Edición Nº 1786


 

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    MAL MENOR
    21 de agosto de 2003

    Por JAIME BEDOYA
    Encuentros con Hombres Notables
    4.0. José o Hugo Rodríguez, El Hombre Lobo Fotogénico.

    EL Jirón de la Unión es el Perú, concluía indirectamente1 un poeta que murió en 1919 al caer en un pozo séptico. Al margen que la sentencia haya perdido exactitud geográfica con los años, es sensato admitir que hoy en día el Jirón de la Unión es una mierda. Su atmósfera oscila entre la grasa del ave de corral a la brasa y el torrefacto efluvio del churro artesanal, una fritura fálica de dulce factura que se expende en pequeñas vitrinas a la entrada de tiendas en permanente oferta y desolación. Peatones somnolientos, arrullados por una espontánea sinfonía urbana de ofertas no correspondidas más que con la curiosidad móvil, cabecean en bancas públicas anexas a tachos de basura hasta ser despertados por una orquesta estable de lisiados con vengativo talento para los ritmos bailables, entonando oportuna antesala musical para las cadencias del amor pasajero propias del onomatopéyico Hostal Rucus2. Apenas oscurece lo suficiente aparecen los vendedores ambulantes de felicidad asequible, discos piratas con remixes de mixes y juguetes descartables de grata primera impresión.

    En el Jirón de la Unión hay tiendas dentro de las tiendas. Esta subdivisión determina dos de las más socorridas alternativas capitalinas del subempleo: la compraventa de oro y el negocio de fotografías instantáneas tamaño carnet.

    En el primer caso se trata de canalizar karmáticamente la urgencia ajena, adquiriendo al precio mas barato posible lo que fue la engastada segunda molar de quien ya no mastica. Un oficio cruel pero necesario. El otro caso, más allá de su prosaica naturaleza, encierra una cuota de misterio. Por un lado se proporciona de una identidad visible a un desconocido mediante el mononeuronal y no calificado movimiento del dedo índice, y eso ya es bastante. Pero además se incursiona, consciente o inconscientemente, en la no descartada posibilidad de la captura de almas. Eso es lo que hacen las fotos, como bien lo sabía alguna tribu en algún sitio antes que lo convirtieran al credo Kodak y al pretencioso presupuesto que lo que se fotografía se posee.

    Volviendo al tema, existe un secreto a voces: El negocio de fotos instantáneas tamaño carnet tiene como mejor publicidad la muestra permamente de retratos no reclamados. En el Jirón de la Unión hay un retrato que se repite en más de una tienda. O es una cábala gremial, o el retratado gustaba fotografiarse a diario en distintos estudios en busca de la foto carnet perfecta. La foto en cuestión, aquí mostrada en una de sus versiones, es la del Hombre Lobo.

    El Hombre Lobo en realidad eran dos. Los hermanos José y Hugo Rodríguez Ortega, mexicanos que llegaron a la ciudad con el circo Fuentes Gasca en 1992. Su número circense consistía en presentarse ante el respetable tal como habían nacido: absolutamente cubiertos de pelos por todo el cuerpo, ensayando algún falso gruñido por aquello del arte interpretativo. José, el mayor, era silencioso y de mirada triste. Hugo, aún menor de edad, se concentraba en saciar la curiosidad de aquellas señoritas interesadas en saber si es que la vellosidad era total. Para ello contaba como base de operaciones con el Hostal Oscar´s de la avenida de la Marina, su residencia en Lima próxima a la carpa del Fuentes Gasca. Ambos compartían un cierto malestar ante la luz diurna así como un fuerte olor corporal. Mientras el de José, el meditativo, era ácido y penetrante, el de Hugo -el pragmático- despedía un saneado aroma a Palmolive Naturals.

    El mito del hombre lobo es lo suficientemente hermoso como para creerlo. La Luna, la bala de plata, y sangre tibia una vez al día. Esto no impide aceptar que la enfermedad de los hermanos Rodríguez Ortega era una hipertricosis severa, hirsutismo congénito originado en un desorden cromosomático que se repite cada siete generaciones. Los Rodríguez erán de Mérida, Yucatán, zona pródiga en dinastías enteras de Hombres Lobos. El único efecto secundario de la enfermedad es el malestar sicológico producto de la marginación social. Para algo sirve el circo.

    Pero lo anterior, si bien interesante, en nada explica el acertijo. Y éste es por qué se repiten las fotos del Hombre Lobo, José o Hugo, en los puestos de fotografía instantánea del Jirón de la Unión. Uno de los dos se casó y tuvo un hijo. Uno de los dos murió en cirscunstancias no del todo esclarecidas. Los artistas de circo (los trapecistas son el mejor ejemplo de esto) suelen accidentarse o morir en plena función y en medio de la temporada. Es un gesto de profesionalismo extremo. Lo acontecido con los mexicanos tiene que haber sucedido extralaboralmente.

    Una probabilidad es que el casado necesitara las fotos para su partida matrimonial, graficando una conformidad convencional que la amargura fraterna no entendía. También pudo haber sido que el soltero, harto del sospechoso entusiasmo sedentario del hermano, optara por la visa hacia un próximo destino profesional. O tal vez aprovechando los mismos pelos y señales decidieran vivir dos vidas en una mientras eliminaban ficticiamente a alguno de los dos y dejaban en Lima una mujer triste y un niño de genes marcados.

    Sea como fuera el hecho es que al igual que las balas del mito, la película fotográfica está compuesta de una emulsión de plata que reacciona ante la exposición a la luz. El Hombre Lobo fue capturado así, y por ello su foto carnet aparecerá y desaparecerá sin razón alguna como un trofeo injusto de las galerías del Jirón de la Unión.

    Al menos hasta que dentro de siete generaciones un descendiente de su hirsuto linaje se apersone en lo que para entonces quede del lugar y vengue la maldición familiar a colmillazo limpio.

    Señores de la fotografía instantánea, están avisados.

    ___________
    1 "El Perú es Lima. Lima es el Jirón de la Unión. El Jirón de la Unión es el Palais Concert. Y el Palais Concert soy yo", era la frase exacta de Abraham Valdelomar.
    2 Jirón de la Unión # 428. El cuarto con agua caliente y papel higiénico está a 20 soles la hora.


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