Edición Nº 1769


 

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    ARTICULO

    24 de abril de 2003

     

    Paginas 10 y 11 de la edición impresa.

    Gustavo Gorriti remeció a la Comisión de Fiscalización. Expuso la catadura moral de Jorge Mufarech y, al día siguiente, Perú Posible decidió no hacer más olas sepultando el affaire Pantel.

    Terremoto...a Control Remoto

    ABSOLUTAMENTE negado para la ironía, el congresista Víctor Valdez (PP) ensaya una última provocación ante la lenta retirada de micrófonos y cámaras televisivas:

    -Ahora, Gustavo Gorriti, ¿dónde vas a dar tu conferencia de prensa?

    El aludido se la soltó en primera: "¡En tu biblioteca!"

    Las carcajadas se suceden in crescendo mientras Valdez se hacía el desentendido y abandonaba el recinto.

    La tarde del lunes 21 la Comisión de Fiscalización del Congreso fue nuevamente un foco de controversias. Esta vez, el grupo que preside Mauricio Mulder (PAP) intentó sin éxito obligar a Gorriti a revelar las fuentes que le habrían servido de base para declarar -en una entrevista realizada por la periodista Cecilia Valenzuela a inicios de marzo- las supuestas presiones que César Almeyda (cuando aún era presidente de Indecopi) habría ejercido sobre Gustavo Mohme Seminario para tener, a nombre del gobierno, alguna participación en la compra de América TV.

     
    Jorge Mufarech: en PP nadie lo para y así se avalan las arbitrariedades -como la reciente denuncia de la Comisión de Fiscalización contra Ugaz- que favorecen a la corrupción. Al lado: Gorriti y el famoso auto Jaguar de Mufarech.

    Gorriti no sólo no reveló ante "la autoridad" la identidad de sus fuentes -prerrogativa elemental de todo periodista- sino que aprovechó para poner el dedo en una supurante llaga que, en medio de tanto escándalo relacionado con el entorno presidencial, estaba pasando inadvertida:

    ¿A quién responden en realidad ciertos miembros de esta Comisión de Fiscalización, empezando por el ex ministro fujimorista y hoy congresista oficialista Jorge Mufarech?

    Desde hace varios meses CARETAS ha presentado indicios y testimonios que comprometen seriamente a Mufarech con personajes claves de la red de corrupción montesinista.

    El publicista Daniel Borobio (CARETAS 1765) y el operador político Oscar López Meneses (CARETAS 1763), prófugo en Chile el primero y preso en San Jorge el segundo, así lo atestiguan.

     

    En Tokio y San Jorge deben estar de fiesta.

    De ahí que Gorriti haya iniciado un debate que merece ser reavivado en los próximos días:

    ¿No es acaso que Mufarech y Víctor Valdez (quien ha sobrevaluado groseramente su patrimonio y será próximamente auditado por la Contraloría), sin olvidar a Gerardo Saavedra Mesones, parecen empeñados más en acosar a los procuradores e investigadores independientes que a quienes pertenecieron a la mafia?

    La denuncia aprobada unánimemente por la Comisión Mulder el martes 22, acusando a José Ugaz de los delitos de receptación y falsedad genérica por el sólo hecho de haber aceptado la procuraduría anticorrupción de manos de Fujimori (¿de quién, si no, en ese momento?) confirma esta hipótesis.

    Sin olvidar que fuera de esa comisión también hay quienes, como Alfredo Gonzales (candidato del absalonismo en el 2001 hoy asociado a Mufarech y compañía en su objetivo de perseguir a Ugaz como si se tratara de un miembro más de la logia montesinista), merecen estar bajo la lupa.

    Lo cierto es que la patota arrugó -como se dice en criollo- ante Gorriti. Uno por uno Valdez, Saavedra y Mufarech exigieron que se levantara la sesión porque no obtenían de boca del periodista las pruebas que exigían y éste los zamaqueba verbalmente cada vez que podía .

     

    Un trío que, junto a Mufarech, se habría reunido al menos una vez. De izquierda a der.: Javier Corrochano, Carlos Boloña y Alfredo Gonzales.

