Edición Nº 1780


 

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    ARTICULO

    10 de julio de 2003

    Paginas 26 y 27 de la edición impresa.

    Toga en boga. De vuelta a Stanford, Eliane Karp revisitó su discurso de inclusión y exclusión de los indígenas en Perú. Arriba, camuflada de shipiba militarizada, al lado, toque moche recibiendo el Premio Bartolomé de las Casas en Sevilla. Abajo, Tititanic en guiño hollywoodense, ñusta "sana y sagrada", chalana con chakana en Concurso de Caballos de Paso y orejona para oír mejor a asesores palaciegos.

    Togas las Sangres
    El academicismo antropológico de Eliane Karp
    la hace recorrer el vestuario nacional en aras de la
    investigación bien remunerada.

    EL alma filantrópica de las personas se conoce tanto por sus acciones, como por sus intenciones. La renuncia de la Primera Dama, Eliane Karp a la presidencia de la Comisión Nacional de Pueblos Andinos, Amazónicos y Afroperuanos (Conapa), cargo que desempeñaba ad honorem y del cual se desembaraza con la insólita excusa de dejarlo a "un ciudadano de origen indígena o afroperuano", es una prueba de ello. Sobre todo porque lo hace con un contrato con la Corporación Andina de Fomento (CAF) por US$ 48 mil bajo el brazo. Sin embargo, también es cierto que el mundo de la política es el mundo de la imagen. Y en esto la Primera Dama demuestra un eclecticismo sin límites. Así como opta por el trabajo remunerado en vez del honorario, muta de indumentaria de acuerdo a la coyuntura con una versatilidad que sólo se le recuerda, salvando las diferencias, al prófugo japonés. Así, el salto de la Conapa a la CAF tiene maravillosa analogía en aquel camaleónico sentido de la moda que la ha llevado a ser desde una presta chalana a estar camuflada como el mejor shipibo militarizado, pasando por el look "orejona" o la estampa de ñusta.

    Como no es secreto, la performance política de Eliane Karp resta puntos a la escuálida imagen presidencial. Pero su caso no es el único ni mucho menos. La tendencia "fuerte" de las Primeras Damas latinoamericanas tiene su mayor concreción en Marta Sahagún, esposa de Vicente Fox, presidente de México. A ella, que coincidentemente mantiene una gran empatía con Karp (en su visita a nuestro país acordaron realizar "una muestra en la que las dos culturas puedan fusionarse alrededor del tema del rol de la mujer en la cultura precolombina" -sic-), se le denomina "La Jefa", producto de una polémica biografía escrita por la periodista argentina Olga Wornat. Pero eso no es todo, la fundación de Sahagún, "Vamos México", equivalente perfecto del infausto "Pacha por el Cambio", fue investigada a comienzos de año por el presunto delito de haber sido beneficiada por irregulares fondos federales para la edición de guías educativas.

    Otro caso ilustrativo es el sucedido en diciembre pasado con Cherie Blair, cónyuge del Primer Ministro británico, quien utilizó a un estafador australiano, Peter Foster, tres veces encarcelado, para obtener un descuento de 107 mil euros en la compra de dos apartamentos en Bristol. El 70 % de los ingleses consideró que el hecho no era ilegal, pero el 50 % determinó que el acto era inmoral, y el 88 % la calificó de irresponsable.

    Pero para Primeras Damas que provoquen reacciones encontradas, está Ana Botella, esposa del presidente español José María Aznar, quien generó arduos debates internos en el seno del partido gobiernista, el Partido Popular (PP), al ser nombrada como tercera integrante de la plancha a la alcaldía de Madrid, saltándose a políticos de carrera del partido. Otra perla de la Botella se suscitó alrededor de declaraciones en las que acusaba a los partidos socialistas de haber silenciado la violencia de género, cuando desde el gobierno de Aznar, según cálculos de movimientos feministas hispanos, se habían producido más muertes por violencia doméstica que en los 15 años anteriores. Aquella irreverencia de Botella rivaliza con la famosa calificación karpiana de "partiduchos" a los partidos peruanos, sólo refrendada por otro outsider del sistema, el etnocacerista Antauro Humala.

    Luego, sobra decir que en la carrera por la reivindicación del rol mundial de Primera Dama no se encuentra sola. Pero ¡vaya compañías! (Jerónimo Pimentel).

     


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