Edición Nº 1794


 

  • Portada
  • Nos Escriben...
  • Mar de Fondo
  • China te Cuenta...
  • Ellos & Ellas
  • Culturales
  • Caretas TV
  • Lugar Común
  • Piedra de Toque
  • Olla de Presión
  • Artes y Ensartes
  • Mal Menor
  •  

     

     

     

    ARTICULO

    16 de octubre de 2003

    Servicios SECRETOS
    Caos en el Consejo Nacional de Inteligencia examinado a la luz de exitosas reformas en la región.

    Andrés Gómez de la Torre escribió el capítulo peruano del libro `Profesionalismo de Inteligencia en las Américas'.

    DE la hipérbole en los tiempos montesinistas, la Inteligencia en el Perú cayó en una atomización desbocada. La falta de rumbo es de tal magnitud que la institución encargada de procesar la información ha tenido seis jefes en dos años.

    El Consejo Nacional de Inteligencia (CNI) fue creado luego de la desaparición del omnipresente Servicio de Inteligencia Nacional (SIN). En un principio el gobierno de Alejandro Toledo parecía decidido a ponerlo a tono con los vientos reformadores: la jefatura fue ocupada por un civil, el número de empleados se redujo considerablemente y sus labores se enmarcaron dentro del Sistema de Inteligencia Nacional (SINA).

    Luego todo fue zozobra. Los presidentes del CNI comenzaron a ser reemplazados con facilidad pasmosa -usualmente luego de escándalos sobredimensionados por algunos medios de comunicación- y fueron contratados varios militares retirados sin experiencia alguna en la especialidad. A pesar de diagnósticos como el de los expertos de la Universidad de Harvard, hay preguntas elementales que continúan sin respuesta. Sigue sin definir la orientación misma del CNI y no está claro si debería ser un órgano predominantemente estratégico u operativo.

    En ese contexto se acaba de publicar el libro `Profesionalismo de Inteligencia en las Américas', editado en Estados Unidos por la Universidad de Inteligencia Militar. El abogado Andrés Gómez de la Torre, experto en el tema y ex director del Frente Externo del CNI, escribió el capítulo sobre nuestro país, `Perú: Frustraciones en los intentos por reconstruir su sistema de Inteligencia'. El volumen es una suerte de mapa con las reformas en marcha de las agencias latinoamericanas de Inteligencia. Y sirve como espejo para establecer cuán rezagado se encuentra el Perú en la materia.

    -¿Cuales son las necesidades de los nuevos servicios de inteligencia?

    -Demostrar que hay mucho margen para la profesionalización e innovación. Pensar que el mundo ha cambiado y se necesitan organizaciones de inteligencia en democracia, respetando a los DD.HH. y en un nuevo contexto internacional donde los Estados ya no son la amenaza. Lo fácil en inteligencia es violar derechos y trabajar sin controles. Un código dice que a más estratégica, una agencia es más democrática. A más operativa, es menos democrática. ¿Deben hacerse operativos? Claro, pero allí entran los controles. Los jueces penales deben formarse en estos temas para que no se utilice el criterio unilateral del jefe de Inteligencia. Siempre existirá tensión porque quienes están dentro pedirán liberalidad y los de afuera exigen control. Hay que llegar a un equilibrio perfecto, probablemente utópico e idealista, pero a él tenemos que apuntar.

    General (r) Daniel Mora es la cabeza actual del Consejo. El presidente Toledo le dio cuatro meses de plazo para reorganizar la institución.

    -¿Qué reforma es la que más le llamó la atención en América Latina?

    -No me cabe duda que el proceso más exitoso es el chileno. Partió de cero en 1993 y ha construido una organización seria que tiene solamente 100 funcionarios y que progresivamente ha podido perfilar un gabinete de análisis estratégico de alta calidad. Chile ha tenido 4 jefes de inteligencia en 10 años, un promedio de 2 años y medio cada uno.

    -La Dirección de Inteligencia chilena canaliza el trabajo de las distintas agencias. ¿No hay roces entre ellas?

    -Tienen claramente establecidos sus niveles de especialización: Inteligencia militar, no militar, operativa y estratégica. Consolidaron un sistema que funciona además con el Legislativo que supervisa planes y presupuesto y el Poder Judicial que controla las operaciones. Los campos no militares los cubre la Dispi, que también procesa la información de las otras agencias para llegar a una Inteligencia total. La Dispi responde al ministro del Interior y él es quien despacha con el Presidente.

    -¿Cómo se hizo para desmontar el servicio de inteligencia de Pinochet?

    -En 1990 el presidente Patricio Aylwin creó un Consejo especial que funcionó durante tres años y estuvo monitoreado por el Ministerio del Interior. Luego comenzó a funcionar la agencia propiamente dicha bajo el control de ese Ministerio, que es la Dispi. Está integrada sólo por civiles. Obviamente, las Fuerzas Armadas y Policiales hacen su propia inteligencia. Pero los chilenos aprendieron mucho de la experiencia checa, que estableció órganos de inteligencia postautoritarios pequeños, altamente especializados, muy descongestionados y cuidadosamente supervisados para evitar los excesos del pasado.

