Edición Nº 1775


 

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    ARTICULO

    5 de junio de 2003

    Muchos Maestros
    Sacan Mala Nota

    En un país con 120 mil docentes desempleados y que cada año añade 10 mil más a esa legión.

    En zonas rurales y conos de Lima ser maestro es un sacrificio. Pero muchos empañan la función. Der.: Nilver López (37, ancashino), secretario general del Sutep, encarna una línea que el año pasado boicoteó la evaluación de maestros. Al lado, ministro Gerardo Ayzanoa.

    HAY virtual consenso sobre lo justo de los reclamos salariales de los maestros. Pero en la pizarra de la realidad se pinta también un problema de fondo: el bajo nivel de la mayoría de los educadores.

    Es una lástima que el Sindicato Unitario de Trabajadores en la Educación Peruana (Sutep) eluda ese problema, y que más bien se oponga a una evaluación seria del magisterio, con la idea de que el criterio clave para realizarla debe ser la antigüedad. En prensa, radio y televisión dirigentes del Sutep han venido sosteniendo que cualquier otro método de medir la calidad magisterial es elitismo.

    El resultado de esa complacencia no puede ser más cruel: mala formación de niños y adolescentes de los sectores más desprotegidos. Es decir, pésima preparación para la vida y el trabajo. Mantener eso y contribuir a agravarlo no tiene nada de revolucionario. Es contrario a los más pobres y, por lo tanto, resulta reaccionario.

    Parece un chiste de mal gusto, pero en la evaluación que el año pasado se realizó para nombrar maestros hubo profesores de historia de Educación Secundaria que confundían a los personajes de nuestra independencia con los de la Guerra del Pacífico. Como escribió Marx en sus tesis sobre Feuerbach, "el educador mismo necesita ser educado".

    Con maestros de ese nivel se explica por qué el Perú ocupa el último lugar en matemática y el penúltimo en lectura entre los estudiantes de América Latina.

    Recuérdese que sólo el seis por ciento de los alumnos del sexto grado de primaria logró aprobar las pruebas de comprensión de lectura que el Ministerio de Educación aplicó en el año 2001. El dos por ciento pudo comprender un mensaje si es que combinaba texto escrito e imagen.

    Con esos rendimientos, ¿podrán esos futuros adultos competir con éxito en el estudio y el trabajo, en el desarrollo de sus facultades intelectuales y el esfuerzo por sacar del hoyo al país?

    Una saludable angustia debería estremecer el ánimo de los dirigentes magisteriales, hoy en lucha por aumentos de sueldos y por otras reivindicaciones gremiales.

     

    Un exceso al que hay que poner freno, por el bien del país y de los maestros. De los que egresen, diez mil se quedarán en la calle. Der.: En realidad, en el Perú sólo se dictan 420 horas de clase en urbes. En Chile tienen 1,370.

    Otro tema penoso es el de las horas de clases por año. Las cifras de la UNESCO consideran para el Perú 900 horas en primaria y 900 en secundaria. La cifra no corresponde a los hechos. Estudios muy serios indican que en el área urbana sólo se dictan 420 horas de clase al año en primaria y en secundaria. En las áreas rurales, el número es escalofriante: 250 horas al año.

    En estas últimas, es frecuente que el maestro viaje el fin de semana a su ciudad de residencia. Parte el viernes y regresa el lunes en la tarde. Cuando de cobrar se trata, y puesto que los centros de pago son remotos, el maestro parte el jueves y regresa el lunes por las tardes. Como dijo un poblano: "acá sólo tenemos maestros de miércoles".

    En el área rural no se justifica, además, el horario de sólo medio día. Este fue introducido en el primer gobierno de Fernando Belaunde Terry para las zonas urbanas, a causa de los déficit de locales, instalaciones e incluso servicios higiénicos. No es siempre el caso en el campo. Allí, de acuerdo a las posibilidades locales, debiera reimplantarse el horario corrido.

    Eso exige, con toda seguridad, estímulos adicionales para los maestros rurales. Es sabido que desde hace mucho tiempo sobran profesores en las urbes, pero faltan en el campo. En el casco urbano de la Lima tradicional sobran maestros, faltan en los conos.

    Hay que recordar que los sacrificados que van a zonas rurales sólo reciben una prima de 45 soles al mes. En Colombia, a los maestros rurales, para efectos de la jubilación, se les computa cada año de servicios como año y medio. Por eso, allá en esas comarcas enseñan hasta doctores en educación.

    Téngase presente que actualmente estudian para maestros un total de 152,827 jóvenes: 55,379 en institutos superiores pedagógicos públicos y 59,548 en privados, y 37,900 en facultades de Educación universitarias, públicas y privadas.

    De todos esos centros egresan cada año más de 18,000 estudiantes. Pero las necesidades anuales de maestros son sólo de 7,950.

    Y, como si fuera poco, hay 120 mil maestros titulados sin trabajo.

    También éste es un problema que exige seria consideración de autoridades, centros pedagógicos, maestros y padres de familia. Máxime si se sabe que el 57 por ciento de los estudiantes limeños que estudian Pedagogía pertenece a familias del estrato más pobre en la distribución del ingreso y que el 40 por ciento manifiesta no tener vocación para enseñar, o tenerla muy débil. Quieren ser profesores, dicen, porque es una carrera barata, de fácil empleo y pocas horas de trabajo. Para otros, en la esfera pública y privada, el formar (o malformar) maestros suele ser un buen negocio.(César Lévano).

     

     


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