Edición Nº 1775


 

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    MAL MENOR
    5 de junio de 2003

    Por JAIME BEDOYA
    La Gesta DEL GESTO

    HACE algunas semanas el presidente Toledo visitó Caretas. Gesto importante, en algunos aspectos comparable al que si un toro visitara el Museo de Acho. Haciendo honor a uno de sus lemas de gobierno, déjenme trabajar, ese día no cambié el habitual buzo-pijama óptimo para los cierres, por la políticamente correcta combinación de saco y corbata. Pero eso es lo adjetivo, como diría Belmont si alguien le preguntara por qué firma un libro que no ha escrito1.

    Habiéndome referido al Presidente y a su desesperante estilo de gobierno en alguna oportunidad2 y en tiempos en que era bastante más popular que ahora, resulta justo dar un modesto testimonio: El Presidente fue tolerante ante las observaciones y paciente frente a las críticas. Más de uno nos quedamos con la impresión de que si así fuera siempre tal vez otras serían las encuestas. En persona despierta mucho más simpatía y solidaridad que en su engolada y dubitativa versión pública. Esta última imagen suya es la que el 80 % del país ya no soporta.

    Construir esta animadversión no ha sido trabajo de un día. Ni proeza exclusiva de la teoría conspirativa de turno que el ministro Solari ofrece en sus articulados soliloquios autistas. Toledo empezó a hacerse daño a sí mismo al aceptar un sueldo de 18 mil dólares. Las descabelladas justificaciones al respecto, carentes de toda sensibilidad respecto a la traumática historia reciente del país, marcaron la pauta de lo que sería una mecánica del autosabotaje que se ha mantenido inalterable hasta la fecha: hace una semana el Ministro de Educación (sic) explicó en plena huelga magisterial que la promesa de duplicar el sueldo de los maestros la había hecho el candidato Toledo, no el presidente Toledo. Este educador innato nos ilustraba, posiblemente sin saberlo, con el silogismo esquizofrénico detrás de la impopularidad presidencial: el candidato Toledo habrá ganado la elección, pero el presidente Toledo se ha encargado de perder casi todos sus votos.

    El rosario de despropósitos que se han desarrollado bajo este esquema vicioso es harto conocido. Si no se trata de una nueva sinvergüencería de un ex ministro fujimorista que ahora es congresista del partido de gobierno (re sic), es otra pincelada de costumbrismo político peruposibilista. Como aquel último episodio de la muy respetable señora guisandera que hoy en día es Directora de Gobierno3. Tremendo anticucho que es triste metáfora e histórico pleonasmo.

    Este gobierno encarnaba aluvionalmente una recobrada esperanza étnica, democrática y social. No podía ser un gobierno mas. Cada paso en falso del Presidente ha sido un salmo de la letanía con que es invocado el repugnante espectro fujimorista. Este aún pena en la Matusita moral en que la autoestima nacional quedó convertida luego de su paso prófugo por la nacionalidad peruana.

    El estado de emergencia es la consecuencia funcional de un gobierno en emergencia, antes que de una carretera bloqueada. Con un desmoralizado pero artillado ejército cuidando el orden público a balazos, una multitud renuente a respetar una autoridad que considera débil, y la irresponsable intransigencia de organizaciones que quieren aprovecharse de la situación a cualquier precio, ahora cada patinada ya no sólo se paga en las encuestas sino con vidas humanas, tal como lamentablemente ya ha sucedido en Puno. Ahí, siguiendo la mecánica antes mencionada, lejos de reconocer excesos se han exacerbado aún más los ánimos tratando de justificar la inexistente proporcionalidad entre balas y piedras.

    La plata no alcanza, la capacidad personal tiene limitaciones, y la ensoñación de ejercer el poder4 ya se enfrentó a la complejísima realidad de gobernar este país. Durísima lección que debería ir siendo cobrada por adelantada a aquellos presidenciables de salón que ya van por los cocteles ensayando poses prepalaciegas. En este estado de cosas se recupera el valor del gesto y la importancia del símbolo. (Reconocer a su hija no significó un aumento de sueldo para nadie y sin embargo le proporcionó el más alto techo de aceptación de su gobierno.) Claro, ahora que está en el suelo, está de moda despedazar a Toledo. Curiosamente muchos de estos críticos sufrieron de oportuna miopía cuando acercarse al Cholo era codearse con el poder. Sin embargo señales honestas de voluntad y decisión facilitarían la tregua social necesaria para evitar que se cumpla la advertencia infernal del ministro Silva Ruete.

    La reunión con el Presidente fue off the record. Nada de lo que ahí se dijo puede ser atribuído a alguien. Paradójicamente este pacto de honor permite referirse a una pregunta que se le hizo pero no respondió. O mejor dicho que el vicepresidente pidió responder por él, argumentando vaguedades que aún así están protegidas por la confidencialidad. Lo frustrante es que Toledo parecía interesado en responder. Estaba a punto de hacerlo cuando fue interrumpido, y tenía en la mirada ese brillo propio de quien o está a punto de mandarte al diablo o tiene algo en mente. Es más, pasado un rato quiso volver a ella pero alguien llegó y se pasó la oportunidad. La pregunta en cuestión no era nada extraordinaria, sólo simple interés ciudadano: ¿qué gesto podría realizar para recuperar la confianza de quienes lo eligieron?

    Hasta el momento no ha habido mucho. Ni admisión de errores, ni recorte de sueldo, ni recambio de ese asfixiante entorno que lo desinforma y utiliza para cercar feudos personales. Al menos no ha hablado demás. Pero parece que en esta oportunidad el sabio refugio del silencio no basta. El Presidente debe saber que hay más gente de la que él imagina, o dicen las encuestas, aún confiando en un gesto suyo.

    ___________
    1 "Pastillas Para Levantar la Moral" (© 2002 Ricardo Belmont Cassinelli) es un libro de 276 páginas. Cuatro de ellas son una presentación firmada. Otras seis están firmadas por RBC. Seis más corresponden a un discurso de su padre. Las doscientas cincuenta y cuatro restantes son una colección de frases célebres de hombres notables, proverbios nacionales, y dichos anónimos, algunos de innegable autoría errebecista: "El movimiento feminista no me disgusta para nada, especialmente el de caderas".

    2 CARETAS # 1660, 1664, 1672, 1674, 1688, 1694, 1700, 1711, 1713, 1719, 1727, 1750, 1752, 1765, y 1769.

    3 Reportaje de Catherine Lanseros en Cuarto Poder.

    4 Recuérdese el enunciado toledista "Quiero ser Presidente, Voy a ser Presidente".


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