Edición Nº 1774


 

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    ARTICULO

    29 de mayo de 2003

    La centenaria capilla del ex monasterio de San Antonio de Abad fue escenario de un vigoroso debate sobre la gobernabilidad en Latinoamérica.

    Los maestros del SUTEP empezaron bravos, pero concluyeron con una velada. Abajo, Alvaro Uribe de Colombia salió fortalecido.


    Latinoamérica en Capilla
    Indiscreta crónica de la feroz esgrima política que se registró durante la XVII Cumbre de Río en Cusco.

    Contrario a quienes pensaron que la XVII Cumbre del Grupo de Río sería un ágape social latinoamericano sin mayor trascendencia, el cónclave a puerta cerrada en la capilla del Hotel Monasterio fue escenario de un vigoroso debate político del más alto nivel. Con inusual franqueza, los dignatarios presentes defendieron la vocación democrática e independiente de América Latina y concordaron en una agenda estratégica para la acción con más de una importante sorpresa.

    Escribe MARCO ZILERI

    ¡Lola!, ¡Lola!

    Un puñado de transeúntes cusqueños que había sorteado los rígidos cordones de seguridad coreaba el apelativo -con andino acento- del presidente del Brasil, Luiz Inacio `Lula' da Silva, a la salida del templo del Koricancha.

    `Lula', divertido, saludaba con la mano en alto.

    Era el viernes 23, y el presidente Alejandro Toledo acababa de inaugurar la XVII Cumbre del Grupo de Río con un discurso conceptual más largo que el vasto imperio del Tahuantinsuyo.

    Ya entonces, con cerca de dos horas de retraso, la apretada agenda de la Cumbre supo de los dilatados tiempos de la hora Cabana.

    No era culpa del Cholo, claro. Reunir a diez presidentes latinoamericanos y sus respectivas primeras damas y a los cancilleres de nueve otras naciones del hemisferio no es tarea fácil. Mucho menos a 3,400 metros sobre el nivel del mar.

    Hugo Chávez de Venezuela: el gran perdedor. Al lado, extremas medidas de seguridad.

    De hecho, uno de los primeros mandatos soto voce al que se ciñeron las autoridades para evitar el mal de altura rezaba: caminar despacito, comer poquito, dormir solito.

    Así, las delegaciones internacionales, sin prisa pero sin pausa, subieron a los ómnibus que las trasladaron del Koricancha al Hotel Monasterio del Cusco donde, a puerta cerrada en la antigua capilla del ex monasterio de San Antonio de Abad, se dedicarían el resto del día a la ardua tarea de modular el presente y, acaso, moldear el futuro.

    El Grupo de Río es el cónclave político más representativo de América Latina. Los gobernantes aquí llegados representan a 500 millones de personas y son en conjunto una economía de nada menos que US$ 3,600 billones, una cifra superior al PBI de China e incluso al de los sorprendentes Tigres Asiáticos.

    Es un universo eminentemente latino. Los países del Caribe -fundamentalmente francófilos y anglófilos- están representados por un delegado, esta vez Guyana. Y Cuba no está presente puesto que una de las condiciones básicas para integrar al Grupo es ser un país democrático. No es casual que el Foro tenga menos de dos décadas de existencia, coincidentes con el retorno a la democracia, por primera vez desde la Independencia, de gran parte del continente.

    Pero el esquema político está demostrando síntomas de fatiga. "Constatamos que el aumento y la agudización de la pobreza, agravada por un nuevo período de estancamiento económico prolongado -advierte el documento final de la Cumbre llamado el Consenso de Cusco- constituye una amenaza fundamental a la gobernabilidad democrática, con el consiguiente deterioro de la estabilidad de sus instituciones y de la paz social".

     

    Ricardo Lagos de Chile: el "decano" cuadró en más de una oportunidad a Chávez.

