Edición Nº 1796


 

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    ARTES & ENSARTES 30 de octubre de 2003
    Por LUIS E. LAMA

    Chicas Terribles

    1-Priscilla Monge (ver sus feminazis boomerangs) es figura de la primera plana del arte internacional. Ella representó a su país, Costa Rica, en la pasada Bienal de Lima. Ahora esta misma muestra se exhibe en el Museo de Arte Costarricense en la que además incluye las 6 grandes fotos censuradas que iba a presentar en la Bienal de La Habana. La trayectoria de Monge es ejemplar. Ella es tomada en consideración por la mayoría de los curadores del jet-lag, a diferencia de lo que ocurre con nuestros más sobresalientes artistas, que suelen ser ignorados dentro del ámbito internacional. El problema es nuestro conservador de distribución y consumo del arte, agravado por la inexistencia de un museo de arte contemporáneo que nos permita comprender mejor al siglo.

    2.-Clara Astiasarán es cubana y vive en San José, donde hizo una maestría en Historia del Arte. Anteriormente había trabajado en las Direcciones de Artes Plásticas y Patrimonio de la Casa de América. Ha sido curadora independiente y tiene varias publicaciones, pero su salto a la fama -esa perversión del prestigio, Rosa Montero dixit- surge a raíz de su texto sobre la participación de Monge en La Habana. Admitamos que ella es provocadora, pero fundamentalismos de Miami al margen, la torpeza cubana revela la fragilidad de un régimen que agoniza. Por considerarlo imprescindible entrevistamos a Monge y Astiasarán. Caretas tiene la primicia de publicar su texto en la extensión que este espacio permita:

    3.-Clara Astiasarán sobre Priscilla Monge: "Enumeración de las sangres":

    a. El amor es cosa de vida o muerte. La Habana, Cuba, 1961. La Revolución estrenaba sus dos primeros años. En Ciudad Libertad, la víspera de la invasión de Playa Girón, ataques mercenarios cobran la vida del joven Eduardo García Delgado. Antes de morir escribe con su sangre, en una puerta blanca donde cae recostado, el nombre de Fidel. Dotaba a la historia cubana de una intervención de evidente acento estético.

    b. La locura es cosa de vida o muerte. Tiempo después Nicolás Guillén, perpetuaría de forma apologética la gloria de ese gesto último en un poema titulado La sangre numerosa. El poema hacía alusión a la capacidad de reproductibilidad de esa acción, como si se tratará de un sistema fabril o una enfermedad contagiosa. Se constituía el gran canto de esos años; la epicidad de esa muerte la conformación de un modelo.

    c. La memoria es cosa de vida o muerte. En la zona más antigua de La Habana se encuentra la otrora casa presidencial, hoy Museo de La Revolución. Se conserva allí la puerta que aquel joven grabara con el nombre del líder de la Revolución. Muy cerca, tiene lugar la Bienal de La Habana, evento que invita nuevamente a la artista Priscilla Monge (Costa Rica, 1968). La artista en su cualidad de turista, se convierte en espectadora activa del espacio visual. De este modo crea nuevas estrategias de significación, con la potestad de dirimir la historia desde la no implicación. Desde ese lugar Monge enfrentó en La Habana esa (otra) memoria.

    4.-La belleza es cosa de vida o muerte. Dijo alguna vez el poeta Ezra Pound: "La belleza es difícil". La belleza, se ha visto amenazada en estos tiempos por la obliteración que le ha dispensado el discurso del arte contemporáneo y particularmente el discurso crítico. La no existencia de formas estables que la contengan, desplazan el concepto de belleza del objeto al acontecimiento. El ideal de perfección y perpetuidad tambalea ante la efímera vida del criterio o la responsabilidad que la subjetividad ha ocupado en ese proceso de identificación. Ya Kant nos había advertido en su Crítica del juicio que la pretensión de universalidad de la belleza era atravesada por connotaciones como el gusto, y susceptible a categorías como espacio y tiempo. Priscilla Monge, ha decidido aprovechar el contexto en el cual debe trabajar, visibilizando propuestas conceptualmente ligada a espacios físicos concretos y a su manera de interactuar con el medio. Rescata escenarios de cierta apariencia armónica, despojándolos de su sentido primigenio y esboza su reflexión sobre el propio lugar del arte. En La Habana decide llamar la atención sobre este "suceso-objeto" que se constituyó en ideal para el discurso revolucionario de los años 60's.

    Con una serie de seis fotografías, la artista reedifica el escenario sustituyendo el nombre de Fidel por algunos textos que ya van siendo reconocidos en su repertorio. Esta vez no sólo dialoga desde esa retórica de la frase hecha, impuesta por el lenguaje o por su eficacia, y que ha manipulado para atentar contra los mitos; porque esta vez el mito no es sólo el arte. La artista somete a la desfragmentación un capítulo de la historia cubana, y con él la legitimidad de toda una "realidad" en la que una nación ha definido sus ejes de supervivencia. Otro poeta, Rainer María Rilke, ya había dicho: "La belleza es tremenda". Continuará.



     


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