Edición Nº 1770


 

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    ARTICULO

    30 de abril de 2003

    Carta Magna, Carta Brava
    Los dilemas de la bicameralidad y de la actual reforma constitucional ante la probable suspensión de su debate en el Congreso.

    Bernales: "Hay temor de perder el referéndum y que la derrota se reparta entre el gobierno y todos los partidos políticos hoy representados en el Congreso con aspiraciones el 2006".

    Entrevista PEDRO TENORIO

    EN los últimos días parte esencial del debate político se ha centrado en la posibilidad de que el Congreso suspenda -más allá del 5 de mayo- la reforma constitucional tras casi un año de iniciada. La razón: el temor de perder el referéndum con el que la ciudadanía le dirá sí o no a la nueva Carta. Enrique Bernales -constitucionalista, ex senador socialista hasta el autogolpe fujimorista y actual cabeza de la Comisión Andina de Juristas- ensaya una explicación de la supuesta apatía reformista de la opinión pública y se declara a favor de una bicameralidad acorde a los nuevos tiempos.

    -Hoy en día se vive un clima de apatía ciudadana respecto al debate constitucional que hace que muchos teman una derrota en el referéndum. ¿Cree que eso sea así?

    -Un debate constitucional jamás va a despertar la atención masiva de la ciudadanía pues ésta siempre está exigiendo las leyes que resuelvan sus problemas en el corto plazo. Y eso no es peruano, es mundial. Yo asistí como asesor de debates constitucionales a la Constitución del '79 y a la Constitución nicaragüense, hice un estudio de cómo se aprobó la Constitución española de 1978 y no recuerdo un proceso constituyente donde, digamos, la ciudadanía haya estado enardecida, entusiasmada y volcada al debate constitucional. A la gente le interesará más el producto, porque ello significará si se le reconoció tal o cual derecho.

    -Si se pierde el referéndum, ¿quién pierde, el gobierno o la clase política por entero?

    -Lo que sucede es que la coyuntura política está muy encrespada. Hay una especie de cargamontón contra el gobierno y se teme que ese humor se traslade al referéndum. Seamos claros, la pretensión de postergar la reforma constitucional no obedece a que se esté actuando rápido o a que vaya por mal camino, sino a que se pierda el referéndum y que al perderlo, la derrota se reparta alícuotamente entre el gobierno y el Apra, Unidad Nacional y todos los que tienen pretensiones de cara al 2006.

    -Hablemos de la bicameralidad. ¿Por qué deberíamos volver a ella?

    -Lo primero que tenemos que preguntarnos es si el sistema unicameral ha funcionado mejor que el bicameral. Desde mi punto de vista, las leyes aprobadas en el sistema bicameral eran muchísimo mejores. Desde 1992 hay muchas leyes mal hechas, incoherentes, sin un efectivo procesamiento legislativo de antecedentes, de análisis comparado. Entonces, estas leyes flojas no le hacen ningun favor al país.

    -Desde un punto de vista cualitativo. Sin embargo, hay quienes dicen que ahora las leyes se aprueban más rápido. ¿Qué opina?

    -El Perú, por sus propias características sociológicas, de formación educativa y de ubicación en el mercado de trabajo no necesita que el sistema de producción legal sea un sistema urgido por criterios de celeridad o de urgencia. El Senado, en el caso peruano, se presenta como una necesaria "doble reflexión" que incorpora el análisis más profundo, las variables políticas y los aportes de otros sectores: el empresarial, laboral y de intelectuales críticos, por ejemplo.

    -¿No serán esas "teorizaciones" las que precisamente muchos no quieren?

    -El problema de la unicámara es que está caracterizada por las urgencias, por la necesidad simultánea de hacer la ley, fiscalizar, representar y participar en la regionalización. Y con tanta carga es dificilísimo hacer bien las cosas. Hoy el Perú configura una sociedad más grande, más compleja, vamos camino a los 30 millones de habitantes. El Perú no es Nicaragua, ni Costa Rica ni Guatemala y por eso no podemos darnos el lujo de subrepresentar políticamente a la población.

    -¿Y la solución pasa por aumentar el número de congresistas?

