Edición Nº 1775


 

  • Portada
  • Nos Escriben...
  • Mar de Fondo
  • Heduardo
  • China te Cuenta...
  • Ellos & Ellas
  • Culturales
  • Caretas TV
  • Lugar Común
  • Piedra de Toque
  • Artes y Ensartes
  • Mal Menor
  •  

     

     

     

    ARTICULO

    5 de junio de 2003

    Paginas 18 y 19 de la edición impresa.

    En pantalla. Aunque reconoce limitaciones, ministro Loret de Mola saca la cara por los miembros del Ejército.

    Las Lecciones de Puno
    Si no se aprenden, el Gobierno puede perder el control y la brújula.

    "Cada uno tiene que asumir su parte de la factura", dice en su despacho el ministro de Defensa Aurelio Loret de Mola. "El gobierno también". Quizá es mera impresión, pero sus ojeras características parecen haber ganado volumen durante los últimos días. "Estoy durmiendo poquísimo", reconoce al fin. "No sólo me siento responsable, es que soy responsable de lo que está sucediendo".

    Aquello que está sucediendo tuvo su punto más bajo con la muerte en Puno del estudiante universitario Edy Quilca Cruz (22) la mañana del jueves 29 último. Las fotos y vídeos difundidos por prensa escrita y televisiva en los días siguientes fueron crudamente elocuentes. Una vez más, el país era testigo de que la vara se quebraba por el lado más débil, en este caso estudiantes de la Universidad Central del Altiplano que salían a protestar tras dos días de estado de emergencia. Y el destino fue todavía más cruel con Quilca. Según relataron a CARETAS algunos de sus condiscípulos en Puno, este joven siempre renegó de las marchas y la radicalización política en las universidades. A las 9:15 de la mañana, una bala de fusil FAL atravesó los cuadernos y el cuerpo de Quilca.

     

    Se adoptaron posiciones de "tirador": de pie y de rodillas. Al lado, según el ministro los estudiantes "emboscaron" a la patrulla.

    PANDEMONIO
    EN PUNO

    Según la información que CARETAS recogió en Puno, la protesta en la Universidad fue alentada por el Frente Amplio Estudiantil (FAE) y, en menor medida, por miembros de Sentimiento Estudiantil Reformista (SER, un movimiento con posible influencia de Sendero Luminoso). A las siete de la mañana del jueves 29 estaban reunidos unos 60 alumnos dentro del campus. El centro de estudios fue cerrado desde el exterior por miembros del FAE. Quienes llegaban dispuestos a tomar sus clases quedaron esperando en la calle. Al cabo de una hora, eran cientos y constituían la mayoría.

    Alrededor de las 8:30 llegaron tres patrullas combinadas con miembros del Ejército, Marina y Policía. Se emplazaron en la entrada principal de la avenida Floral y en total eran unos 120 efectivos. El comandante EP José Bravo Mendoza, jefe del operativo, solicitó a los estudiantes acatar el estado de emergencia y disolverse. La respuesta fue negativa. Bravo llamó al general Carlos del la Melena Mariátegui, jefe militar de la división de Puno, para informarle de lo sucedido. Faltaba poco para las nueve de la mañana.

    Según los estudiantes, Bravo dio la orden intempestiva de soltar los gases lacrimógenos luego que un representante universitario le explicara la naturaleza pacífica de la protesta. En lugar de dispersarse, los estudiantes respondieron a piedrazos. La Policía se habría retirado luego que la joven Deycy Rodríguez (17) fuera herida de bala en una pierna. Minutos después el joven Quilca fue herido de muerte. El enfrentamiento cesó aproximadamente a las 11 de la mañana y tres horas después se produjo otro choque en la Plaza de Armas. El total de heridos registrados fue de 46, 19 de ellos de bala.

    Fuentes militares consultadas afirmaron que la desgracia de Puno se debió al entrenamiento deficiente de la tropa y al mal desempeño del comando. Para Loret de Mola, en cambio, "se cumplió a cabalidad el reglamento general de guarniciones donde todas las formas pacíficas se deben emplear primero. Hay una cantidad de conversaciones para poder despejar la avenida Floral, después el cargador frontal es apedreado y se produce un enfrentamiento con gases lacrimógenos y después de eso se rodea a esta patrulla mixta y se producen los dolorosos hechos que terminan con la vida del joven Quilca. Aquí hubo otros pasos intermedios como disparar al suelo y a edificios. Finalmente, para salir de la emboscada dispararon a los miembros inferiores".

