Edición Nº 1774


 

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    29 de mayo de 2003

    Por LORENA TUDELA LOVEDAY

    Pucha, Pasadillas Dominicales

     
    AY hija, hoy no voy a hablar de política porque me ha dicho mi macrobioticista (así se dirá, ¿no?, y si no, que venga la vieja Hildebrandt a corregirme, ya va a ver cómo le saco sus apapachones con El Chino Maricón); bueno, él me ha dicho que la política me está produciendo colon irritables y eso no puede ser, porque tú no sabes lo que vale el colon de un Tudela. Voy a referirme en cambio a la televisión, hija, y en particular a esos programas que dan los domingos por la noche, y que acá se les llama "políticos", con la misma concha con que se llama "intelectual" a la Carrot o "risotto" a cualquier masacote que te ponen por delante en los restaurantes, me quiero morir.

    Pucha, el domingo pasado se me malograron el cable y la computadora a la vez y yo pensé que lo único que me faltaba para completar la tragedia era que me viniera a visitar Alan-García-Pérez -qué-pendejo-que-eres, con un ramo de gladiolos y oliendo a Old Spice, a ese nivel de depresión caí. No me quedó más remedio entonces que poner la televisión nacional, que es lo más parecido que hay a tener que ir donde la costurera de San Borja porque es la única que te hace bien las bastas.

    Bueno, empecé con el Canal 4 y me encontré, pucha, con una especie de Ph.D de la Morgue Central, hija, con un terno verde del mismo tono que sus mejillas, pucha, analizando la coyuntura, cómo te explico. La coyuntura era un conjunto de reportajes tipo la sordomuda que fue violada por el padrastro y lo único que podía declarar ante el juez era mmmmmm,mmmmm,mmmm y ya no sabías si la violación le había gustado o no. Luego, la nueva película peruana donde un cura se revuelca en la cama con una chica que creo que era la entenada de Gustavo Bueno y cuando me di cuenta, pucha, el guardián del edificio me vino a tocar el timbre porque dice que comencé a gritar "¡Fellini, Antonioni, Trouffaut!!!!" y todo sin darme cuenta. Siguió no sé qué huevada de los maestros del SUTEP y terminó con unas vedettes de ésas que son como las gallinas que aprendieron a nadar para que se las tiren los patos, no sé si me entiendes. Por supuesto, o sea, cuando en los informes la reportera quería entrevistar a algún denunciado o perseguido, de cajón salía tocando el intercomunicador de la casa y la chola desde adentro le contestaba, "dici il siñor qui ha salido".

    Bueno, después me enteré de que el occiso ese es ni más ni menos que Carlos Spa, hija, y resulta que ha terminado haciendo ese trabajo porque el pobre vendió la casa de la avenida Arequipa para que construyan allí no sé qué comedero de pobres y hasta ahora no le pagan. No, hija, si la crisis moral nos lleva a unos contubernios.

    Como no podía soportar mucho lo que veía en el cuatro, pucha, de cuando en cuando zapeaba al cinco y para qué: apareció una flaca cabezona que más parecía un cucharón de fresco que una conductora de televisión, o sea, hablando así con la boca abierta como las pobres chicas del Rosa de América y con una rigidez corporal que sólo me la pude explicar cuando me di cuenta de que si la chica se movía demasiado, cómo te explico, se le podía caer la neurona encima del telepronter (que creo que así se llama esa cosa que usan cuando pensar es un desafío a la ley de la gravedad). Bueno, el programita de la chica (que tan fea no estaba, déjame decirte, salvo los dientes de mazorca urubambina y la mirada de opa sin clemencia), no era mejor que el del finadito. Empezó con no sé qué denuncia a qué congresista cutrero donde, of course, la reportera iba a la puerta de la casa, tocaba el intercomunicador y la lorcha le contestaba: "dici il siñor qui ha salido". Qué tal compulsión a la repetición, te lo juro.

    Después vino un informe sobre los chicos que fuman terokal en los puentes del Rímac (qué feo que está eso, pucha, y cuando una va a toros ni cuenta se da). El tal reportaje, hija, se regodeó con una morbosidad horrible en unos pobre mocosos de la calle, pudiendo haber sacado por ejemplo a mis sobrinos Blas y Aitana, hija, como modelos de felicidad familiar, que es lo que necesita este país en lugar de que nos estén restregando nuestras miserias. Después la boba de la conductora se puso a decir que la Cumbre de los de Río había sido un éxito y que el Perú quedaba lindo ante el mundo por las riquezas arqueológicas del Cusco.

    Bueno, qué quieres que te diga, esa noche soñé que me casaba con Genaro Delgado Parker y que el resto de mi vida era todo felicidad. Si eso me pasó a mí, ¿tú te puedes imaginar cómo envenenará la televisión a los niños? ¡Censura, please, como en la época de Velasco! Chau, chau.

    (Rafo León)

     


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