Edición Nº 1753


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    26 de diciembre de 2002
    Por AUGUSTO ELMORE

    LA mezquindad no es una virtud cristiana sin duda, por eso repudio la actitud de ese pastor (que más parece querer comerse a sus ovejas) que ha terminado siendo Juan Luis Cipriani -que cada vez que se hace presente en la escena pública demuestra el error del Vaticano de haberlo nombrado al cargo de Cardenal-, que la ha emprendido con verdaderos malos modales y muy poco espíritu cristiano en contra del Hogar de Cristo, la entidad que dirige con entusiasmo, brío e imaginación el Padre Martín Sánchez Terán. A este se le podrá criticar, si se quiere, su excesivo protagonismo, que quizá debería morigerar, pero la labor que desarrolla en favor de los pobres y de la juventud es absolutamente notable. El Padre Martín, tal como se le conoce, es lo que se suele denominar un "marquetero". Él hace un agresivo marketing en favor de sus incontables obras, que indudablemente han despertado la nada sana, y mucho menos santa, envidia de Cipriani, quien lo acusa de no se sabe qué y parece estar esperando que el Padre Martín cometa el pecado que él necesita para desprestigiarlo. ¡Qué poco cristiano había resultado este cristiano!

    La revista "Etiqueta negra" es un magnífico esfuerzo editorial peruano que admiro, pero compararla, como ha hecho un conductor de televisión, con "Amauta", la gran revista de José Carlos Mariátegui, me parece un despropósito o al menos una ligereza. Creada a imagen y semejanza de la revista colombiana "Gatopardo", Etiqueta negra, siendo una estupenda realización, está muy distante de Amauta, que fue un heroico esfuerzo y constituyó en su momento un verdadero testimonio de ideas trascendentes que buscaba "crear un Perú nuevo dentro de un mundo nuevo". Compararlas me parece un equívoco.

    Una señora escribe desde México comentando mi opinión -que si se quiere puede ser equivocada, lo acepto- acerca de que el asunto del debelamiento del motín de El Frontón constituyó un acto legítimo de guerra. Admito que el asunto pueda ser discutible, pero no puedo aceptar que esa señora, que simpatiza tanto con los subversivos que se alzaron allí, diga que "nuevamente (Elmore) se suma al sector más oscurantista de la política peruana" y menos aún que quien escribe opina que "todo subversivo -aún detenido y preso- merece la ley del Talión". Jamás he pensado ni dicho semejante barbaridad. El único oscurantismo que conozco es aquel que Sendero Luminoso quiso aplicar a la fuerza en el Perú.

    Alan García y el partido aprista parecen no haber estado preparados para su éxito en las elecciones regionales porque, habiendo ganado tantas regiones, parecen no saber qué hacer con ellas. Se niegan a participar en acuerdos, seguramente planeando echarle la culpa al ejecutivo por los desaguisados que en un futuro no muy lejano cometan los presidentes de región que son de su partido. Que los van a cometer sin duda.

    En una librería, mirando y hojeando lo que no alcanzaré a comprar, recuerdo que alguna vez los libros eran vírgenes (¡tantas cosas, y personas, eran vírgenes antes!). Nadie que recorra ahora los estantes podrá imaginar que en una época (¿cuándo fue?) los libros venían con sus páginas selladas, unas por arriba y por un lado las otras, de forma que nadie podía leer el contenido sino a lo sumo entreverlo. Y solamente comprando un ejemplar uno podía darse el gusto mayúsculo, aunque molesto y a veces fatigoso, de acceder al texto cortando con un cortapapel, con impaciencia de lector, los pliegos de papel del libro. El lector era entonces como un novio ansioso que lleva una virgen al tálamo nupcial. Rasgando sus hojas uno comprobaba que nadie lo había leído ni mancillado. El libro en ese momento era de uno más que nunca. Hoy, como muchas cosas, ya no ocurre lo mismo. No hay editor insensato que quiera darle ese trabajo a su probable lector, que hoy abandonaría cualquier intención de compra si tuviese que abrir el libro pliego por pliego. Probablemente en el futuro, para facilitar las cosas, los libros se nos ofrezcan ya leídos, sin tener que hacerlo nosotros.

    Lamentable la actitud de Acción Popular de exigirle la renuncia a Raúl Diez Canseco. Es como si algunos correligionarios se creyesen dueños exclusivos del partido que creó Fernando Belaunde Terry. Con mezquindad no se hace política. Ni, como comprobamos en las últimas elecciones, se va muy lejos.

    Después de leer las declaraciones sinceras y claras de Yehude Simon Munaro, el reivindicado presidente de la región Lambayeque, renace la esperanza de quienes esperábamos nuevos líderes para un nuevo Perú. Él es un izquierdista aggiornado. Creo que bajo su presidencia esa región será la que en el futuro desarrolle más, al menos proporcionalmente.

    Luchetti apostó en Lima, premeditadamente y con la complicidad de Montesinos, por el viejo sistema del hecho consumado. Se apresuró a construir en una zona de evidente litigio calculando que, una vez hecha la cuantiosa inversión y contando con el aval y el apoyo del siniestro asesor, ya nada habría que hacer sino cerrar los ojos y ellos seguir fabricando fideos en medio de una reserva natural, cosa que sin duda nadie jamás hubiese aceptado en Chile.

    Abominable y repudiable la campaña contra el presidente de ProEtica, el ex procurador José Ugaz. Es en verdad el manifiesto de la indecencia, al que parecieron adherirse aquellos que dijeron que Ugaz no tiene corona. Esos ataques provienen de aquel sector que podríamos calificar de Los rateros. (Por lo de ratas, además).

    Última edición del 2002, año por demás trajinado, que tuvo como resultado anecdótico el que Zaraí sea considerada como el personaje del año. Más que de Toledo ella es hija de los medios.

    Contra los pronósticos de los agoreros, 2003 se inicia con índices positivos en verdad, cosa que parecía imposible hace unos meses, o el año anterior. Ojalá los peruanos lo noten en el bolsillo, que es donde suelen sentirse las cosas importantes. Aparte del corazón, claro.

     


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