Edición Nº 1803


 

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ARTICULO

22 de diciembre de 2003
Paginas 22 y 23 de la edición impresa.


"En el Perú no hay mucha gente honrada que tenga la capacidad de servir en la administración pública. Para ellos es una tarea siempre ingrata".

'Puedo Terminar Muy Mal'
Fernando Rospigliosi fue ratificado en el Ministerio del Interior pero su independencia de criterio frente a Palacio será motivo de más tensiones.

Entrevista ENRIQUE CHAVEZ

AUNQUE se realizó el jueves 18, esta entrevista fue pactada el domingo 14 de diciembre. Entonces, bajo el sol calcinante de Masamari, Meteni y Puerto Ocopa en la selva de Junín, al ministro del Interior le quedaban pocas dudas sobre su permanencia en el gabinete. "¿Quieres la entrevista como ministro o ex ministro?", preguntó el propio Fernando Rospigliosi mientras bebía un largo trago de agua. Unas horas después su suerte se definió: seguía dentro, al menos por ahora.

En los días anteriores sus colaboradores habían dejado en claro que si Rospigliosi se iba era porque lo sacaban. Los entretelones del distanciamiento con el presidente Alejandro Toledo todavía permanecen en el misterio.

Se descuenta que si en las próximas semanas el ministro del Interior es reemplazado, solicitará su pase al retiro el general PNP Gustavo Carrión, director de la Policía. Con él se iría un cogollo de al menos 8 miembros en la cúpula de la institución y los civiles que 'Rospi' instaló en el Ministerio. "Esperemos que se pueda dar cierta estabilidad", dijo el ministro al pie del árbol navideño de su despacho, justo antes de salir a la ceremonia de desagravio de la ex primera ministra Beatriz Merino.

-¿Qué pasó? ¿Por qué se quedó?

-No pasó nada. No hubo ninguna sorpresa. Un día CARETAS dice que mis relaciones con el Presidente son muy malas y al otro día un periódico publica que yo podía ser premier. Son rumores absolutamente contradictorios.

-¿Tiene usted buenas relaciones con el Presidente?

-Son como siempre.

-¿Acaso él no presentó objeciones a los ascensos e invitaciones al retiro?

-Le presenté las listas, las conversamos y estuvo de acuerdo. Me dijo 'tú conoces de esto'. Se lo agradezco.

-Usando la pregunta que le hicimos a Aurelio Loret de Mola: ¿Cree usted que Toledo es consciente de la importancia de la reforma policial?

-El siempre lo ha dicho, ¿no? Siempre repite que apoya el proceso de reforma policial. No veo por qué debamos dudar de él.
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Generales Marco Miyashiro, de Dircote, y Gustavo Carrión, director general de la Policía.

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-Ahora usted es muy hermético con respecto a su permanencia en el ministerio. ¿Puede ser más específico?

-No sé cuánto tiempo voy a permanecer en el ministerio. Es un despacho muy complicado, con muchos problemas, así que cometería un error si dijera que voy a estar un día, una semana o un mes más. Tengo cosas que hacer y las voy a seguir haciendo. Ese es mi único criterio.

-¿Qué le parece el nuevo gabinete?

-¿Cómo quieres que comente de mis colegas? Estuve en el gabinete Dañino, luego en el Merino y ahora Ferrero.

-Por eso mismo. Le replanteo la pregunta: ¿Cuáles son las fortalezas de Ferrero?

-El es el más político de los primeros ministros. Ha sido parlamentario más de una década, tiene una carrera larga y fue presidente del congreso. Tiene muchos contactos y habilidades. Merino era más técnica y Dañino sólo había participado en la administración pública desde puestos administrativos.

-¿Coincide con los ministros que afirmaron en off the record que Merino no era una buena organizadora al interior del gabinete?

-Es que sus fortalezas organizativas venían más de la actividad privada que una estructura como la PCM. El problema es que el gabinete era muy diverso y ella no tuvo mayor participación en su conformación. Es equivocado exigirle a un presidente de la PCM tener cierta capacidad de convocatoria o mando cuando no tuvo oportunidad de formar su propio equipo. Y el meollo está en la propia estructura constitucional. Tenemos un sistema presidencialista y a la vez un primer ministro. Eso no ocurre en Chile, por ejemplo.

-Y Merino llega cuando la prensa le exigía al presidente que diera un paso al costado. Era una plataforma difícil.

-Claro. Y la gente esperaba lo que no se podía hacer porque tuvo poca incidencia en la conformación del gabinete.

-¿No se sintió solo al poner el pecho por Beatriz Merino?