    LOS ANALISTAS

    -La inclusión de civiles quiere decir que ya tenían gente lista para subirse a ese caballo.

    -No. Seleccionaron civiles especializados en análisis estratégico, político, económico y social. Luego los reforzaron con herramientas de predicción y proyección. Es un plato que ya está listo y sólo le falta esa salsa.

    Fernando Rospigliosi, César Almeyda y Alfonso Panizo. Cada uno intentó sin suerte llevar a cabo procesos de reestructuración.

    -¿En el Perú cómo se reclutaría a ese personal?

    -Habría que hacer como la CIA, que capta analistas de no más de 32 años en las universidades más representativas. Todos ya entran con un grado académico y un posgrado. De allí pasan a la Escuela de Inteligencia y se forman durante unos meses. Así se evita el amiguismo y todas esas consabidas recomendaciones.

    -Pero tampoco está escrito sobre piedra que las agencias de Inteligencia tengan que ser dirigidas por civiles.

    -Aunque en España el Consejo lo dirige actualmente un embajador, los mejores jefes han sido militares. En Uruguay funciona muy bien un sistema militarizado. Pero la tendencia en el hemisferio es incorporar más civiles.

    -¿Qué se puede aprender de Brasil?

    -Allí los que ingresan a la Escuela de Inteligencia no obtienen estabilidad laboral inmediata sino que son probados por un período de tres años. No solo por motivos profesionales, sino por factores éticos. Como consecuencia, los brasileños son probablemente los más avanzados de América del Sur en análisis estratégico.

    -¿Qué le parece el caso del Departamento Administrativo de Seguridad (DAS) colombiano?

    -Es una impresionante reforma administrativa e interna. Pensé que el presidente Alvaro Uribe iba a proseguir con esa tendencia de `policialización' de los países de la Comunidad Andina. En cambio nombró un civil al frente y está privilegiando el análisis estratégico. Así se evitan conflictos entre agencias y las áreas actúan coordinadamente. También es interesante el modelo argentino, que empezó con una reforma legal.

    EL RESTO DEL MUNDO

    -El CNI peruano tiene tres reformas pendientes: legal, administrativa y operativa. ¿Cual es el orden?

    -Se puede ir avanzando paralelamente en las tres, pero todo depende de la voluntad política. Y allí vuelvo al caso checo. El presidente Vaclav Havel la tuvo y se logró una de las reformas más exitosas, igual que la de Estonia.

    De los tentáculos corruptos y "gastos reservados" sin fondo del Servicio de Inteligencia, enfrentamos ahora a un desubicado CNI. Der.: Para Gómez de la Torre es necesario encontrar "el justo medio" y no caer en extremos conocidos.

    -Ambos países enfrentan problemas de mafias y crimen organizado. ¿No se vuelve entonces a la Inteligencia policial?

    -Sólo parcialmente porque no deja de ser un problema de Inteligencia estratégica. El 11 de setiembre demostró que los terroristas tienen todo tipo de contacto con el crimen organizado. Las amenazas son distintas, no a las de hace 20 o 30 años, sino a las de 5 atrás. Con ello en mente, países como España, Alemania, Holanda y Sudáfrica implementaron reformas bajo ciertos parámetros: mucha transparencia, delimitación de competencias, especialización y presencia civil.

    -La transparencia no es una constante. Hasta hace algunos años, la existencia del MI5 no estaba reconocida legalmente en Inglaterra.

    -Es que subyace todavía una mentalidad de guerra fría. Las reformas británicas se iniciaron luego de 1990 pero subsiste esa lógica. Lo vemos cuando el Departamento de Estado norteamericano creó una oficina llamada de Influencia Estratégica, que formalmente dicen haber desactivado. O la red Echelon que funciona en el territorio británico. Es un error muy grave tener respuestas del pasado para problemas del futuro. A la larga, y aunque guarden un grado de reserva, los servicios de inteligencia van a tener que ser más transparentes.

    -El almirante (r) Alfonso Panizo denunció que hay empresas privadas dedicadas al chuponeo. ¿Hay otros países en los cuales los equipos de una agencia fueron canibalizados para fines privados?

    -Eso pasó en Rusia, que en su transición todavía inconclusa ha sufrido problemas parecidos a los nuestros. En 1992 las nuevas autoridades políticas dijeron que preferían tener a toda la gente de la KGB adentro que afuera. Allí eran mucho más peligrosos. (Enrique Chávez)

     

    Checo Havel y colombiano Uribe, dos ejemplos de voluntad política para reorganizar Inteligencia. Al lado: El sistema de reclutamiento profesional de la CIA podría ser adaptado por el Perú.

     

     


    ../secciones/Subir

    Portada | Nos Escriben... | Mar de Fondo | Heduardo | Culturales | Caretas TV | Ellos & Ellas | Lugar Común | China te Cuenta Que... | Piedra de Toque |Olla de Presión | Mal Menor

    Siguiente artículo...

     

       

       
    Pagina Principal