Edición Nº 1775


 

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    ARTICULO

    5 de junio de 2003

    Puente Radiante
    El resplandeciente tramo arequipeño del camino Inca, ruta que según acuerdo de la Cumbre del Cusco, tendrá mayor atención.

    Puentes colgantes incas fueron y son hasta hoy medio de comunicación en el cápac ñan. der.: A 4,000 m.s.n.m. sólo crecen las yaretas.

    Texto y fotos
    ALEJANDRO BALAGUER

    Día 1

    El cuerpo empieza a sentir los embates de una trocha que obliga a aferrarnos a nuestros asientos; el bus parece potro salvaje con rumbo alocado hacia el cañón de Cotahuasi, el más profundo del planeta. Siguiendo la ruta de los Incas que aflora en los cerros circundantes, dejamos atrás el valle de Majes que queda en nuestra memoria como un espejismo verde de arrozales, pasamos por los centenarios cactus de Pacaychacra, luego por los andenes de Chuquibamba, y continuamos nuestra aventura a través de las faldas blancas del Coropuna y su necrópolis inca. Siempre al este, subimos por las interminables punas cubiertas de ichu y yaretas, hasta sumergirnos en los abismos del cóndor, en el mismísimo corazón de la sierra arequipeña.
    La travesía busca rescatar del olvido los tramos aledaños al cañón de Cotahuasi y ponerlos en valor con fines turísticos y científicos.

    Día 2

    Cotahuasi nos recibe de amanecida. Es el punto geográfico en el cual comulgan el matorral desértico y el verdor de la sierra. Aquí, las montañas son cortadas a tajo. El gran cañón es excavado por el fluir precipitado del río. En sus entrañas, los hombres han tallado y vencido a la roca para construir inmensos sistemas de andenería, aterrazando el suelo y haciendo muros de contención regados por canales de agua provenientes de los grandes nevados Coropuna y Solimana.

    Voy acompañado del arqueólogo Pablo de la Vera y del ingeniero geógrafo James Posso. Avanzamos hacia la famosa catarata de Sipia por un camino prehispánico que sigue siendo la única vía que une los pueblos del abismo. De la Vera ha sido encomendado por el INC para el registro arqueológico en miras a la revalorización de la gran red de caminos Inca, o cápac ñan, que unió los actuales Perú, Bolivia, Chile, Ecuador, Argentina y Colombia. De la Vera me cuenta que la organización de los caminos era muy distinta a la actual. Dice que existían cada veinte kilómetros tambos para pernoctar -los hoteles de turistas de aquella época, pienso- y pascanas para refrigerios estratégicos a lo largo del camino. Muros, puentes y escalinatas recibían mantenimiento permanentemente. Este sistema, sigue vigente desde el año 500 (dc.) hasta hoy. Docenas de arrieros que cruzamos en nuestra ruta nos lo demuestran.

    Después de una hora de caminata sostenida, el rugir del río cayendo al abismo nos anuncia la llegada a Sipia. Aquí, el río Cotahuasi se encajona y cae al abismo en una demostración de poder y energía. Ante esta maravilla, que presenta no sólo una belleza escénica que debería conservarse, sino también bosques de cactus sorprendentes con una fauna andina saludable, entiendo los esfuerzos de un grupo de cotahuasinos liderados por James Posso que vienen pidiendo la creación de un área natural protegida por el Estado.

     
    En Arequipa, el cañón de Cotahuasi, con más de 3,000 metros de profundidad. der.: Autor de la nota y desafío gravitacional del cápac ñan.

    Día 3

    La mañana estalla de vida. Un colibrí gigante sobrevuela los campos de kiwicha y nosotros vamos rumbo a las ruinas de Collota en una destartalada combi que circula por lo que fue el antiguo cápac ñan, hoy un camino vivo reflejo de una cultura latente. Encontramos Collota cubierta a través de los siglos por la naturaleza. Arbustos y cactáceas crecen entre sus muros aún en pié, apuntalándola del olvido del INC y defendiéndola de los intrusos. Crecen entre los recintos, los patios y las viviendas, por doquier, esperando atención que nunca llega, a lo largo de los siglos. Sin embargo, aún existe una esperanza. Con la futura puesta en marcha del tan voceado plan maestro del cápac ñan, muchos esperan que se logre la investigación, conservación y revalorización de estos y otros sitios de Arequipa como alternativa turística en beneficio de las comunidades locales.

    Trato de regresar a nuestra combi a través de las ruinas de Collota. Es tanta la cantidad de cactus de todo calibre que invaden las ruinas que mi cuerpo sufre a cada paso por las pinchaduras que atraviesan mis pantalones. No dejo de recordar a toda la planilla del INC mientras extraigo docenas de espinas de mis partes más íntimas, e invoco a los apus pidiendo castigo para los responsables. Porque todo, absolutamente todo, duele.

     


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