos momentos está un tanto mohína y aletargada. El toreo histórico creció, se divulgó y se fortaleció en todas sus épocas gracias a las grandes parejas toreras enfrentadas. Lagartijo y Frascuelo; Manolete y Arruza; Aparicio y Litri; Antonio Ordóñez y Luis Miguel Dominguín, etc., etc. La gran pareja peruana histórica fue la de el Negro Valdez y Soria Chancayano, pero la calidad de estos, peleona y vulgar, no es la que promete, sin lugar a dudas, Cubas y Roca Rey. La rivalidad que pudieran engendrar éstos sería el futuro promisorio de una afición nueva y resplandeciente para los años venideros.
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Ojo al valor. Tensión en el tendido con Renzo Corno a punto de ser corneado.

LOS TOROS

Al hablar de toros en esta feria hay que distinguir dos conceptos totalmente distintos en cuanto a su resultado: Uno es la presencia, la edad, las hechuras y el trapío y el otro es el juego o resultado de las reses a lo largo de la lidia. La primera mitad de la feria, las dos novilladas y las dos primeras corridas, digamos que transcurrieron en paz y sin problemas ni mayores críticas a los toros por parte de los entendidos, la afición y la crítica especializada. Es cierto que la segunda corrida, con toros mejicanos de Real de Saltillo, éstos se las traían y buscaban por lo que salió complicadísima en general para los toreros. Pero fue una corrida de peso y de gran presencia por la edad de los toros. Los otros tres festejos fueron con toros nacionales. Los toros nacionales y en especial los de Puga y Roca Rey son mejores que los toros de otrora y suponen una nueva opción válida para ver en el futuro corridas más que aceptables. El problema es otro y surge con toda fuerza pasado el ecuador de la feria con la encerrona de los seis toros de Jiménez. Toros chicos, indignos de una corrida de postín y de un evento como el que se trataba de magnificar. ¡Dios mío, qué gran decepción!

EL ESCANDALO DE LA FERIA

¿Puede creer alguien que estos toritos sin presencia, peso, trapío y edad pudieran ser lidiados en Madrid, Bilbao, Valencia, Zaragoza, Sevilla o Nimes, sin producirse un follón (caos) inmenso? ¿Es que Lima ha perdido su categoría de Plaza de primera? ¿Y el público de Lima merecía esto? No se puede ser ganadero, empresario y protector y amigo de toreros a un tiempo. ¿Por qué los seis toros de Jiménez fueron en la primera de las tres corridas contratadas para él este año? ¿No visitó el año pasado la enfermería en sus tres corridas? Entonces: ¿Podía arriesgarse la empresa a quedarse sin torero cabeza de cartel en la cuarta y quinta corridas por percance en la tercera (de los seis toros) casi lógico y cantado, según experiencia del año pasado? Habrá que colegir que todo estaba fabricado y prefabricado, que la cuestión es que cobrando el torero por dos toros tuviera un buen entrenamiento con seis y que la cosa pasara piola, reduciendo los riesgos físicos del torero y los económicos de la empresa. Y que hubiera un buen éxito cara al abono y también para llenar las dos corridas últimas. Demasiado enredo. Porque la cosa no pasó piola y la afición y la crítica consciente y no domeñada puso el grito en el cielo.

RESULTADOS

Las dos últimas corridas vinieron en declive. En la penúltima a Aníbal Vásquez (jr.) le tocaron en el sorteo los dos toros de su papá (Aníbal Vásquez "senior"). Y con toros mejicanos estuvieron rodando por la arena Vicente Barrera y César Jiménez en lidias complicadas. Para la quinta se anunciaron toros de Roberto Puga que acabaron siendo de cuatro ganaderías diferentes. Tanto Fandi en sus dos toros como Jiménez en el primero se dejaron la piel por triunfar y fueron mucho más que sus toros, como lo fue Castella que salió a hombros y se hizo con el Escapulario.

Hubo en esta feria seis salidas por la puerta grande (Fandi, Barrera y Castella y César Jiménez, en la de los seis toros, si contamos también a los dos príncipes de la torería andante peruana, Cubas y Roca Rey). Muchas salidas a hombros para lo que en realidad aconteció. Fue la feria, esta feria, la feria del quiero y no puedo o del puedo y no quiero, porque todo llegó a ramos de bendecir sin ramos de bendecir. Sin parafernalias. No hubo fiesta purpural ni cardenalicia alguna, ni ritos solemnes ni miradas al cielo. Todo fueron sombras, manipulaciones y quiromancias que impidieron adivinar los fulgores y destellos de la luz a chorro abierto. Nos vemos el próximo año.

 


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