    Con la distancia que otorgan algunos días, Loret de Mola reconoce errores. Para evitar experiencias como ésta hay que separar a la Fuerza Armada de los manifestantes. "Tenemos que hacer lo posible para organizar operativos capaces de enfrentar una muchedumbre tan grande como la que hubo en este caso", dice. "Se previó un enfrentamiento fácil de disuadir con bombas lacrimógenas y terminó siendo un acorralamiento en medio de una turba de más de dos mil personas".

     

    Gobernador David Jiménez y algunos de cientos de casquillos FAL encontrados en la zona.

    LA EMERGENCIA EN NÚMEROS

    El ministro de Defensa justifica la adopción del estado de emergencia, "dado el bloqueo de 64 puntos en carreteras de todo el país y los extremos increíbles como el apedreamiento de una ambulancia que iba a salvar a un niño". A pesar de ello observa que "a mí no me gusta esta situación y tampoco le gusta a las Fuerzas Armadas, ésa no es su función sino una medida que ha tenido que aplicarse".

    Una opción que, recordaron algunos en los últimos días, fue casi un estado natural entre los años 1980 y el 2000. Fernando Belaunde le echó guante al estado de emergencia en 49 ocasiones y Alan García lo convocó en 98 oportunidades. Alberto Fujimori campeonó, con 203 estados de emergencia en su primer período y 139 en el segundo. En 20 años, tuvimos 489 declaratorias del estilo. En su espurio e interrumpido tercer período, Fujimori se dio maña para aplicar la medida una sola vez. Hasta el momento, Alejandro Toledo se limitó a ella el 16 de junio del 2002, durante los desórdenes en Arequipa.

    Lo que esos gruesos números pasan por alto es que la presente es apenas la tercera vez que el estado de emergencia se aplica a nivel nacional. Todo el resto de ocasiones tuvo carácter departamental y focalizado. La primera vez, en 1983, el presidente Belaunde le dio el control del orden interno al Ministerio del Interior. Al año siguiente, cuando se decretó el segundo estado de emergencia a nivel nacional por causas de terrorismo, pasó a manos de las Fuerzas Armadas.

     

    Edy Quilca, la víctima, al parecer, poco entusiasta de las marchas de protesta y el radicalismo. Der.: General Carlos de la Melena tuvo encuentro con Comisión del Padre Gastón Garatea.

    SANABRIA EN REMOJO

    De hecho, como lo advirtió CARETAS 1774, el artículo 138 de la Constitución le da una opción abierta al primer mandatario: "en estado de emergencia las Fuerzas Armadas asumen el control del orden interno si así lo dispone el Presidente de la República". Toledo consideró que la Policía había sido desbordada y los insistentes rumores de una huelga policial contribuyeron a apartar ese cáliz del despacho del ministro del Interior, Alberto Sanabria.

    Como resultado, la Policía pasaba, a este respecto, bajo el mando de la Presidencia del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas. Es decir, el general EP Víctor Bustamante y por ende el ministro Loret de Mola. Altas fuentes consultadas tanto al interior de la PNP como del Ejército coincidieron en afirmar que no se trató de la unión más perfecta. Importantes sectores policiales no vieron con agrado pasar a ser tutelados por los militares y la coordinación fue, en palabras de un especialista, "desastrosa". A eso hay que agregar el estilo del ministro Sanabria, quien desde que asumió el cargo dejó en claro que la institución tendría una autonomía que iba en contravía de la subordinación al poder civil (CARETAS 1757).

    En la actualidad la PNP se encuentra encabezada por el general Eduardo Pérez Rocha. Si bien él es un elemento profesional, hay seis generales con mayor antigüedad bajo su mando. A esa situación naturalmente conflictiva se le suma la falta de liderazgo del ministro y estamos frente a un escenario interno en el que las intrigas y pequeñas conspiraciones son más frecuentes que el estado de emergencia durante el gobierno de Fujimori.

    Además de las consecuencias relacionadas con el debilitamiento político del Gobierno, el Ejecutivo enfrenta ahora la posibilidad de seguir perdiendo terreno en las reformas del sector de seguridad. Ya tuvo que echar marcha atrás en la decisión de poner a un civil frente al Consejo Nacional de Inteligencia. La reforma policial iniciada por los ex ministros Fernando Rospigliosi y Gino Costa hace agua (CARETAS 1773). Se escuchan ya las voces que reclaman a un militar retirado al frente de Defensa. Nos arriesgamos a manejar en reversa, en contravía de las tendencias continentales y, cómo no, de los propios planteamientos del gobierno. (Enrique Chávez. Con información de Rosa Bonilla).

     


    ../secciones/Subir

    Portada | Nos Escriben... | Mar de Fondo | Heduardo | Culturales | Caretas TV | Ellos & Ellas | Lugar Común | China te Cuenta Que... | Piedra de Toque |Mal Menor

    Siguiente artículo...

     

       

       
    Pagina Principal