    EL CLUB DE LA PELEA

    En su diálogo con la prensa a su salida del Congreso, Gustavo Gorriti también aludió a reuniones que algunos de estos controvertidos personajes sostuvieron hace unos meses para planificar una estrategia contra Ugaz y para intentar frenar la ofensiva anticorrupción en marcha.

    CARETAS ha tenido acceso a información de muy buena fuente según la cual, a fines del año pasado, Jorge Mufarech, Carlos Boloña y Alfredo Gonzales se reunieron en una oficina de propiedad de Boloña en la avenida Santa Cruz, en Miraflores.

    Según esta versión, a esta primera reunión llegó con Mufarech el abogado Javier Corrochano.

    El objetivo: delinear una estrategia contra las cabezas presentes y pasadas de la Procuraduría Ad hoc. La ofensiva, según una fuente cercana a ésta, era conocida como "Operativo Los Negros" en alusión a la tez morena de los procuradores Luis Vargas Valdivia, César Azabache, Ronald Gamarra y del propio Ugaz, entre otros.

    Parte del plan consistía en reclutar abogados que conozcan de supuestas irregularidades cometidas por los hoy procuradores. Así es como se habría conseguido la información sobre el presunto acoso sexual en el Poder Judicial con el que Boloña intentó recientemente desprestigiar a Vargas Valdivia.

    Y EL CONTROL REMOTO...

    Resultó muy sospechoso que luego de los supuestos afanes fiscalizadores mostrados por Mufarech, Valdez y compañía, el martes 22 PP decidiera archivar el caso Pantel.

    En el aire quedaron testimonios como el de Beatriz Mejía, la abogada de Genaro Delgado Parker, quien pretendía demostrar los supuestos vínculos Alan García-Ernesto Shütz y Lourdes Flores-Shütz con vídeos.

    José Barba se diría "¡Qué hice!". Víctor Valdez (PP), mano derecha de Mufarech, tal para cual.

    La Comisión optó por archivar el caso con el argumento fariseo de que como nadie aportaba pruebas no valía la pena seguir con él.

    ¿Será posible saber quién llamó a Mufarech y compañía para cortar por lo sano (y sagrado)? PP reunió los votos con ayudita de José Barba (UN), pero al día siguiente Lourdes Flores le enmendó la plana y exigió que el caso sea reabierto junto con la revisión de la denuncia contra Ugaz.

    Sin embargo, en PP parece que el control remoto que moviliza a ciertos personajes no sólo sintoniza con rezagos de la mafia sino, paradójicamente, también con Palacio de Gobierno.

    Y, mientras todo esto sucede, llama la atención cómo ningún líder de PP zanja claramente con las actitudes de quienes en el partido desprestigian la lucha anticorrupción. Ese silencio cómplice, que viene del presidente Toledo hasta el titular del Congreso Carlos Ferrero, pasando por el primer ministro Luis Solari, no es la mejor prueba de que el Ejecutivo esté comprometido a fondo con ella.

    Gustavo Gorriti, recordando sus años mozos en CARETAS y la época en que le tocó investigar el Caso Langberg (1982) -que vaya si no constituyó un verdadero escándalo político- dice:

    "Lo que entonces fue el caso Langberg, se aplica hoy, con mayor claridad si cabe, frente a Jorge Mufarech y sus secuaces. Investiguémoslos, levantemos las alfombras (no necesariamente persas y ciertamente no voladoras) y veamos el tramado de complicidades que explica la estrategia ofensiva de la mafia. Y recordemos que durante los años en que el Congreso dio vergüenza, la prensa independiente mantuvo la bandera de la dignidad democrática, y el periodismo de investigación estuvo a la cabeza. Para no volver a eso mañana, investiguemos hoy".

    Tal y como están las cosas, parece que del periodismo independiente dependerá que la prepotencia de unos y la lenidad de otros -la del Ejecutivo ante algunos de sus congresistas-, pierda terreno antes de que sea demasiado tarde. (Pedro Tenorio).

     


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