Edición Nº 1753


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    ARTICULO

    26 de diciembre de 2002

    La Concha del Año
    Con Choros y otros mariscos.

    DESDE que CARETAS comenzó en julio pasado a conceder cada semana Conchas honoríficas, la revista encontró a varios pechugones nacionales destacados, pero ninguno le llega al borde de la valva al ingeniero Alberto Kenya Fujimori Fujimori.

    Por ese motivo, y con toda la pompa del caso, CARETAS otorga ahora la Concha del Año 2002 en el Grado de Gran Caparazón de Nácar al mandatario que fugó con voluminosos bártulos en el avión presidencial del Perú, sacó pasaporte japonés al día siguiente de llegar a Tokio y desde hace meses, a través de Internet y con cara y tecla dura, promueve su retorno al poder.

    Se trata, sin duda, de un Gran Conchudo que está haciendo méritos para destacar en la historia. Sólo él, por ejemplo, podría tener la concha (no hay, pues, sinónimo adecuado) de anunciar esta semana en The New York Times que está aprendiendo unas treinta palabras de japonés cada día, para que cuando vuelva al Perú a ser presidente en algún futuro cercano domine ese idioma a la perfección -es decir, no quechua o aymara o quizás un español más correcto (para evitar así esa embarazosa doble puntuación con que salpica su portal electrónico), sino la lengua de sus ancestros protectores, como para subrayar mejor un papel de procónsul reincidente.

    Claro que todo el mundo tiene derecho a sentirse orgulloso de sus orígenes étnicos y culturales, y así lo entendió este Perú variopinto y generoso cuando eligió al nisei Fujimori dos veces. Pero otra cosa es que nuestro país sea tratado como una colonia de ultramar, marginado de aplicar sus leyes por razones de la raza del presunto delincuente y condicionado a recibir apoyo financiero en función del color de la piel de su gobernante.

    Eso es lo que está sucediendo hoy y resulta extraordinario que en el Perú tengamos una cierta cantidad de adultos que no sólo acepta esta humillación sino que, con mentalidad de molusco, persiste en darle un relieve político a nuestro Conchudo del año.

    La más reciente encuesta de Apoyo pregunta por las simpatías que invocan personajes conocidos y allí, después de Alan García y Valentín Paniagua, el prófugo Fujimori empata con Lourdes Flores y es más "simpático" que el alcalde Andrade y el Presidente Toledo. Notable.

    Por cierto que la historia latinoamericana está llena de casos de gobernantes autoritarios o dictatoriales, como Perón, Odría y Rojas Pinilla, que vuelven en olor de multitud después de un interregno democrático para gobernar, o por lo menos para figurar, pero la circunstancia de Fujimori es singular.

    No fue un verdadero dictador, CARETAS siempre lo ha dicho, pero su concha autoritaria está asentada en un banco de Choros insignes, acreditados tanto por los vídeos de Vladimiro como por la banca internacional y la justicia suiza en cifras millonarias sin precedentes. Y el propio asesor resultó siendo no sólo el pulpo distribuidor de un régimen mafioso, sino el hermano siamés del Jefe de Estado.

    La página en Internet del ingeniero conchudo.

    En la entrevista de The New York Times, sorprendentemente benévola y poco rigurosa, Fujimori niega haber tenido conocimiento del arrecife de corrupción que configuraba su régimen y asegura haber ignorado las andanzas de Montesinos.

    ¡Qué tal concha! No cabe otra expresión. Ya en 1996 Canal 2 reveló el crecimiento exponencial de la finanzas del ex capitán a través del tamiz parcial de sus propias declaraciones juradas, y en 1999 Jorge del Castillo descubrió el movimiento millonario de una cuenta cifrada del susodicho aquí mismito, en el Banco Wiese.

    Pero ésta era sólo la peladilla del cardumen y Fujimori bien lo sabía. Basta ver como se puso cuando su ex hombre de confianza volvió al país de Panamá inconsultamente para administrar maletas y secretos con fines amenazadores, y cómo el entonces presidente encabezó frenéticas patrullas, allanando escondites presuntos hasta dar con las maletas de su socio, confiscarlas ilegalmente, revisarlas en Palacio para purgarlas de elementos directamente comprometedores y después huir también del país.

    Que el enviado especial de The New York Times aceptara tan mansamente, sin repreguntar un tantito, la alusión de Fujimori a su persecución política, resulta sorprendente y apunta a algún grado de padrinazgo que pueda haber resultado de las gestiones de Fujimori y sus auspiciadores de la ultraderecha japonesa en los Estados Unidos.

    No se puede ignorar, claro está, que la fama que tiene Fujimori de gobernante triunfante sobre la inflación y el terrorismo lo acompaña aún, a pesar de los fenomenales escándalos que han signado el ocaso de su régimen. Y el mismo ingeniero en su página en Internet () se encarga, a través de secciones como `Los Ojos del Chino' y `Pica Pica', de reseñar los nudos gordianos en el Congreso, las pugnas partidarias y la informalidad presidencial que están a la orden del día.

    Fujimori promueve abiertamente la necesidad de una mano "férrea" para gobernar el Perú, y no cabe duda que en el país subsiste un subconsciente político que en ciertos sectores apoya esa tesis y que recuerda los años de auge económico del fujimorato.

    Estas inclinaciones se acentúan, naturalmente, cuando cunde el desorden y el Parlamento enreda en conflictos la regionalización, y cuando la legislación termina de oscurecer el tema de las finanzas electorales y amenaza seriamente la recaudación al aprobar la eliminación de la supervisión de importaciones.

    Pero el subconsciente fujimorista olvida que El Chino Conchudo tuvo mucha suerte en la primera mitad de la década del '90, cuando el auge de los llamados mercados emergentes de Latinoamérica favoreció las economías de casi todo el continente, y cuando había varias empresas públicas fáciles de privatizar. Y a eso se sumó el auspicio privilegiado de la ayuda japonesa.

    Pero a partir de 1997 la estrella económica del régimen se opacó y las taras del modelo neoliberal acentuaron el desempleo, el desbarajuste industrial y la debilidad exportadora.

    Ahora, por otro lado, en medio del torbellino, la economía peruana está dando muestras de vigor a pesar del clima adverso que recorre la región, y con un criterio social menos desalmado. Eso, por cierto, no se encuentra en fujimorialberto.com.

    En CARETAS nos preciamos de reconocer las virtudes de cualquier gobierno, y el fujimorato las tuvo al modernizar áreas de la administración pública y de la recaudación tributaria y aduanera. Tampoco puede quitársele el mérito de resolver final y felizmente el diferendo con Ecuador.

    Pero eso de tener a la Concha del Año 2002 de nuevo en Palacio, y de amnistiar consecuentemente a choros, navajas y demás mariscos, ni de a juegos.

     

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