Edición Nº 1803


 

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ARTICULO

22 de diciembre de 2003
Paginas 34y 35 de la edición impresa.

'Cometí la Ingenuidad de
Preguntarle al Che Guevara'

Y así cambió la vida de Ricardo Napurí, figura de la izquierda peruana.

Cuando en 1959 el Che Guevara instó a Ricardo Napurí a impulsar un proceso revolucionario en el Perú similar al de Fidel Castro (foto izquierda), el ex aviador militar peruano pasó de la teoría a la práctica. Con los años se convirtió en una de las figuras más destacadas de la izquierda latinoamericana. La semana pasada estuvo de paso por Lima para concluir detalles de su libro de memorias. Esto es lo que le contó a CARETAS.

Entrevista: IVAN HINOJOSA

RICARDO Napurí (Barranca, 1925) nos recibe en el departamento de su hermana, muy cerca del Círculo Militar. Canoso, como siempre, con un parche en la frente debido a un accidente doméstico, habló con CARETAS sobre su trayectoria política como hombre de izquierda durante más de medio siglo, de viejos camaradas y antiguos rivales, del APRA, los zurdos y, claro, Toledo.

-¿Cuáles fueron los inicios de su compromiso político?

-Creo que es a raíz de mi negativa, siendo alférez de la aviación militar, de bombardear a los insurrectos apristas el 3 de octubre de 1948. Disentí de mis jefes que ordenaban bombardear antes de que llegara de Talara el grupo de B-25 encargado de la represión. A raíz de eso fui sancionado como violador de las normas de principio militar y puesto en la frontera. Con ese hecho perdí mi profesión y di mi primer paso de ruptura con el sistema.
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Fue constituyente en 1978 y senador entre 1980 y 1985. Der.: A distintos destinos: Luis Arias Graziani (izquierda) y Napurí (derecha) son compañeros de promoción de la FAP. El primero es actual consejero presidencial de Toledo.

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-Fue un precursor en el rechazo de la obediencia debida...

-Recién me di cuenta de eso en la Argentina porque no lo había asumido como un hecho de trascendencia. Allá se discutió mucho el tema cuando los militares acusados de violaciones de los derechos humanos a partir de 1976 se defendieron diciendo que actuaron cumpliendo órdenes militares. A eso le llamaban obediencia debida, dejando al superior como único responsable de los actos que hacía el inferior.

En mi caso, yo había entrado a la Fuerza Aérea para defender a la patria y no para matar a civiles ni a militares insurrectos. Incumplí la orden de matar, por ello soy una especie de decano de la violación del principio militar de la obediencia debida al superior.

-Luego de lo ocurrido, ¿mantuvo alguna vinculación con los radicales apristas?.

-Nunca fui aprista. Mi acto fue personal, de carácter humano. Yo era despolitizado entonces y no quiero mandarme la parte diciendo que era un razonamiento político. No tuve gran contacto después con el país porque pasé muchos años deportado en Argentina. Mi formación política fue de tipo argentino, con el profesor Silvio Frondizi en el grupo Praxis. A pesar de ello, me mantuve informado de lo que ocurría políticamente en el país.

-¿Cómo se produjo su vinculación con Cuba y con el Che?

-Ya era militante marxista cuando se produjo el desembarco del Granma. En Argentina parte de la izquierda veía a los cubanos como aventureros. Por intuición pensé que era algo más serio porque Batista era un dictador abominable. Como pertenecía a un grupo de apoyo a los cubanos, al triunfar la revolución viajé inmediatamente a Cuba con la madre y un hermano del Che. Llegamos el 9 de enero en una circunstancia privilegiada porque prácticamente no había extranjeros y yo llegaba con la madre del Che. Cometí la ingenuidad de preguntarle a él cómo podía colaborar con la revolución cubana y, cuando pensaba que me iba a sugerir mediante propaganda, me dijo que había que impulsar un proceso similar en el Perú. Me comprometí a ello cambiando mi estabilidad en Argentina por un compromiso militante.

-¿Volvió entonces al Perú?

-Sí, pero fue difícil porque no tenía historia política en el Perú, carecía de organización y de base social propias. Me entrevisté primero con los socialprogresistas y me dijeron que ellos llegaban sólo hasta la solidaridad y la propaganda. En la casa de Hilda Gadea, primera esposa del Che Guevara, conocí a Luis de la Puente, ambos expulsados del APRA. Hilda y yo lo presentamos al Che. Luego, viajó un grupo de apristas rebeldes y tuvieron entrenamiento militar algunas decenas de ellos.

-En La Tribuna Ud. apareció como un un agente cubano...

