Edición Nº 1784


 

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    ARTICULO

    7 de agosto de 2003

    La Ley del Deseo
    Parejas homosexuales quieren legalizar su unión. El Vaticano les declara la guerra.

    Rodrigo Vecco y Bernardo Nieuwlane son pareja. Están unidos por el amor y la construcción de una democracia en paz. Der.: Para la Iglesia Católica, las uniones entre homosexuales son inmorales.

    LA ley no puede impedirle a Rodrigo amar a Bernardo o a Cecilia amar a María. La Iglesia Católica tampoco. Por eso el bolondrón armado por la comunidad gay en todo el mundo, luego de la condena hecha por Juan Pablo II a la legalización de las uniones entre parejas del mismo sexo.

    En las Consideraciones acerca de los proyectos de reconocimiento legal de las uniones entre personas homosexuales, documento firmado por el cardenal Joseph Ratzinger hace menos de un mes y hecho público por el propio Papa, se puede leer claramente qué es lo que le preocupa al Vaticano: la cantidad de países en los que se ha concendido o se tiene la intención de conceder reconocimiento legal a las uniones homosexuales, que, en algunos casos, incluye también la habilitación para la adopción de hijos.

    El detonante tiene que haber sido la reciente unión civil -no fue matrimonio- de una pareja gay en Argentina, la primera en Sudamérica.

    Al respecto, el doctor Enrique Versi Rospigliosi, especialista en derecho familiar y genético, da las siguientes precisiones. "En primer lugar -dice él- debemos entender que hay países en los cuales está legitimado el matrimonio entre personas del mismo sexo y sus efectos son exactamente iguales a los de un matrimonio heterosexual". Es decir: generan una sociedad ganancial, tienen derecho a heredar, a llevar el apellido de uno de los cónyuges, a los alimentos y a adoptar un hijo. El último de los países en incorporar esta figura integral, completa, rotunda, en su Código Civil, ha sido Bélgica. Ya lo habían hecho: Dinamarca, Suecia, Holanda, Noruega, Alemania, Canadá, Islandia, Gran Bretaña.

    "En otros países -continúa Versi- también está permitido el matrimonio entre los homosexuales, pero éste no tiene la fuerza y validez que el heterosexual. O sea, se habla de un supuesto matrimonio sólo para efectos económicos, de beneficios sociales o alimentos". Esta modalidad se ha generado en algunas regiones autónomas de España como Andalucía y Cataluña.

    La identidad homosexual se manifiesta con más libertad en Occidente. En Africa y Asia hay países que la condenan con la pena de muerte.

    Sin embargo, la mayoría de países que van por la recta de la legalización familiar de la homosexualidad han consagrado "las uniones civiles", Aquellas figuras jurídicas que se asemejan a la convivencia. Es el caso de Argentina. "Allí lo que se ha hecho es crear un registro para que todas las personas que hacen pareja o vida de familia se inscriban como tales, con el propósito de cautelar su patrimonio económico y sus beneficios sociales". Esto es lo que ocurrió en Francia a principios de los noventas con el denominado "pacto civil". Por lo tanto, no se puede decir que en Argentina se realizó la primera "boda" gay de Sudamérica. Hubo una celebración con todo y alcalde, es cierto, pero fue una celebración del acto de inscripción, no del matrimonio.

    Ahora bien, esto demuestra que existe la necesidad de los homosexuales de verse reconocidos por la ley y, en muchos casos, ellos demandan a los jueces porque son discriminados. Es así, por ejemplo, que surgió, en 1970, una gran sentencia en Hawaii que declaraba como inconstitucional toda ley que impedía el matrimonio entre homosexuales. Lo mismo sucedió en Vermont (USA), en el 2000. "Ultimamente -añade el abogado- la Corte Suprema de los Estados Unidos ha sentenciado, también como inconstitucionales, todas las leyes que impidan el matrimonio entre personas del mismo sexo".

    En el Perú el tema, aunque muchos prefieran obviarlo, también se ha discutido. El primer y único proyecto de ley que planteaba una figura similar a la adoptada en Argentina, fue presentado por el doctor Julio Castro, ex decado del colegio Médico, en 1993, cuando era miembro (por el Movimiento Democrático de Izquierda), del Congreso Constituyente Democrático. "Se estaba debatiendo -dice el doctor Castro- la elaboración de la nueva Constitución y la Comisión de salud, población y familia a la que yo pertenecía presentó el proyecto en el que se proponía el reconocimiento de las parejas homosexuales, siempre y cuando no tuvieran inconvenientes legales". Este, no prosperó.

     

    César Cigliutti y Marcelo Suneheim primera pareja gay argentina que legaliza su unión.

    Y, claro, el asunto volvió a removerse en la Comisión de Reforma de la Constitución. "Había un artículo -explica el abogado Enrique Versi- que decía que toda persona tiene derecho a acceder al matrimonio. Ese artículo fue el debatible". Finalmente, primó el principio de heterosexualidad.

    CARETAS quiso conocer la opinión sobre este tema de algunos de nuestros congresistas. Sólo obtuvo la respuesta del congresista del Apra, Mauricio Mulder y varios off de records con un tono muy similar al del Vaticano. Según Mulder la legalización de las uniones entre homosexuales no "representan un clamor ciudadano". "Considero -afirma Mulder- y esa también es la posición de mi partido, que una cosa son los derechos individuales y personales y otra, que esos derechos generen efectos de carácter familiar. Estoy en contra de la legalización".

    Para Enrique Versi, lo realista, lo pragmático en este país, sería regularizar las relaciones humanas en general. "Dentro de esas relaciones -enfatiza- están las de los homosexuales". Y sigue: "Resulta injusto que se reconozca la convivencia de varón y mujer (después de dos años de concubinato, según la ley) y que no se permita que las parejas de homosexuales vean, por lo menos, protegido su patrimonio". "Tenemos que reconocer -finaliza- que el matrimonio es sólo entre hombre y mujer".

    Por su parte, Rodrigo Vecco (23), y Bernardo Nieuwlane (22), jovencísima pareja gay, estudiantes de la Universidad Católica y fundadores del colectivo "Paréntesis", consideran que la Iglesia debería ocuparse de asuntos más trascendentes que condenar la unión de las parejas homosexuales. "El hambre en el mundo, por ejemplo". (Teresina Muñoz-Nájar).

     


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