Edición Nº 1773


 

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    MAL MENOR
    22 de mayo de 2003

    Por JAIME BEDOYA
    Paracosmos

    Patineto, familia y amigos. ( Plumón y crayola, JBJ.)

    CRECÍ junto a cuatro hermanos. Mi hija crece junto a los Patineto. Así pasa el tiempo hasta que la mayoría de edad la sorprenda rumbo al aeropuerto. Habla de los viajes estacionarios y las enfermedades curativas de esa gente. Pero no son conversaciones normales. Podrían ser descritas como una armónica sucesión de eventos irracionales, que un extraño comprensiblemente intrepretaría como una rutina ensayada entre padre e hija. Imposible. La existencia de los Patineto sólo se manifiesta cuando se habla de ellos. Ni antes, ni después.

    Su llegada fue una intromisión gradual y amable. Cumplidos los tres años Josefina empezó a adjudicar esporádicas responsabilidades a un tal Sr. Patineto ante cirscunstancias huérfanas de autoría: llamadas telefónicas en las que nadie hablaba al otro lado de la línea o el cambio de lugar de las llaves del auto. Como nunca se refutaron tales posibilidades apareció Alicia, su esposa.

    Sin previo aviso ni necesidad biológica de maduración intrauterina un día cualquiera los Patineto tuvieron descendencia, Natalia y Catalina. Estas a su vez inmaculadamente produjeron una hija putativa llamada la Bebé Cuculé. La pequeña trajo sus dos mascotas: Tamalín y Tamalán, peces antisociales que escupían bajo el agua y vivían en el lugar móvil submarino llamado El Palacio del Caracol.

    Cuculé vivía dedicaba básicamente a dos actividades, viajar frecuentemente a Italia y sufrir de la Fiebre Pensadora, cuadro infeccioso que tenía la compensación de solucionar problemas personales de toda índole1. Esta y otras enfermedades curativas las monitoreaba el Sr. Patineto con la Doctora Dos. El esposo de Dos era el Sr. Pufi, la hija de ambos la Bebé Pufita. Demás está decir que esta última principalmente se dedicaba a cagar todo el día.

    Los últimos en llegar fueron los Lumpa Lumpa. Su origen era fácilmente rastreable: Estimé que la subversión imaginativa de la película Willy Wonka y la Fábrica de Chocolates2 sería una buena influencia. Eran dos, el Lumpa Grande y el Lumpa Chiquito. El grande era bueno y caritativo. El otro era satanás. Jalaba el pelo simultáneamente a la Bebé Cuculé y a la Bebé Pufita. Lo extraordinario es que estas dos jamás habían estado juntas. Los Lumpas eran el eslabón moral más bajo de la comunidad Patineto.

     

    Algo trágico sucedió hacia fines del verano. En medio de un escalamiento de muebles Josefina cayó de espaldas. Primero impactó su columna, luego la nuca. El temido efecto latigazo, golpe de la masa encefálica contra la pared del cráneo, se camufló bajo los apuros de un llanto ensordecedor y la equívoca tranquilidad que brindaba la ausencia de sangre.

    Esa noche Josefina empezó a vomitar sin parar unas expectoraciones luminosas y cristalinas parecidas a la salsa de ostión que se ve en la culinaria china. O era eso o era su alma. Una tomografía confirmó la sospecha: un traumatismo encéfalo craneal le había producido un edema cerebral. Simultáneamente y sin que nadie se diera cuenta ni importara, los Patineto y su clan desaparecieron de golpe con el golpe. El moretón que comprimía ese pequeño cerebro había silenciado a sus habitantes.

    Desinflamar un cerebro requiere suero y paciencia. La alternativa es perforar el cráneo para que drene. Mientras se esperaba no llegar a eso Josefina soportaba la vía intravenosa, (la aguja era del tamaño de su dedo índice), postrada en un estado de debilidad muda, opaca y vacía. Su señal vital era mirar con un ojo a la niña del cuarto vecino,Vanessa, niña con neumonía que tosía con la persistencia de un metrónomo oxidado.

    Al tercer día en la clínica una madrugada Vanessa dejó de toser. En vez de aprovechar el silencio y dormir, me atrapó un infomercial acerca de los beneficios de pequeños impulsos eléctricos sobre la turgencia de las nalgas femeninas. Hijos únicos y niños imaginativos suelen tener amigos invisibles. Paracosmos es el nombre que recibe el mundo paralelo que acoge estas existencias imaginarias. La preocupante epifanía se deslizó con artera suavidad entre las redondeces de un gluteus maximus televisado: muertos los Patineto, había quedado solo en el paracosmos de mi hija. El eco del goteo del suero era lo único que se oía.

    La mañana siguiente ella amaneció sentada sobre su cama con un rompecabezas a medio hacer. Tenía el brazo izquierdo aún inmovilizado por el suero y la mano derecha cerrada en un puño. Miraba con una sonrisa silenciosa la ventana del cuarto vecino, ahora vacío. Vanessa ya se curó, dijo.

    Josefina también. La cruel lentitud del suero había funcionado. La vida había vuelto en ella. Para eso había servido esa asquerosa aguja, se le explicó. No, dijo ella, fueron las pastillas curatodo. Durante la noche el señor Patineto se las había traído de Italia en una lancha manejada por los Lumpa Lumpas, que pelearon todo el viaje en medio de las cacas de Pufita. Josefina se las había hecho probar a Vanessa.

    ¿Quieres una?, dijo abriendo la mano y mostrando una palma vacía.

    Cogí dos.

    __________
    1 Si se acaba la canchita en el cine por ejemplo, una F.P. lo resuelve.

    2 Película hecha en 1971 sobre un cuento infantil de Roald Dahl. Willy Wonka transmite moralejas mientras lucra en el negocio de la golosinas a base de la explotación cuasi humanitaria de una raza pigmea llamada los Oompa Loompas.


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