Edición Nº 1785


 

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    14 de agosto de 2003
    Por AUGUSTO ELMORE

    TODAS las sonrisas se parecen, pero desde luego no son idénticas. Por ejemplo, la de la Gioconda no se parece a ninguna otra. Pero sí existe un parecido casi patético y agravado por las circunstancias entre la imagen sonriente, ofensivamente riente, del evidentemente retrasado mental Amrozi bin Nurhasyim, que es como se llama el coautor del atentado contra el hotel Hyatt de Yakarta en el que murieron 10 personas y resultaron heridas 150, con la del también risueño Adolfo Olaechea Cahuas, el mentor de Sendero Luminoso en Londres, al arribar extraditado a Lima como si llegara de vacaciones. Dos sonrisas que parecen una táctica, como se parece todo lo que hacen los terroristas del mundo entero. Tengo la impresión que en el caso del javanés asesino sonreía a las cámaras porque cree que en breve, cuando lo ejecuten (porque allí no se andan con vainas), irá a unirse con las huríes que esperan en el paraíso musulmán a todos los que atentan contra las vidas de occidentales. No es el caso de Olaechea, claro, pero éste debe sonreír sin duda porque sabe que en el Perú cuenta con quienes lo defienden desde extremos inimaginables, porque él, claro, dicen quienes lo apoyan, jamás asesinó a nadie. Tampoco Abimael Guzmán. Viendo a ambos siniestros personajes sonreír a la cámara, prefiero largamente a la Monalisa.

    La distancia me obliga a recurrir continuamente al Internet para informarme sobre nuestro país, porque aquí los diarios no se ocupan de nosotros, gracias a Dios. Y constato con satisfacción que ahora llegan del Perú, y de la embajada de nuestro país en Washington, informativos muy al día y plurales, que no forman parte de ninguna campaña de propaganda gubernamental, sino que sirven para enterarnos de lo que pasa en nuestro país y de lo que se publica en casi todos los diarios, aun los opositores (es decir, todos). Ello se debe a Rodolfo Pereyra, que es el autor de esos informativos útiles que llegan diariamente. Vienen en español, pero se pueden leer también, como es lógico, en inglés. Es cierto que cargan nuestro correo, pero son bienvenidos.

    También llegan por la misma vía electrónica, y nos tienen debidamente informados, el boletín semanal del Banco Central de Reserva, en inglés y en español, y aquel cuyo nombre alarmista ya me ocupé de criticar, Alerta Económica, que dirige con solvencia Jorge Chávez Álvarez. Y como es muy importante para el Perú, el boletín Travel @l Día, sobre turismo, editado por Dogma Comunicaciones y transmitido por Carlos Canales Rojas, vía Ministerio de Relaciones Exteriores. Estamos, pues, al día. Lo único que nos hace falta adicionalmente es que nos envíen de vez en cuando un tacu-tacu electrónico. Aunque a veces llega alguna noticia que se le parece.

    Mario Vargas Llosa antes de escritor fue periodista, profesión que no ha abandonado del todo de acuerdo con lo que hemos comprobado en la semana anterior, en la que publicó una serie de artículos, un reportaje en verdad, sobre el Irak actual, que es la más amplia información que hayamos podido tener acerca de la realidad en ese país invadido -y en verdad liberado. Como si fuese un joven periodista o reportero, MVLl tuvo el coraje y casi diríamos la audacia, de llegar a Bagdad acompañado de su hija Morgana, con quien compartió él como periodista nada bisoño y ella como reportera gráfica novel pero igualmente valiente, la aventura de hacer esa visita voluntaria al infierno para hacernos conocer los pormenores que la televisión hasta ahora viene ocultando. Con 50º y soportando toda clase de penurias, como la falta de lo elemental, como es la luz, el aire acondicionado, las comodidades a las que su profesión de escritor lo ha hecho acreedor, Mario Vargas Llosa nos ha puesto al tanto, casi con lujo de detalles, lo que sucede en ese país al que el perverso Sadam Hussein sometió a la más feroz de las dictaduras. No sé si la serie completa será reproducida por esta revista. Ojalá que así sea, para beneficio de sus lectores.

    En busca de escapar del calor que se ha vuelto insoportable (dicen los veteranos de Madrid que desde hace 20 años no había tanto) (¡y tenía que tocarme a mí, ahora!), fui hace unos pocos días a un Polideportivo, que son esas instalaciones públicas abiertas a todos que hay en esta ciudad, en las que uno puede ir a practicar todos los deportes que se le ocurra pagando apenas 2 euros y medio si uno tiene menos de 65 años y 0.85 si más, en las que hay piscinas para todas las edades, con piso con un fondo de 10 cms. para los niñitos, de 1.40 para los que no saben nadar muy bien y normales para los que sí. Antes de introducirme a una de ellas (¡adivinen!), me puse a tomar sol y mirar a otras personas que hacían lo mismo, cosa que lamenté porque allí perdí una vieja afición de voyeur que me ha acompañado toda mi vida, porque no tiene ninguna gracia mirar tantas mujeres luciendo sus atributos sin soutien, cuando lo decente es dedicarse a adivinar lo que hay debajo, cosa que hace todo voyeur que se respete. Así, luciéndose sin decencia alguna ¡cualquiera pierde la afición!. Y más si a los atributos de algunas los ha vencido ya definitivamente la ley de la gravedad. A esas piscinas, como a La Molina, no voy más.

    Me da mucha pena decirlo, pero España parece haberse contagiado de un mal peruano: el transfuguismo. En los últimos meses, desde que dos miembros de la lista del PSOE se ausentaron de una votación decisiva para elegir el presidente de la Comunidad de Madrid, luego de las elecciones municipales y autonómicas del 25 de mayo, produciendo un calculado caos político en la capital, que aún perdura, los casos se han venido repitiendo como en una epidemia. Ahora le ha tocado a la localidad veraniega por excelencia de Marbella, en la que los concejales se turnan para traicionar a los partidos que los eligieron. Nosotros los peruanos ya tenemos consuelo: era verdad eso de que en todas partes se cuecen habas.


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