    Sin duda, no fue necesario hacer ningún esfuerzo para medir el pulso acelerado de la calle. La huelga del Sutep concentró sus baterías en Cusco durante esos días. Fue necesario el despliegue de casi 2,500 efectivos de las fuerzas del orden para mantener a raya a miles de maestros, empeñados en hacer sentir su voz.

    Mientras tanto, en la capilla del Hotel Monasterio se libró hasta bien entrada la noche del viernes un profundo debate político. Sin duda, el espectáculo lo brindó el controvertido mandatario de Venezuela, el coronel (r) Hugo Chávez. Y no precisamente por su lucidez. Un atisbo de lo que se vivió ahí adentro fueron las declaraciones de Chávez a la prensa sobre los partidos políticos. "No equivalen a la democracia", dijo. "En muchos casos se trata de cascarones vacíos y podridos, sin pueblo, sin alma y sin bandera".

    La redacción final del documento, en el que al final Hugo Chávez estampó su firma, en su artículo 15, da una idea del abismo chavista: "El sistema de partidos y los partidos y movimientos o agrupaciones políticas tiene un papel central en la democracia. Por ello es necesario fortalecerlos partiendo de la premisa de que no hay democracia sin partidos ni partidos sin democracia".

    También el debate acerca del área de Libre Comercio para las Américas (ALCA) puso al descubierto a un Chávez no sólo temperamental, sino desinformado. El tema ya había sido debatido en la Cumbre de Cancilleres de Trujillo (CARETAS 1770) y en la víspera de la XVII Cumbre de Presidentes y Jefes de Estado, llegándose a un consenso.

    Pero Chávez tenía una idea muy distinta. Y cuando como argumento final sentenció: "Yo desautorizo a mi canciller", saltó la liebre.

    El ministro de Relaciones Exteriores de Argentina, Carlos Ruckauf, a quien sólo le quedaban 24 horas más en el cargo, y su homóloga en Chile, Soledad Alvear, manifestaron su impaciencia: "Si un canciller no está de acuerdo, consulta con su Presidente".

    Ya en su primera intervención Chávez quedó pintado de cuerpo entero. Acudió a la capilla con un manojo de lápices y plumones resaltadores de colores múltiples. Mientras las diversas personalidades exponían, el presidente de Venezuela leía el documento en debate, subrayándolo con singular ahínco. Finalmente pidió la palabra para expresar su disconformidad con uno de los articulados. Al leerlo, el resto de los presentes enmudecieron. Resulta que Chávez estaba leyendo un documento preliminar que ya había sido modificado semanas atrás. ¡Tenía en las manos el documento equivocado!

    Cierra filas latinoamericano en Sacsayhuamán. Varios mandatarios demostraron su casta democrática durante la Cumbre de Río.

    EL CASO COLOMBIANO

    Pero fue la propuesta del presidente de Ecuador, Lucio Gutiérrez, para que el secretario general de las Naciones Unidas, Koffi Annan, exhorte a las fuerzas subversivas de Colombia a reanudar las negociaciones de paz, el nervio de la Cumbre.

    La Declaración sobre la situación de Colombia del Grupo de Río acabó con la tradicional neutralidad de los países latinoamericanos ante los problemas internos de Colombia. La iniciativa del Grupo de Río pide a la ONU que exhorte a los "movimientos guerrilleros" a buscar una solución negociada sobre la base de un "acuerdo de cese de hostilidades... que permita llegar a una solución pacífica y definitiva del conflicto colombiano".

    "Si este proceso no tiene el éxito deseado -advierte la Declaración- el Grupo de Río, junto al secretario general de las Naciones Unidas, y en coordinación con el gobierno de Colombia, buscará en una nueva consulta otras alternativas de solución". Dice solución, y no solución negociada.

    Sin duda, la Declaración es un mensaje político contundente a las fuerzas levantadas en armas en Colombia de que Latinoamérica está dispuesta a tomar acciones diplomáticas, sin descartar las militares, en respaldo al gobierno constitucional. "Es una propuesta muy delicada, y hay que tomarla con mucha serenidad", advirtió una fuente de Torre Tagle.

