Edición Nº 1775


 

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    ARTICULO

    5 de junio de 2003

    Con Lentes Políticos
    Salomón Lerner evalúa críticamente la responsabilidad de los tres ex Presidentes a los que les tocó enfrentar al terrorismo.

    Esta semana Lerner y la Comisión de la Verdad llevan a cabo un seminario con la presencia de personajes como el argentino Martín Balsa y el colombiano Antonio Navarro Wolff.

    SALOMÓN Lerner tiene dos secretarias. Una está a la entrada de su despacho en la Comisión de la Verdad y Reconciliación. La segunda opera en la Rectoría de la Universidad Católica. Lerner le hace honor a su nombre de pila y evita las diferencias entre ambas pacientes señoras. Opta por conciliar el alboroto de las dos agendas dentro de su propia, ordenada, cabeza.

    Esta semana Lerner se encuentra supervisando el seminario internacional De la Negación al Reconocimiento, realizado en el Museo de la Nación. La próxima estará al frente de las Sesiones Públicas de Balance y Perspectivas, que incluirá la presentación de vídeos con testimonios de Abimael Guzmán y Víctor Polay. El evento, en el que se ventilarán las responsabilidades de los subversivos, los partidos políticos y las Fuerzas del Orden, contará además con las intervenciones de los ex presidentes Alan García y Valentín Paniagua. Un par de días más tarde, el 16 de junio, Lerner viajará a Nueva York y Washington. Junto con otros comisionados se someterá a una maratón de reuniones durante cuatro días. Un sano lobby que busca, según documento de la Comisión, reforzar el "trabajo de impacto internacional con el fin de proveer información permanente a los que toman decisiones a nivel internacional". Entre muchos otros, sostendrán encuentros con Kofi Annan, secretario general de Naciones Unidas, Cesar Gaviria, secretario general de la Organización de Estados Americanos, Enrique Iglesias, presidente del BID, congresistas y representantes de las ONG con mayor peso en el hemisferio.

    A eso hay que sumarle entredichos como los de la semana pasada, en el que una agencia noticiosa le atribuyó a monseñor Santiago Antúnez de Mayolo, declarar que la Comisión tiene en su poder un audio que compromete directamente a Alan García en la matanza de los penales de 1986. Antes de negar por una vez más la existencia de tal cinta y zanjar definitivamente el tema, le ofrece al redactor un cigarrillo. Luego que éste se niega, Lerner enciende el suyo.

    -Las sesiones de la próxima semana tendrán un impacto político, aun cuando ello no esté entre los planes de la Comisión de la Verdad y Reconciliación.

    -Tenemos la esperanza de que los actores políticos invitados van a actuar con honestidad y no van a tratar de sacar provecho a las sesiones. No será un espectáculo ni un espacio en el que se puedan ventilar ignorancias o falsedades. Hay que verlo como un serio intento de legitimación ante el Estado. Hubo mucho debate sobre la decisión de hacerlo o no, porque pensábamos que, habiendo hecho las audiencias públicas con las víctimas, darle espacio a los responsables políticos resultaba de algún modo asimétrico. Sin embargo concluimos que debíamos hacerlo. No son audiencias públicas sino más bien de balance, reflexión y de revisión crítica.

    -A diferencia de las Audiencias, ¿no hay elemento de catarsis?

    -Podría haber catarsis para algunos de los sectores. De alguna manera explicar ante el país y ante su propia conciencia lo que hicieron. Y frente a la magnitud de los hechos de violencia que vamos a presentar como telón de fondo de sus intervenciones, será muy difícil que puedan dar una versión rosada de la responsabilidad que les toca. Hay años en los que los picos de muertos es muy grande, particularmente 1984 y 1989. Es difícil alegar ignorancias. El Presidente de la República está en la obligación de conocer lo que sucede en el país y de poner coto a los presuntos excesos del poder militar.

    -Las presiones políticas se van a sentir mucho más, de aquí a la entrega del informe final a mediados de agosto.

    -Es verdad que los políticos no nos deben mirar con mucha simpatía. La verdad es que nos va a caer palo de todos lados. Una vez que presentemos el informe final no vamos a ganar ningún concurso de popularidad. Pero lo importante es que después de que se calmen las aguas, eso sea usado para hacer justicia, para apoyar algunas reformas dentro del país. Esa es nuestra apuesta.

    La Comisión pidió una prórroga de un mes para presentar el informe final. El evento será a mediados de agosto y los diez tomos se entregarán a las cabezas de los poderes del Estado.

    -Hay mucho interés en el caso de Alan García. Hay quienes dicen que buena parte de la atención se va a trasladar a Acción Popular y eso puede favorecer al APRA. ¿Cree que eso se pueda dar?

    -Es un falso dilema porque con todo lo grave que pudo haber sido el período de AP, eso no disminuye en nada la gravedad del de García. En segundo lugar la última palabra no será dicha en estas sesiones. La Comisión se pronunciará en el informe final y allí aparecerán muchos más detalles.

