Edición Nº 1803


 

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ARTICULO

22 de diciembre de 2003

El Caso de Beatriz Merino
¿Fue víctima del machismo político peruano? ¿O es la nueva cara del poder femenino?

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¿Quién es la víctima? En el acto de desagravio que le ofrecieron, la doctora Merino asumió la militancia feminista mientras la popularidad del Presidente Toledo caía en picada.

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SUCEDIÓ lo que se pensó sucedería. Apenas el presidente Toledo se desligó de la levitación que le proporcionaba el 60 % de popularidad de su Presidenta del Consejo de Ministros, cayó en las encuestas.

Claro que Beatriz Merino venía presentando su renuncia desde hacía algún tiempo y el Cholo trataba por lo menos de postergarla a su manera. Pero al final él la aceptó cuando ella estaba de viaje, y aunque esa gira fuera injustificable dadas las circunstancias, ella terminó de víctima.

Así, la organización feminista Flora Tristán ofreció a la ex Presidenta del Consejo de Ministros un "desagravio" el jueves 18 en el Hotel Sol de Oro, y en la ceremonia ella dijo:

"Cuando tocan a una mujer, tocan a todas. No permitamos que se nos maltrate", Beatriz, en otras palabras, sugirió que era víctima de una conjura inspirada en diferencias de género y ése fue el tema sustancial de la reunión. El mentado machismo político peruano era el antagonista.

"De ahora en adelante, añadió Merino, el político tendrá que comprender que la mujer está presente en la política y que cada acto que realice tendrá que hacerlo pensando en el bienestar (de las mujeres)".

La ovación fue apoteósica.

Sin embargo, muchos de los admiradores que se ha granjeado la doctora Merino gracias a su trayectoria, su efectividad y orientación en la SUNAT, y sus buenas maneras en la cartera, han quedado algo sorprendidos por ciertas actitudes suyas al salir.

Por ejemplo, no acudió a la juramentación del nuevo gabinete ni a la transferencia de su cargo, como sus antecesores.

Tampoco ha revelado quién fue el miembro de la Iglesia que le advirtió que un alto dirigente de Perú Posible estaba cuestionando su moralidad, ni el nombre del segundo prelado aludido.

Luis Solari, mencionado indirectamente por los periodistas Alejandro Guerrero, Cecilia Valenzuela, Roxana Cueva y Jaime de Althaus (quienes dicen que "Beatriz lo insinuó"), ha negado con energía toda vinculación con esta historia. El nuncio Rino Passigato ha recordado que estuvo fuera del Perú desde el 15 de octubre (ausencia después confirmada por la propia doctora).

El jueves siguiente Jorge Mufarech, en una intervención altisonante, afirmó conocer el nombre del "malnacido" en cuestión y que lo expondría. Sin embargo, luego de una reunión con Toledo y Solari, dijo que el Presidente había dispuesto una investigación para dar con el culpable.

Pero cuando ese viernes 12 el Arzobispado emitió un comunicado que ponía al margen (aunque con alguna ambigüedad) al cardenal Luis Cipriani, Toledo decidió terminar con el dudoso embrollo y pedir la renuncia de todo el gabinete y sus asesores (presumiblemente incluyendo a Willy Gonzales Arica.)

Aun así, al volver de Washington el lunes 15, Beatriz Merino insistió en el tema.

LA POLITICA

Bien, ahora la doctora debiera dar datos precisos y terminar con las especulaciones, por el bien del país y su propia credibilidad. ¿Alguien miente? ¿Son otros? Conviene saberlo.

Mientras tanto, el lenguaje de Beatriz Merino se ha vuelto tan proselitista como feminista, propio de alguien que busca un futuro político de envergadura y que ha encontrado su clientela -en el Hotel Sol de Oro, al menos.

Y esto es en cierta medida comprensible. Está en olor de santidad política y se muestra inmune a las preguntas que se le hicieron sobre el nombramiento de ciertos allegados.

Cabe recordar, además, que la doctora ya fue candidata de una plancha presidencial, además de parlamentaria y dirigente partidaria.

Este abolengo político contrasta, por cierto, con su corta estadía en el gabinete (5 meses versus el año de Roberto Dañino y los 11 meses de Luis Solari) y por la excesiva sensibilidad que parece haber mostrado allí ante el frustrante toma y daca del poder.

En realidad, el 1 de diciembre, un día antes de que César Hildebrandt propalara en `La Boca del Lobo' la denuncia de la contratación de su amiga Irma Chonati, y de varias parientes de ésta, Beatriz Merino había presentado ya al Presidente su carta de renuncia, en estos términos:

"Mi renuncia se debe a que he llegado a la conclusión de que no existen las condiciones políticas para poder llevar adelante, desde el Ejecutivo, la agenda de trabajo que el país necesita para acelerar su proceso de desarrollo con equidad".