-Creo que cada uno lo hizo desde su área. Quijandría, por ejemplo, al defender la perspectiva de la reforma tributaria.

-¿Qué le parece la elección de Roberto Chiabra como ministro de Defensa?

-No puedo opinar sobre eso.

-Sabemos que por principio a usted le gustaría que el cargo fuera ocupado por un civil.

-Es público.

-Pero no me obligue a citar sus columnas, pues.

-Conozco a Chiabra desde hace años y sé de sus calidades. Es un colega del gabinete que se sienta junto a mí por lo que no puedo emitir opiniones al respecto.

-Chiabra está muy interesado en volcarse en el tema de seguridad interna. ¿Cree que al respecto se puede mejorar la coordinación entre Defensa e Interior?

-Sería tonto negar que no hay ciertas tensiones entre la Policía y las FF.AA. Lo que se trata es de reducirlas y que no se conviertan en un problema fundamental. Tuve una buena experiencia con Chiabra durante mi primer paso por el ministerio. El era jefe de la II Región Militar y coordinábamos directamente con él y Aurelio Loret de Mola la lucha antisubversiva. Yo fui el que propuse que Chiabra también actuara en el Huallaga para tener unidad en todas las zonas calientes. Como comandante general del Ejército también tuve una relación fluida con él. En ese sentido no hay problema.
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Carrión y Rospigliosi defienden a capa y espada el ascenso del general Sarmiento, curtido combatiente del terrorismo y jefe de la base en Masamari.
-¿Cómo encontró su despacho a la salida de Alberto Sanabria?

-No había nada en el escritorio. Así se encuentran los despachos. Hubo un cambio completo en el equipo y no es fácil adaptarse a un ministerio tan grande y complejo como éste. Sanabria tuvo ese problema.

-A usted se le identifica políticamente con un grupo de personas: Carlos Basombrío y Ricardo Valdés, entre otros. Exceptuando su gestión en el ministerio, ese equipo no se logró integrar al gobierno. ¿Qué va a pasar si usted se pelea con el Presidente?

-Yo no me peleo con el Presidente. Pero Gino Costa y Susana Villarán salieron...

-No muy bien

-Creo que salieron muy bien.

-Me refiero a sus relaciones con Toledo.

-Ellos hicieron muchas críticas al gobierno y tenían todo el derecho de hacerlas. Lamento que se hayan alejado porque eran parte de un equipo competente y honesto y eso es muy importante. Esa es la gente que se necesita para cargos públicos. Y no es un problema ideológico. Quienes trabajaron conmigo y luego con Gino pensaban distinto respecto a una serie de temas, pero ése no era el problema.

-Pero se supo que cuando ese equipo se marchó con Gino Costa hubo presiones de miembros del Ejecutivo para no contratarlos en la administración pública. ¿Lo confirma?

-Sin duda, pero no solamente de Perú Posible. Hubo una serie de malos entendidos porque la gente renunció cuando entró Sanabria y eso no fue bien tomado por algunos sectores de la administración pública. Tenían resentimientos infundados. En el Perú no hay mucha gente honrada que tenga la capacidad de servir en la administración pública. Para ellos es una tarea siempre ingrata. No les gusta que manchen su nombre y les hagan juicios. Lo menos que se saca son acusaciones periodísticas. A los que entran a robar les importa un bledo porque ellos saben navegar en todas las aguas y tienen la piel dura. Trabajar en la administración pública peruana es un problema.

-¿Se arrepiente de haber ingresado a ella?

-Hasta ahora no.

-No suena muy contundente.

-Pero es que no sé cómo terminaré. De repente muy mal. Tiene sus aspectos desagradables pero uno también siente que está haciendo algo. También es muy frustrante querer cambiar las cosas desde la propuesta y la crítica. Eso se agota y uno termina en el mismo lugar. Estando acá se pueden hacer cosas. Se avanza, se retrocede y uno se pregunta, ¿para qué hice todo esto, para qué me sacrifiqué si todo sigue igual? Algunas veces se presenta esta sensación. Pero siempre queda la esperanza.

-¿Ya perdió entonces todo idealismo?

-Lo perdí todo en 1978, cuando vi cómo era la política. Ahora pocas cosas me sorprenden. Con la Constituyente me di cuenta cómo eran los políticos. Todos, de derecha e izquierda. Ahora que estoy adentro ya sé que esto no se puede idealizar. Las cosas son así, al menos en el Perú. Espero que algún día cambien, por lo menos un poco.

-¿Qué va a hacer cuando se vaya del Ministerio?

-Volveré a lo que hago. A la actividad académica, periodística. En fin, tampoco sé hacer nada más.

 

 


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