Edición Nº 1796


 

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    30 de octubre de 2003

    Puchero Posibilista

    NO ha trascendido lo que realmente pasó en San Isidro, en el encuentro sabatino tan esperado, entre el presidente Alejandro Toledo, la bancada oficialista y los secretarios generales de Perú Posible. Pero no se necesita ser muy imaginativo para desbrozar esa selva de pasiones, peticiones y negaciones que se han ido acumulando entre los hombres y mujeres de la chacana.

    Se han dado conmovedoras versiones sobre el descontento de los toledistas, pero hay dos que siempre causan efecto, como bien lo sabe Paulina Arpasi, la dulce y aymara congresista "de junco y capulí".

    La primera es el provincianismo. Los hombres y mujeres que vinieron de lejos a ocupar su curul, confiados en la conquista de la penta centenaria urbe, se han llevado tremendo chasco, aunque si se tuviera que juzgar los suntuosos lugares para las convenciones posibilistas, se diría que el salto ha sido enorme: de la puna o la periferia, de ésta al hotel, de El Pueblo al Country Club.

    El otro argumento es el racismo. Circula un chiste entre los parlamentarios chacanenses: "Toledo elige siempre un gabinete de todas las sangres...blancas". Esta queja no parece tener sentido en un partido que, sea por boca del Mandatario o de su vociferante consorte tiene la virtud de ser confluencia de razas, lenguas, costumbres y afanes milenaristas, optimistas, voluntaristas y utopistas. Tanto más cuanto el presidente Toledo, según pertinaz confesión dentro y fuera, se ha forjado en el racismo que sufriera desde niño y que parece aún subsistir en la casa de Pizarro.

    Los críticos piensan que más que el reclamo telúrico, es la necesidad y la pasión presupuestívora lo que motiva que la granja se inquiete, grite, reclame y exija. Conforme pasan los meses, tal y como se aproxima la vigencia del calendario electoral (que todos estiman en el próximo caluroso enero), los miembros de la chacana temen que, de repente, pueden verse obligados a retornar al terruño, con poca gloria y solitarias alturas.

    Frente a esa pesadilla, convienen en que tienen que crear, ahora sí, clientela y poder reeleccionista.

    Hay incluso un trío poco provinciano pero iluso como si lo fuera que cree posible forjar un triunfo presidencial, pues el vacío de liderazgo no es sólo de Perú Posible. Son pocos los que dudan que en Luis Solari, David Waisman o Carlos Ferrero late un corazón presidencial que día a día apresura el tictac y las ansias. Al fin y al cabo, ¿quién le daba a Alejandro alguna posibilidad tres años antes del 2000?

    Hemos escuchado, por otra parte, las formulaciones robustas de Luis Solari de cómo disminuye la pobreza, aumenta la riqueza y se transforma históricamente el plan del Perú, de modo que el 2006 las masas, en un rapto de lucidez histórica, dirán a voz en cuello: "Chacana sí de nuevo".

    En este apremio por ser o tener, cualquiera que sobresalga, no siendo del manantial de los fundadores del posibilismo autóctono, resulta indeseable. Este sentimiento soterrado y, por ello subalterno, podría explicar el que Beatriz Merino Lucero no sea precisamente la Cusi Coyllur del toledismo y que se sueñe, sea bajo el desvelo o el pasmo, que deje el premierato en diciembre para ser reemplazada por un miembro nato, lato y pato de PP.

    ¿A dónde va la actual administración con toda esta procesión folclórica y ciega?

    El mayor escollo es lograr que la actual y policroma bancada y este partido montaraz, y hasta chúcaro, pueda convertirse en una armoniosa colectividad con dos dedos de frente. Que en lugar de ser una sopa de piedras se transforme en un puchero donde, pese a la variedad de ingredientes, que parece caótica, se oculta un orden y una gradación que darán sabor y equilibrio. Se equivoca quien cree que para hacer política, como para cocinar, es suficiente presionar, acumulando grita y queja, alianzas súbitas y oportunismos fugaces, haciendo del montón un reemplazo del mentón.

    En síntesis, muy mal signo si en el pasado sábado en el Country Club no ha pasado nada. Porque eso quiere decir, lisa y llanamente, que el presidente Toledo, huérfano ya de las expectativas de los primeros dos años, se quedará a merced de esta sinfonía de desaciertos y apetitos que ensaya Perú Posible.

     


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