    -¿Cómo es posible que un país que tiene regiones tan marcadas, con problemáticas socieconómicas y culturales tan diferentes pretenda darse el lujo realmente increíble de tener una sola Cámara de 120 representantes? El país está subrepresentado. La bicameralidad, de alguna manera, resuelve este problema.

    -De casualidad, ¿se parecerá a lo que teníamos hasta 1992?

    -No se trata de regresar al antiguo Senado, sino de crear uno nuevo. Uno que inclusive puede reservar su intervención en el proceso legislativo a leyes orgánicas, a leyes de desarrollo constitucional, a la ley presupuestal. Dejar que, vía el silencio legislativo, determinadas leyes se aprueben con la sola intervención de la Cámara de Diputados.

    -Se tiene la impresión -encuestas mediante- de que la gente no quiere dos Cámaras. Y en eso tiene mucho que ver el desprestigio del actual Parlamento.

    -Le respondo desde mi experiencia en el Senado: tuve maestros que representaron el compendio de la calidad académica asociada al magisterio de la política. Eso se ha perdido porque los partidos han entrado en crisis, pero hoy un Senado podría convocar a cuadros que aporten la sabiduría del conocimiento y de la experiencia. Hay en el Congreso parlamentarios de una altísima calidad, pero que no pueden ejercer su magisterio político en una Cámara tan urgida de decisiones y donde las intervenciones son de un máximo de 5 minutos.

    -Volviendo a los contenidos, ¿cuál debería ser la especialización del Senado?

    -Si queremos equilibrar la relación Ejecutivo-Legislativo tiene que haber un órgano que participe más de las grandes decisiones de Estado, que en estos días son tres: la política de Defensa, la política internacional y la política del desarrollo nacional. ¿En éstas tiene alguna participación hoy el Parlamento? No. ¿Qué vamos a hacer si se plantea una reestructuración de las Naciones Unidas? Un Senado tendría que intervenir, evaluar, sugerir, proponer. Tendría que decirle al Ejecutivo: "Usted dirige la política exterior, pero en la formulación de ella tiene que introducir estos criterios o hacer estas correcciones". Ese es el Senado moderno que el país necesita.

    -El número de diputados y senadores es algo que se ha dejado para el final, pero ¿cuáles deberían ser en su concepto?

    -Cuando se debate la bicameralidad hay que hacerlo atendiendo a si hay o no renovación por mitades en una o en dos Cámaras, si hay revocatoria del mandato o no, si hay posibilidad de renuncia o no y de cómo se componen o eligen. Estamos hablando de 6 ó 7 cosas fundamentales porque si a la gente se le dice que habrá bicameralidad, pero no renovación, no revocatoria y no tal cosa y no tal otra, la gente dice "No pues, así no".

    -¿Cuántos legisladores debería haber?

    -Creo que habría que jugar con tres posibilidades: o se rebaja la Cámara de Diputados a 100, se mantiene en 120 ó se sube a 140 ó 150. Yo trataría de mantener la representación de diputados en 120 ó subirla a 130, a lo sumo. Y en el Senado no necesitamos 50 como algunos sostienen. Con 40 es suficiente. Eso hace un total manejable de 160 a 170 representantes.

    -Se teme que el número de congresistas sea otro factor para que la gente rechace en el referéndum.

    -Pero el supuesto problema tiene salidas. Una de ellas: se podría establecer que las leyes electorales y no la Constitución sean las que precisen el número.

    -Hay quienes se oponen a que el futuro Senado se elija en distrito electoral único. Se dice que no es democrático y que "limeñiza" el resultado. ¿Es así?

    -(Ríe) Contra lo que han dicho algunos representantres provincianos, la elección en distrito único, hasta el momento, ha perjudicado más a Lima que a las provincias. Lima siempre sale subrepresentada y es lógico porque para salir elegido por Lima uno tiene que tener un cociente electoral muy alto. En Lima las "cabezas" concentran el voto y, al hacerlo, lo que queda por repartir es un resto muy pequeño del electorado que suele ser inferior al voto de las provincias. Es cuestión de analizar con calma y sin apasionamientos que obnubilen.

    -Y a seguir con el sueño de la Constitución perfecta.

    -No hay Constitución perfecta. Desde el punto de vista de la teoría constitucional la mejor Constitución es la que expresa el consenso. Y el consenso es la renuncia a los maximalismos.

     


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