Edición Nº 1796


 

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    30 de octubre de 2003
    Por RICHARD WEBB


    Estado: Ultimo Modelo
    Cómo reprogramar la administración pública.

    Con la presente colaboración, el economista y ex presidente del BCR, Richard Webb, inicia con CARETAS la ardua y muy peruana tarea de desempolvar el llamado blue book que a fines del año 2000, y a pedido del Banco Mundial, diseñó un plan de desarrollo para el Perú. Webb capitaneó entonces un equipo notable de especialistas. El documento debió servir de matriz a las autoridades políticas que resultaron electas en el 2001. El ansioso debate tributario y presupuestal del momento, aportaron las municiones para la presente descarga.

    EL modelo actual del Estado peruano es tan obsoleto como el dinosaurio. Se forjó antes de la democracia, antes de las computadoras, antes de la interconexión "en línea." Es un Estado que no da seguridad ni justicia ni salud preventiva, no educa, no promueve la actividad privada y no protege los recursos naturales y culturales. En vez de darnos una mano para una vida mejor, las más de las veces es un estorbo. Y encima nos cuesta una fortuna. Como país, una respuesta a esta inoperancia ha sido el autoservicio: la educación privada, los "services" de seguridad, los couriers, los comedores populares, los esfuerzos de la sociedad civil, y la presencia masiva de las organizaciones de base. Claro, se trata de una solución más que nada al alcance de los ricos. La otra solución ha sido hacer caso omiso, o sea, la informalidad.

    Pero, antes de cambiar leyes, definamos qué esperamos de un Estado en el Siglo XXI. Si partimos de una visión general del tema, de un ejercicio de "planeamiento estratégico", veremos que no basta cambiar leyes ni mucha reingeniería; como lo dijo la Primera Ministra al presentar su proyecto, la reforma requiere, además, un cambio en las personas.

    n
    Richard Webb: "Es hora de invertir en un modelo más actualizado".

    LA TECNIFICACION

    El cambio tecnológico es a la vez reto y oportunidad para el Estado. El reto será el no quedarse atrás en cuanto a la tecnificación de las tareas de gobierno. La oportunidad consiste en aprovechar la tecnología de cómputo y de interconexión.

    La estrategia que se viene adoptando para manejar la creciente complejidad y especialización del trabajo gubernamental consiste en crear instancias de autonomía técnica dentro del Estado, como son el BCR, las entidades reguladoras, la Sunat y la Superintendencia de Bancos. El presidente de EsSalud propone lo mismo para su entidad. Y quizás es hora de crear una entidad profesional y autónoma para la negociación de acuerdos comerciales.

    -Mire, usted es un experto en telefonía. Encárguese de fijar tarifas justas, le pagamos lo que podría ganar en el sector privado, y no lo fastidiaremos.

    Pero la estrategia cojea. Cuando se trata de pagar los sueldos necesarios, nos indignamos, y cuando no nos gustan las decisiones técnicas, hostilizamos a los funcionarios con investigaciones judiciales. De otro lado, no están bien establecidos los mecanismos para fiscalizar la gestión de los funcionarios "autónomos."

    Redondear esta estrategia de autonomía técnica es entonces, una tarea prioritaria, porque es urgente profundizar la tecnificación del Estado, y no sólo en el Ejecutivo. El Poder Judicial, por ejemplo, necesita de jueces y peritos judiciales que conozcan de finanzas y de otros temas especializados. Igualmente, al Congreso le hace falta más conocimiento experto en casi todos los temas donde legisla.

    La tecnología no es solamente reto; es también oportunidad para la reforma del Estado. Ya lo demostró la Aduana en los años noventas con la computarización casi total de los procedimientos aduaneros, pasando así de ser una de las instancias más retrógradas de la administración pública a colocarse en la vanguardia, y ser incluso un modelo internacional de eficiencia y control de la corrupción. Empiezan a darse otros ejemplos de lo que es posible mediante el e-gobierno, como la Reniec, y el uso de la Bolsa de Materiales para las compras. Podemos incluso vislumbrar un Estado sin papel.

    EL ESTADO SOCIO

    Para cumplir mejor sus tareas, el Estado debe trabajar como socio con el resto de la sociedad. Significa bajar al llano: no puede ser socio quien se considera amo y señor. Las modalidades son varias: la subcontratación de tareas administrativas y logísticas, los contratos con comunidades para administrar los centros de salud o los caminos rurales, las concesiones de recursos naturales o culturales o de infraestructura, los contratos de gerencia, los convenios con ONGs para cumplir tareas sociales o de promoción, y los convenios o contratos incluso entre distintas instancias del gobierno central. La descentralización implica necesariamente más trabajo "en sociedad" entre las distintas instancias del Estado, sea entre un grupo de municipios, o entre municipio y gobierno regional, o entre éstos y el gobierno central. Tanto la democracia como la tecnología están obligando a que el Estado futuro sea menos vertical y más horizontal. Es la Era de las Redes.

    Aprendamos a no endiosar al Estado. El Estado existe por la misma razón que el comité de administración de un edificio o de un club - administrar bienes y objetivos compartidos. Es un mero instrumento que debe servir, junto con otros medios, para mejorar la vida colectiva. Pero es hora de invertir en un modelo más actualizado.

     


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