Edición Nº 1763


 

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    ARTICULO

    13 de marzo de 2003

    Los Once Mil Castos
    El Sodalicio por Dentro

    El controvertido Movimiento Sodalicio de Vida Cristiana abre sus puertas, por primera vez, a la prensa. Jóvenes ascépticos y formales ofrecen testimonios sobre su consagración al plan de Dios. También, hablan de su organización, generadora de suspicacias y alarma entre el común de los mortales.

    Devotos Renzo Pava, Víctor Ramos y brasileño Rodrigo Ferreiro. Al lado, Germán Mackenzie, Superior Regional: "Ningún consagrado ocupa cargos públicos".

    Escribe TERESINA MUÑOZ-NAJAR

    ¿Cómo logran los del Sodalitium Christianae Vitae atraer a la gente joven? La pregunta se la formuló el sacerdote Harold Griffiths en una entrevista publicada en la revista Communio -Santiago de Chile- en 1984.

    Esta fue la respuesta de Luis Fernando Figari, fundador del SCV: No me cabe duda de que es el Padre, por la mano de Santa María, quien los atrae. No hay fórmulas mágicas, ni tácticas elaboradas.

    Erwin Scheuch Pool y Andrés Tapia Arbulú, Asistentes, general el primero y regional el segundo, de Comunicaciones del Sodalicio de Vida Cristiana ya no son tan jóvenes. Sodálites consagrados, profesos perpetuos, ambos rondan los 40.

    Ellos hicieron contacto con CARETAS apenas supieron que habíamos estado en Arequipa, recogiendo la denuncia del doctor Héctor Guillén y su esposa Martha, que consideran que el Sodalicio le ha lavado el cerebro a su hijo Franz, hoy de 22 años, y que lo ha separado de su familia. Se enteraron de nuestro viaje a esa ciudad porque, allí, conversamos brevemente con el cura sodálite Kay Shmalhausen, quien, suponemos los puso en aviso. Inmediatamente, aparecieron con documentos, argumentos y, a instancia nuestra, una invitación para visitar algunas de sus comunidades y conversar, directamente, con los chicos que las habitan.

    Ya estaban hartos, presumimos, de aparecer en ciertos medios como una secta conservadora, elitista, de carácter vertical y con una estructura autoritaria y fundamentalista. Y, claro, de ser los piadosos nerds que pinta Pedro Salinas en su novela Mateo Diez.

    En Barranco, sodálite Ricardo Trenemann, alegra el ambiente. Al lado, comunidad en San Bartolo.

    El tour por el mundo de los sódalites se inicia a media mañana en cómodo pan de molde blanco. Enrique Granados al volante, Roberto Orihuela de copiloto y Erwin y Andrés de anfitriones. En primer lugar había que conocer su obra social -Solidaridad en Marcha- en San Juan de Miraflores. Un complejo en las Pampas de San Juan, que consta de un policlínico, un nido, un centro de rehabilitación, un centro materno-infantil, un centro pastoral y un comedor popular. Todo levantado gracias a la ayuda del Comité de Médicos Alemanes para el Tercer Mundo. El médico César Salas, también profeso perpetuo, hace de guía. En el complejo, asegura él, se atenúan dos carencias: "el hambre de pan y el hambre de Dios".

    Como los sodálites no promueven el asistencialismo, cobran, en el policlínico por ejemplo, cinco soles la consulta y, en el materno-infantil, 180 soles el parto. "Quien no cuenta con esas sumas puede acceder a un crédito". afirma el doctor Salas. Vemos, por ahí, a una joven con hábito. "Es una sierva del plan de Dios (sodalicio femenino)", nos dicen. Se llama Carla Bejarano.

    Eso de las jerarquías en el Sodalicio lo resolvemos antes de llegar al segundo destino, Barranco.

    El fundador, el limeño Luis Fernando Figari, inaccesible abogado de 55 años -de quien dicen perteneció, estando en el colegio, a un grupo falangista llamado Escalones Juveniles Nacionalistas-, está bien arriba. Luego tenemos a aquellos que deciden ser sacerdotes y a los profesos perpetuos. La única diferencia entre éstos es que unos celebran misa, bautizan, etc.. y los otros no. Eso sí, viven en comunidades y muchos, como el médico Salas, son profesionales. Después, estarían quienes participan de la espiritualidad del Sodalicio. Las Agrupaciones Marianas (los jóvenes), la Familia Nazareth (familias), Betania (señoras), Emaús (señores) y, finalmente, Ciloé (voluntarios en hospitales).

     

    Periodista Pedro Salinas, autor de Mateo Diez. Der.: En Barranco, sodálite Ricardo Trenemann, alegra el ambiente. Abajo, comunidad en San Bartolo. Der.: Remigio Morales Bermúdez, ex alumno del Markham, discierne su vocación en comunidad playera.

    En Barranco nos esperan alrededor de 20 muchachos y Germán Mackenzie Gonzales, Superior Regional del Perú. Todos correctamente vestidos más no uniformados. Con barba los que no son lampiños. Como CARETAS había comentado algo sobre el elitismo al hacer el primer contacto, está entre ellos Marcio Paulo, un moreno de 32 años, de una favela de Río de Janeiro, que se vinculó al Sodalicio a los 15. (El movimiento se ha extendido a Colombia, Ecuador, Brasil, Chile, Italia y Estados Unidos).

    Los chicos, todos mayores de 18 pero que como el brasileño, supieron del Sodalicio a los 15 ó 16, se ríen cuando escuchan la frase "lavado de cerebro". Tampoco les parece extraño haber sido "captados", dice esta redactora, correccción: "evangelizados", dicen los sodálites, en la adolescencia.

    Martín Balbuena estuvo en el colegio La Inmaculada y según él siempre quiso ser religioso: "cuando conocí al Sodalicio me identifiqué inmediatamente con él". Rafael Pérez del Solar, ex alumno de Los Reyes Rojos, está muy seguro de que debe consagrar su vida a Dios: "los sodálites hacen mucho por ayudar a otras personas y eso me gustó desde el comienzo". CARETAS conversó con el padre de Rafael: "Veo a mi hijo las veces que quiero y estoy encantado de su opción". La experiencia del resto de los muchachos es similar. En esa comunidad hay un colombiano y dos brasileños más.

    Los jóvenes de Barranco y otras comunidades (hay 6 en Lima, 2 en Arequipa y 1 en Chincha) que casi han discernido sobre su vocación hacen su noviciado en San Bartolo "un ambiente propicio". Allí visitamos una de las cuatro casas que tienen los sodálites y que está a cargo de Jean Paul Swinnen Sardón. Sudorosos y de pantalón largo -"el corto es sólo para hacer ejercicios"- los diez jovencitos que nos esperan parecen muy felices y muy lejos de lo que narra Pedro Salinas en Mateo Diez.

    "Mi novela -afirma Salinas, por su parte- es pura ficción. Sin embargo, hay hechos reales que han inspirado muchas de las situaciones que describo. He sido sodálite hace 20 años y estuve sometido a órdenes absurdas. Asumo que ahora el Sodalicio ha aprendido de sus errores y ha evolucionado. Pero cuando yo estuve ahí era un movimiento con características sectarias". Los chicos sostienen que nunca se despiertan antes de las 6.30 a.m. y que lanzarse al mar a esas horas, sobre todo en invierno, es simplemente un desafío personal. Así sea.



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