CARETAS en anteriores ediciones ha enumerado las diversas dificultades que confrontaba Merino ante las críticas de ciertos miembros del PP y del FIM, las presiones externas y un respaldo poco decidido del Presidente.

Pero muchos de esos problemas los compartieron tanto Dañino como Solari en la Presidencia del Consejo de Ministros, un cargo que en el Perú es vasto y complejo pero dista mucho de compararse con el de un Primer Ministro en un régimen parlamentario, o con los poderes que en el Reino Unido tuvo Margaret Thatcher.

Por lo tanto, no es por un prurito machista que Beatriz Merino tuviera relativa o poca influencia en, por ejemplo, las decisiones que se pudieran tomar en el nombramiento de nuevos ministros, sino porque aquí los presidentes consideran que ése es su campo de juego.

Cabe añadir que los términos del discurso de las feministas, a los que parece haberse sumado Beatriz, son excesivos y tienden a reclamar una preferencia a su vez abusiva.

Aunque suene a sacrílego decirlo a estas alturas, es inimaginable pensar, por ejemplo, que a Raúl Diez Canseco se le hubiera ocurrido proclamar que "cuando tocan a un hombre, tocan a todos los hombres".

Inicialmente, el caso Diez Canseco se parecía al de Merino en el sentido que, paralelamente al tema afectivo y privado, surgían posibles conflictos de intereses al haberse favorecido con ubicaciones en la administración pública a parientes y allegados.

(El caso de Germán de la Fuente, el padre de Luciana, es discutible, ya que se trata de un diferendo con la SUNAT, entidad que en 1998 le había devuelto impuestos cobrados, y porque existen otros aeropuertos en el continente en los que ese sistema se aplica a servicios en la zona internacional.)

Diez Canseco se ha ido enredando en otras acusaciones mayores, pero antes de que eso sucediera ya la Comisión de Fiscalización del Congreso había citado al Primer Vicepresidente de la República para interrogarlo severamente en público -cosa que no ha sucedido, ni debiera suceder, con Beatriz Merino.

Esta y otras consideraciones se han sumado en el caso de la doctora y sobre ella han llovido amables elogios de muchos políticos destacados - no sólo de Pedro Pablo Kuczynski y los ministros Jaime Quijandría y Fernando Rospigliosi, conspicuos en su agasajo.

LIMITES DEL MACHISMO

No cabe duda de que en el Perú perduran comportamientos masculinos abusivos y una serie de indicadores estadísticos que desfavorecen a la mujer.

Pero hablar de un machismo dominante en la función pública comienza a ser dudoso aquí.

En las elecciones del 2001, la de Anel Townsend fue la candidatura parlamentaria más votada, y el nombramiento de la propia Beatriz Merino marca el cambio de los tiempos y la acogida que puede tener en la opinión pública una mujer en el segundo cargo más importante del Ejecutivo.

Por otro lado, el fujimorismo visible que perdura es dominado por mujeres como Martha Chávez, Luz Salgado, Carmen Lozada y Martha Moyano, con Martha Hildebrandt ahora algo alejada.

Las Fiscales de la Nación son mujeres desde hace años, para bien o para mal, y la presencia de mujeres en el Poder Judicial es creciente y prominente.

Ya dos mujeres son presidentas de región, Cristala Costantinides, de Moquegua, y Luzmila Templo, de Huánuco, y si en la represa de Pasto Grande se ha armado un conflicto que podría convertirse en una guerra por el agua, eso solo demuestra que en materia bélica ellas también tienen disposición.

Basta con recordar a la ya mencionada Thatcher y las Malvinas, a Indira Nehru Gandhi, de la India, en la guerra con Pakistán de 1966, y a Golda Meier, de Israel, en la Guerra de los Seis Días de 1967.

La ley ya establece cuotas femeninas mínimas en las listas parlamentarias y si algunas de estas manzanas salen descartables, igual resulta con los hombres. Toledo optó esta semana por cambiar a la Ministra de la Mujer Nidia Puelles a los cinco días de nombrada, pero el principal verdugo en este caso ha sido otra mujer, la congresista Enith Chuquival, de Perú Posible.

La propia Beatriz Merino debe tener muy presente que en Palacio de Gobierno la guerra de los sexos no se daba dentro de las trincheras claras que imaginan ciertas feministas.

Principal crítica y enemiga de Beatriz Merino fue la esposa del Presidente. La jefa del gabinete se quejó de esto en más de una ocasión reservada, y el antagonismo se confirmó en la juramentación del nuevo gabinete el lunes 15, cuando Eliane Karp posó muy alegre y feliz (e insólitamente) con los ministros en el balcón de los juramentados del Salón Dorado.

 


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