-Fue una nota de agosto de 1962 que revela la lucha bárbara de esos años y que afirma que yo venía a levantar a las masas del sur y a matar a Haya de la Torre y a Prado. El PAP no podía permitirse una política de conciliación con el APRA Rebelde. El rechazo era total y al presentarme como terrorista me exponían a cualquier atentado en mis desplazamientos.

-¿Cuál es su balance sobre el papel del Che y de la guerrilla latinoamericana?

-La revolución cubana fue un hecho histórico. Primero, porque individuos de distintos estamentos sociales que se levantaron contra Batista terminaron expropiando al capital y reclamándose socialistas. Segundo, porque abrió la posibilidad de una nueva izquierda más radical que los partidos comunistas y los movimientos nacionalistas.

En lo que sí erraron los cubanos fue en reducir su revolución a un foco pequeño y a una acción campesina a lo Mao, cuando no fue así. Esa idea foquista ha fracasado totalmente en América Latina con desastres en países centroamericanos, en Venezuela, Ecuador, Colombia (aunque es de otro tipo), Bolivia, Perú, Paraguay... El mismo Che fue al Congo y salió derrotado.
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Políticos de antes: Alva Orlandini, Villanueva, Cornejo Chávez y Napurí a fines de los setentas. Der.: Morales Bermúdez lo deportó en 1978 en el marco del Plan Cóndor, según Napurí.

-¿Cómo interpreta el recuerdo actual del Che?

-Hoy los jóvenes se ponen camisetas con su rostro como si fuese el de un futbolista famoso. El Che es para ellos un lindo tipo, un gran hombre, aunque no sepan cuál fue su proyecto. En su rebeldía, ellos lo ven del lado de la honestidad y de la ética.

-¿Y qué piensa de Cuba y de Castro ahora?

Después de la catástrofe que fue para ellos la caída del llamado socialismo real, Fidel dice que defiende el socialismo y niega que esté yendo hacia el capitalismo. Su posición es progresiva porque resiste al imperialismo pero Cuba no tiene destino socialista en las condiciones actuales. Antes tampoco lo tuvo porque no se puede construir el socialismo en un solo país y menos en una isla.

-¿Y una Cuba post Fidel?

-Difícil saberlo. Fidel ganó su lugar pero la crítica fundamental que le hago es que debe abrir el país a la verdad política. Desde el comienzo la sociedad debió ser democrática, el problema es que los ejércitos guerrilleros no pueden ser democráticos, siempre son autoritarios. Nunca hay democracia, como en un sindicato, porque en la guerrilla no se vota, el método insurreccional es siempre autoritario y eso se traslada al gobierno. Cuba no tuvo las bases de una democracia auténtica de masas. La gente no puede leer lo que quiera, no puede formar partidos, no puede organizarse. La sociedad se va haciendo más antidemocrática en perspectiva. La sociedad debe ser democrática desde el comienzo si no se paga muy caro las consecuencias.

-La dictadura de Velasco es para muchos el origen de todos los males, ¿qué piensa al respecto?

-Las fuerzas de derecha se equivocan al definir al régimen militar, sobre todo de la primera fase. No toman en cuenta la cuestión nacional. No es lo mismo Estados Unidos que el Perú ni Francia que Bolivia. Hay países rezagados que quieren saltar etapas y ser como los países centrales. Todas las fuerzas que han querido romper con los excesos de la dominación imperialista son nacionalistas, hoy se les llama incorrectamente populistas. Velasco equivale al MNR boliviano, a Acción Democrática en Venezuela o Goulart en Brasil.

Era nuevo en el Perú porque rompe con las tradiciones de los gobiernos militares pro oligárquicos. Velasco nunca fue socialista ni lo pretendió. No pudo consumar un nacionalismo de izquierda, no pudo ir más lejos como Cuba. Era autoritario pero hizo concesiones a los trabajadores.

-Hubo también una oposición de izquierda en la que Ud. participó

-La oposición de izquierda existió pero nunca fue tan clara como la acción de la derecha. Hubo, incluso, un sector importante que colaboró con el gobierno. Nosotros nos opusimos a la confiscación de la prensa porque la naturaleza del régimen llevaba a convertirlos en instrumentos de la dictadura. Nunca un marxista puede patrocinar y aplaudir la expropiación de los medios de prensa ni el cercenamiento de las libertades democráticas.

-Ud. fue deportado en las dos fases...

El gobierno de Velasco me deportó a comienzos de 1973. Un periodista, Rey de Castro, lo criticaba duramente en la prensa y lo deportó y, para compensar, buscó un izquierdista y me eligió a mí. Me enviaron a Chile bajo la figura de un pedido de asilo que no había solicitado. Hasta ahora no reconocen mi deportación aunque CARETAS sí lo hizo publicando mi carta de denuncia desde Chile. (Caretas 475)

-La segunda, la de 1978, fue bastante más seria ...