    -La responsabilidad política siempre recaerá en el Presidente de la República pero hay momentos en los que él pudo tener injerencia directa. ¿Ustedes harán revelaciones con respecto a esos casos?

    -Lo que puedo decir es que la responsabilidad no se queda en el ámbito penal. La hay también moral y política. No vamos a ocultar absolutamente nada. Algunas veces, en términos weberianos, se opone la ética de la convicción con la de la responsabilidad. La primera obliga a una lealtad frente a los principios. La segunda tiene relación con el contexto y allí tienes que ver si de pronto cedes en algo para no causar daño. En el caso de la Comisión el dilema no se da. Vamos a decir la verdad así sea dolorosa y fastidie a cierta gente. El Perú conoce el fondo de lo que ha pasado en lo esencial. En ocasiones puede ser que la percepción en cosas concretas sea equivocada y allí desmentiremos la versión oficial. Pero el país sabe que hubo 30 y tantos mil muertos, que hubo crímenes horribles de SL y de los militares, que la política fue demasiado influenciada por el poder militar, que, más allá del fanatismo de Guzmán, el caldo de cultivo no ha desaparecido, el racismo, el clasismo, la pobreza, la exclusión. Y eso lo sabe el país. Aquellos que fueron autoridades y no lo combatieron, ya por ese hecho, empiezan a tener responsabilidad.

    -¿No le llama la atención que esa relación con el poder militar provenga de dos partidos -AP y el APRA- que tenían rasgos antimilitaristas?

    -Sí, pero más que eso es que eran regímenes democráticos. Los conflictos internos se han dado comúnmente en contextos dictatoriales, autoritarios. Y entonces allí surgen elementos de represión duros porque el régimen es duro. Aquí no, eran gobiernos democráticamente elegidos. Y ésa es la singularidad del proceso peruano. Y también lo fue la increíble crueldad de SL y el número de víctimas.

    -En esa orden la responsabilidad de Fujimori tiene matices distintos.

    -La corrupción, que es lo que más salta en los años de gobierno de Fujimori, está conectada con el tema de la subversión porque él halló el modo de legitimarse ante la opinión pública para hacer lo que hizo y cooptar todos los poderes y de hacerse el autócrata que fue, levantando las banderas de la victoria contra el terrorismo. Hubo una manipulación y un uso perverso de la desaparición del conflicto interno para su propio beneficio. Y en los años de Fujimori también se dio una actitud y una conducta violatoria de los Derechos Humanos, una masacre en penales, nace el grupo Colina y otros paramilitares. Sucede que es más focalizado.

    -¿Y Fujimori tiene mayores culpas precisamente porque son acciones más selectivas?

    -Claro. Las otras son responsabilidades más políticas. Además, Fujimori es el ex Presidente que actuó con mayor cinismo frente a la sociedad que gobernó y pretende volver a gobernar. Le mostró un gran desprecio. Irse, renunciar por fax, evadir responsabilidades, creo yo, ya es una especie de paroxismo de la desfachatez. -¿Pudo hablar con Vladimiro Montesinos?

    -No. Se le pidió una entrevista, entonces dijo que sí, que fuera yo. No pude porque en ese momento salía de viaje y después desapareció la abogada. Le enviamos cartas y finalmente respondió con una reseña de todos los juicios que tiene pendientes, para demostrar que estuvo dispuesto pero ya no tenía tiempo. Evidentemente, nos echa la culpa. -El caso de Valentín Paniagua es distinto. Fue parte del gobierno pero no lo dirigió. ¿Como lo ha visto en las reuniones preliminares?

    -Hemos tenido conversaciones con él y hay puntos de vista que no son concordantes. Puedo adelantar que presentará sus argumentos con mucho razonamiento y mucha pasión. -¿Y cuál ha sido la actitud de García?

    -Cooperadora en todo momento. Es una persona inteligente, que tiene conciencia de ocupar un lugar dentro de la historia del país. Está en la capacidad de reconocer sus errores. Hemos tenido varias conversaciones y yo he estado presente en la primera y en la última. Hay todavía charlas pendientes en las que tenemos que confrontar algunas tesis.

    -Usted se mostró a favor de terminar el estado de emergencia y acaba de mencionar la relación equívoca que se dio entre Fuerzas Armadas y el poder político. ¿Cree que los militares han hecho los cambios necesarios?

    -Creo que están haciendo grandes esfuerzos y aceptaron el liderazgo de personalidades civiles. Tienen una mirada bastante crítica de su propio pasado, los altos mandos entienden que no se obró del modo más adecuado y están tratando honradamente de redefinir su rol dentro de la sociedad. Nosotros debemos ayudarlos a eso. No sólo deben ser una máquina de guerra sino una herramienta para afinar la democracia y el desarrollo. La FF.AA. siempre van a estar temerosas que el cumplir órdenes pueda generarles pleitos. Hay que reinsertarlos dentro de la vida nacional y no como una clase aparte, que es lo que ha sucedido a lo largo de toda nuestra vida republicana. Los militares han jugado históricamente el papel de institución tutelar de la nación, que no creo que sea el concepto más adecuado. Se ejerce tutela sobre el que es minusválido. Eso explica que buena parte de los Presidentes desde el siglo XIX sean militares. Pero estamos en el siglo XXI, lejos de la gesta emanicipadora, ahora nuestra lucha es contra la pobreza, no para librarse de una potencia extranjera.

