Edición Nº 1776


 

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    ARTICULO

    13 de junio de 2003

    Pol Pot y Guzmán: Almas Paralelas
    Si hubiera llegado al poder, el peruano habría practicado un genocidio a gran escala.

    El fundador de Sendero Luminoso mandaba matar, pero nunca empuñó el fusil para combatir.

    Escribe CESAR LEVANO

    LA crueldad de Pol Pot, el jefe de los jemeres rojos de Kampuchea que organizó la matanza de dos millones de sus compatriotas (en una población que era de seis millones), no debe de haber causado envidia a Abimael Guzmán. A su vez, las hazañas y propósitos de Guzmán no hubieran alterado los nervios del maoísta asiático.

    Se hubiera éste relamido de gusto al leer frases del fundador de Sendero Luminoso pronunciadas en la reunión de dirigentes y cuadros del senderismo realizada el 23 de marzo de 1986. La Comisión de la Verdad ha espigado algunas de esas peroratas:

    "Hay que inducir al genocidio. Ese es el acuerdo de la IV Plenaria. Y eso no es propiciar la muerte, porque es la reacción la que la lleva todos los días. Hay que volarles su plan. Cuanto más volemos su plan: ¡aplicarán genocidio!".

    "Golpe a Centromín (empresa del Estado). Paro de la producción, eso es lo que necesitamos. Sabotear, entorpecer, entrabar la economía... ¡está bien haber aniquilado a esos traficantes (se refería a dirigentes sindicales victimados)".

    "Sobre las SAIS (Sociedades Agrícolas de Interés Social), que no las vuelvan a parar. En cuanto a los pastos, romper cercas y matar el ganado... las partes que no podemos invadir ¡hay que quemarlas! Si se encuentra al administrador, ¡colgarlo!". "¡Se ve mucha benignidad en la lucha, porque los compañeros ven personas, cuando el problema es ver clases!".

    Claro que hay una diferencia de grado entre ambos personajes. Guzmán nunca capturó el poder, y por eso no pudo desplegar todo su potencial. Pero veía lejos. Lo demuestran estas frases en la misma reunión de 1986:

    "En Ayacucho hacer una lista de dirigentes del Apra. Ver el papel siniestro de la IU. Si tenemos ocasión de agarrar a esos diputadillos, colgarlos, y que grite la IU. Si vuelve Tincopa, se lo vuelan, no así a Diez Canseco. Cada cosa tiene su momento".

    El jefe de los jemeres rojos asesinó en la ciudad y el campo. Al lado: huellas de su acción.

    Notable diferencia entre los dos sujetos es que Pol Pot combatió personalmente al mando de una guerrilla pequeña, que en 1970 tenía cuatro mil miembros, la cual creció hasta un total de cincuenta mil en 1975, momento en que tomó la capital del país, Pnom Penh. Entonces empezó a arrojar a todos los pobladores de la ciudad: él, que había estudiado ingeniería electrónica en París, creía que la urbe corrompe. Y a los corrompidos, claro, hay que matarlos.

    Guzmán nunca empuñó las armas. No mataba, pero mandaba matar. Por eso Oscar Ramírez Durand "Feliciano" llamó cobarde (CARETAS 1767) al jefe que se refugió en la comodidad de un barrio burgués, en una urbe que hubiera asqueado a Pol Pot.

    Notable es que Guzmán iniciara su "guerra popular" quemando ánforas electorales, cuando tenía ya 46 años de edad. Pol Pot empezó en las lides violentas antes de los 30 años.

    Una diferencia curiosa entre el peruano y el kampucheano cobra actualidad. Guzmán inició su práctica política reclutando maestros. Pol Pot, en cambio, juntó a monjes y maestros para ejecutarlos en masa.

    Guzmán aseveraba haber emprendido una guerra popular que iría del campo a la ciudad. Pero su ocaso empezó cuando se dedicó a atropellar y masacrar campesinos. El punto más alto de sus desmanes en el campo -ordenados desde una ciudad probablemente- fue la matanza de Lucanamarca.

    El propio Guzmán lo recordó así en la llamada "Entrevista del Siglo": "A fines del '82 ingresan las Fuerzas Armadas formando mesnadas... Frente al uso de mesnadas y la acción militar reaccionaria respondimos con una acción: Lucanamarca, ni ellos ni nosotros la olvidamos, claro, porque ahí vieron una respuesta que no se imaginaron, ahí fueron aniquilados más de 80, eso es lo real... fue la propia Dirección Central la que planificó la acción y dispuso las cosas".

    El epílogo de tan siniestros personajes es diverso. Pol Pot murió en 1997, cuando purgaba arresto domiciliario perpetuo en una choza. Guzmán cumple prisión perpetua en la Base Naval del Callao, y ya no goza de las visitas, gollerías y presentes de que disfrutó bajo Fujimori y Montesinos.

     


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