    No es ajeno a la génesis del Grupo de Río, que nació como el Grupo de Contadora y luego el Grupo de los Ocho en la década de 1980, intervenir en conflictos armados. De hecho, las dos primeras instancias surgieron como grupo de apoyo internacional de los exitosos procesos de paz en Centroamérica y fueron capitales para evitar una intervención abierta norteamericana. Pero la advertencia final trasciende el marco tradicional en el cual se hizo efectiva entonces la solidaridad regional.

    El Grupo de Río confía en que el cierrafilas regional cale en la dirigencia de los movimientos guerrilleros colombianos, que hasta el momento creen librar una batalla contra el status quo de su país y el imperialismo yanqui. Por cierto, queda mucho pan por rebanar antes de imaginar la intervención de una fuerza multilateral latinoamericana en el conflicto. Hasta `Lula', cuyos pergaminos marxistas están fuera de duda, estuvo de acuerdo con el exhorto a las Naciones Unidas. Todos, claro, salvo el coronel (r) Chávez.

    De hecho, el Consenso de Cusco subraya la necesidad de "influir en el fortalecimiento de un sistema multilateral basado en el derecho internacional y la Carta de las Naciones Unidas, especialmente para lograr por medios pacíficos el arreglo de controversias". Más claro no canta el gallo. Pero como argumentó convincentemente el presidente Ricardo Lagos de Chile, "el problema de Colombia ya es un problema latinoamericano. Si nosotros no resolvemos nuestros problemas, vendrá uno (resulta evidente quién) y lo resolverá". Citó como ejemplo el caso de Kosovo (ex Yugoslavia), donde Europa no encaró ni política ni militarmente la fratricida guerra civil.

    El presidente de Venezuela se expuso entonces para recibir una última estocada. "Quiero advertirles -dijo- que en caso de que se organice una fuerza multilateral nosotros no vamos a intervenir".

    "En qué momento he hablado de una fuerza multilateral. Nunca he dicho eso", retrucó Lagos, ya ofuscado. "No sabe cómo votó Chile en el Consejo de Seguridad, o acaso no entendió. Además el único latinoamericano que organizó una fuerza multilateral -e hizo una pausa antes de hundir el florete hasta la empuñadura- fue Bolívar". ¡Touché!

    Ya eran las diez de la noche del viernes 23. Chávez se levantó de su asiento, y se retiró de la sala claramente contrariado. "Mi avión, dónde está mi avión", masculló. Falsa alarma. Minutos más tarde, todos acudían a la cena en el Convento de La Merced, incluido Chávez. Políticos al fin, los protagonistas sonreían como si nada hubiera pasado.

     


     

     

    Finas Finanzas
    El Club de París y las carreteras del país.

    MEXICO y Brasil recibieron el encargo del Grupo de Río de trasladar a la Cumbre de G-8 en Ginebra el paquete de "mecanismos financieros innovadores" discutidos durante la Cumbre de Río. Uno de ellos propone que los acreedores agrupados en el Club de París destinen el 20 % del servicio de la deuda que los países latinoamericanos pagan anualmente, para ser invertido en infraestructura vial, por ejemplo. Los recursos serían administrados por un Fideicomiso de Inversión. En el caso peruano, el monto ascendería a unos US$ 300 millones anuales, el equivalente al presupuesto de inversión del Ministerio de Transportes. No cabe duda que este capítulo de la propuesta fue cortado con tijera de sastre. Brasil y el Perú son los principales deudores del Club de París, con US$ 10,300 y US$ 8,200 millones, respectivamente (ver cuadro), y el fondo podría servir para financiar nuestra parte del ambicioso proyecto IIRSA de integración vial sudamericano. México, en cambio, no es deudor del Club de París. De antemano se puede afirmar que los 8 países más desarrollados del mundo escucharán los argumentos en portugués.

     

     


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