    La Base de Datos.Un elemento único de la CVR es la metodología que se desarrolló para el procesamiento de 16,885 testimonios. David Sulmont y Daniel Manrique están al frente.

    -Ollanta Humala le podría rebatir algunos de esos puntos.

    -Ollanta Humala es una especie de Hugo Chávez y maneja ese concepto de clase aparte, teñido de prejuicios, que tiene de los militares. Decir que ellos son la clase ilustrada y que tienen el derecho per se de gobernar, no resiste ningún análisis.

    -El Presidente Alejandro Toledo viene repitiendo que uno de los elementos que más lo desestabiliza en la actualidad es Sendero. Presentarlo como una gran amenaza no crea el mejor ambiente para la presentación del informe final.

    -Hay una especie de recurso inconsciente para legitimar una posición y explicar por qué hay problemas. Esa es una solución que está a la mano y no digo que eso es lo que piensa el gobierno, pero si en la época de Fujimori la manipulación de la lucha contra el terrorismo trajo réditos políticos ahora podría pasar lo mismo. Espero que no sea así. No quiero decir que no haya remanentes, pero sabemos que la posición de Abimael Guzmán está por lo que llama la solución política. Por supuesto, hay que ver qué dosis de honestidad le atribuimos a un personaje como Guzmán.

    -¿Qué impresión tiene de Guzmán?

    -He estado unas cinco veces con él. Humanamente es una persona que difiere de la idea que uno se hacía del "presidente Gonzalo". Es un señor que actúa curiosamente de modo muy cortés, de buenas maneras, que discrepa con altura. Aunque no ha renunciado a su credo marxista-leninista-maoísta, entiende que la lucha armada no va más y lanza postulados que sería difícil rebatir: lucha contra la pobreza o impulso de la producción nacional. Pero uno se acuerda del pasado de Guzmán. Y cada cual es su pasado.

    -Por lo que sabemos, el informe final atribuirá a Sendero el 50% de las víctimas. Las FFAA serán responsables de aproximadamente un 35%. La diferencia es inédita en este tipo de procesos.

    -Desde el punto de vista fáctico ésa es una de las conclusiones. Pero hay otras que, haciendo un análisis más fino, también sorprenden. El 75% de las víctimas totales son quechuahablantes. Casi el 50% son de Ayacucho. Hay relaciones vidriosas entre los subversivos, el narcotráfico y miembros de las FF.AA. Y hay grandes olvidados. Por ejemplo, en Uchuraccay murieron 135 personas en 1983, año de la masacre de los periodistas. Los periodistas fueron los mártires, no cabe duda, pero hay otras 135 personas. Chungui, el distrito llamado "oreja de perro", fue el más castigado. Está plagado de fosas.

    -¿El informe va a tener entonces una fuerte crítica al "limeñocentrismo"?

    -Sí, y por muchos motivos. Los mandos subversivos también eran en muchos casos limeños lo que explica el desprecio a lo andino por parte de Sendero Luminoso mismo. No eran sólo las Fuerzas del Orden. El MRTA, por ejemplo, sólo causó el 1.8% de las muertes. Sin embargo es elevado a la altura de SL. ¿Por qué? Claro, por la toma de la embajada de Japón. Pero aún antes, lo que sucedía es que las víctimas del MRTA eran empresarios, industriales. Y la vida de un hombre vale tanto como otra.

    -La desconexión también la tenía la cúpula senderista. Guzmán nunca viajó a Ayacucho desde 1980.

    -Parece ser que Guzmán le daba cierta libertad a sus mandos. Algunas órdenes las daba directamente él, otras no. También teledirigía las cosas desde Lima y ésta lo alimentaba a través de la academia César Vallejo. La capital siempre ha estado de espaldas al país.

    -En la etapa final de trabajo, ¿qué le responde a los críticos que dicen que el trabajo de la Comisión de la Verdad y Reconciliación no sirve para nada e incluso exacerba las diferencias? -Hay personas que fueron vejadas y merecen una satisfacción del Estado. Pueden pensar lo que quieran desde el punto de vista político, pero ése es un hecho objetivo. Y al menos que uno esté de acuerdo con vivir en medio de la inequidad no puede aceptarlo. Hay personas que han delinquido y al menos que uno quiera dar carta blanca a la impunidad, esto no se puede dejar pasar por alto. Si no, estamos renunciando a los principios mínimos de una vida civilizada. Ahí donde se puede delinquir sin recibir castigo, allí en donde a uno lo pueden agraviar y no va a recibir satisfacción, allí no hay vida civilizada. (Enrique Chávez).

     


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