-A raíz de que había una gran movilización nacional antes de las elecciones de junio para la Constituyente, el gobierno que se caía deportó a un grupo de civiles y militares: un general de la primera fase, dos almirantes, dos dirigentes sindicales, políticos de diversas tiendas incluyendo al periodista Baella.

Nos llevaron al regimiento 20 de montaña de Jujuy y el coronel que nos recibió nos dijo que éramos prisioneros de guerra, porque nuestros países estaban en guerra civil y que se iba a enviar presos argentinos a la selva peruana. La connotación política es terrible y cobra relevancia con el Plan Cóndor, que es el pacto genocida de las dictaduras del cono sur. No basta que el general Morales Bermúdez haya dicho que lamenta habernos deportado injustamente. Un presidente no puede hacer algo tan grave y no ser sancionado políticamente.

-Pero el Perú no aparece en la creación del Plan Cóndor

-No aparece porque Velasco era considerado "comunista" por las dictaduras militares latinoamericanas. Es con Morales Bermúdez, al final del régimen, que se producen los raptos y secuestros de montoneros. Investigaciones en Argentina ya ubicaron la operación de Jujuy como parte del Plan Cóndor.
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"En 1978, el FOCEP pasamos, en medio de la crisis, de casi nada al 25 % de votos reales".

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-Pasando a temas más recientes, ¿qué piensa del gobierno de Toledo?

-En Argentina analistas calificados decían que después de lo de Ecuador y de la caída de Sánchez de Lozada en Bolivia, la próxima víctima sería Toledo, pero en el país no hay, por el momento, una protesta popular semejante que lleve a una caída inminente. Son situaciones muy distintas. Ahora, el gobierno de Toledo sí es de crisis permanente y terriblemente débil por su condición "chicha", sin programa ni proyecto, a lo que se agrega el conglomerado de Perú Posible.

-¿Y la oposición?

-Aunque no se crea, la oposición democrática hace todo lo posible para que este gobierno autodestructivo no se caiga antes de tiempo porque quieren llegar a las elecciones del 2006 en las mejores condiciones. Obviamente, no por amor a Toledo o a Olivera y los suyos. Por si esto falla, surgen iniciativas como las de convocar a una Constituyente o adelantar las elecciones. En realidad, se teme que aparezca la ingobernabilidad y el fantasma boliviano.

-¿Cuál es su análisis del APRA y Alan García en la coyuntura?

-El APRA tiene problemas de identidad. Quiere ser de centro izquierda y se reclama socialdemócrata pero García se pronuncia por las privatizaciones en CADE. Necesita congraciarse con Estados Unidos y con los empresarios peruanos pero sus bases están inclinadas hacia la izquierda. Es una verdadera encru cijada porque las elecciones se ganan con votos y García necesita millones de votos de los pobres y marginados, pero cómo llegar a ellos sin que lo acusen de populista. Además, si no gana en primera vuelta, el antiaprismo buscará imponer sus condiciones.

-¿Hay espacio para una candidatura de izquierda?

-Aparentemente no por el retroceso político que ha tenido la izquierda. Las cartas electorales en estas circunstancias son escasas y débiles. Pero esto puede cambiar si se radicalizan las protestas populares ante la previsible crisis del régimen. En 1978, los que formamos el FOCEP éramos un grupito pero en medio de la crisis pasamos de la casi nada al 25 % de votos reales. No digo que son situaciones iguales pero las oportunidades para la izquierda sólo aparecen cuando ésta interpreta bien el sentimiento popular y se pone a su servicio.

-¿Cómo ve la crisis peruana en relación al resto de América Latina?

-Definitivamente es parte de la crisis mayor de la región. Por eso, dos años hasta el 2006 es un plazo largo si se toma en cuenta que los tiempos de los gobernantes no son los mismos que los de la gente hambrienta y sin trabajo. En Brasil, Lula embalsa la crisis para que los 100 millones de pobres no le pasen la factura. En Argentina, a Kirchner el país se le politiza a gran velocidad. Chávez todavía no ha sido derrotado y en Uruguay puede ganar el Frente Amplio. Más inquietante todavía es la posibilidad de que Bush y sus halcones activen el Plan Colombia ante la necesidad de ganar las elecciones. El drama del Perú es que tanto políticos serios como no serios actúan desconociendo que el escenario puede incendiarse.

-Entonces, ¿hay alguna salida política?

-Siempre se encuentra algún tipo de salida. Lo primero es ver cómo evitamos caer en el abismo estando tan cerca de él. Lo segundo es recordar que el Perú no solamente se jodió alguna vez, como se ha dicho, sino que siguió jodiéndose. El pobre Toledo, Olivera y otros son sólo pequeños actores de esta joda.

 


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