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    ARTICULO

    12 de diciembre de 2002

    Lucanamarca
    Masacre Para Armar

    Exhumación de asesinados por Sendero llega a Lima.

    A los peritos forenses no les fue difícil encontrar las huellas de la masacre.

    LOS asesinos le rellenaron la cabeza destrozada con sus propias ropas. Así se quedó y así lo enterraron. Hoy, casi veinte años después, los restos son inspeccionados muy lejos de casa, en un octavo piso desde el que se divisa el torbellino de la Avenida Abancay. Sobre una camilla están dispuestos los huesos. En otra, jóvenes armados con escobillas limpian pacientemente la tierra de una chompa y el par de ojotas. "Vas a ver como queda la ropa", dice con una sonrisa la española Mercedes Salado, que se desempeña como perito de la Comisión de la Verdad. "Así, planita".

    Sobre este cadáver se establece un protocolo de necropsia muy similar a los de la mayoría de los otros 63 almacenados en un local del Ministerio Público: "Muerte por traumatismo craneoencefálico severo. Objeto contuso cortante, probablemente hacha".

    De esa forma masacró Sendero Luminoso a los comuneros de Lucanamarca el 3 de abril de 1983. Fue la venganza contra un pueblo que se rebeló y dio muerte a un grupo de terroristas despóticos (CARETAS 1747). "Lo principal era hacerles entender que éramos un hueso duro de roer", dijo Abimael Guzmán en 1988. "Porque Marx nos ha enseñado que no se juega a la insurrección".

    A mediados de noviembre último, los restos fueron exhumados y trasladados a Lima para el análisis de morgue. Como si hiciera falta, allí se confirma la escasez de balas de ese día negro. Sólo seis perecieron debido a un proyectil. Un sobreviviente, Francisco, lo explicó en las pesquisas preliminares: "Todo con hacha, nada más... Pobres, estaban ahí con sus canchitas todo, hasta los sesos desparramados".
    El análisis de morgue confirmó que la mayoría de muertes en la masacre de 1983 fueron causadas por hachazos en la cabeza.

    A MIL POR DIA

    Los trabajos van a toda máquina. El total de 27 profesionales cumplen con una tarea que tiene pocos precedentes en el Perú: lograr una exhumación que cumpla los estándares jurídicos nacionales e internacionales. "El objetivo es encontrar la verdad", dice, resuelta, la fiscal adjunta Rosa Valdivia, que sigue lapicero en mano todas las incidencias. "Así se llega a los responsables". Se sabe que tres de ellos viven en Francia, beneficiados por asilo político. Uno era un conocido profesor del colegio Los Andes, la base senderista de Lucanamarca.

    Como los demás integrantes del Ministerio Público, Valdivia tiene puesta una bata azul. Quienes representan a la Comisión de la Verdad están de verde y el equipo de Criminalística de la Policía usa uniforme blanco. Sólo con la llamada "plataforma" multidisciplinaria era posible llevar adelante la labor, y todo indica que médicos, odontólogos, antropólogos, fotógrafos, fiscales y asistentes trabajan en armonía.

     
    Un equipo de la Policía organiza los 64 cadáveres. Regresarán a Lucanamarca en cajas.

    Desde hace más de un año comenzaron los preparativos para llevar al banquillo a los perpetradores de la terrible masacre de Lucanamarca. Por encargo de la Comisión de la Verdad, la ONG Comisdeh (Comisión de Derechos Humanos) realizó fichas premortem de cada uno de los 69 asesinados. Fue preciso contactar con familiares recelosos, cuya gran mayoría son quechuahablantes, por lo que acudieron antropólogos de la Universidad de Huamanga que, puerta a puerta, fueron convenciéndolos de contar su versión. Concluida esa labor, el equipo encabezado por el Ministerio Público y la Comisión de la Verdad se dirigió al lugar de los crímenes para exhumar los cuerpos y trasladarlos a Lima. La primera opción -instalar una morgue en el Museo de la Nación- fue descartada en favor del ambiente del Ministerio Público que ahora se ocupa. Desde que la semana pasada se inició el análisis, se trabajan diariamente con los restos de unas siete personas, un ritmo intenso.

    Los primeros cadáveres venían del mismo pueblo de Lucanamarca y no presentaron muchas dificultades. Su conservación se facilitó por haber estado en nichos y a una altura razonable (unos 3 mil metros sobre el nivel del mar). Pero la masacre también arrojó víctimas en anexos como Yanaccollpa y Ataccara. Esos restos, enterrados en fosas y a mayor altura, se encuentran más erosionados. Culminado el análisis y determinada la causa de muerte, la ropa y los huesos regresan a la caja de cartón en la que llegaron. Luego iniciarán el retorno.

     
    Las víctimas mantienen la ropa que tenían al momento de ser asesinadas.

    LOS TROPEZONES

    El Ministerio Público tiene programadas dos exhumaciones más con la Comisión de la Verdad. Luego viene el problema. Este procedimiento es el único capaz de producir pruebas judiciales que conduzcan a los responsables a la cárcel. Según la Defensoría del Pueblo, en el Perú hay como producto de los años de violencia alrededor de 150 fosas comunes clandestinas. Terminado el mandato de la Comisión de la Verdad, toca al Ministerio Público la responsabilidad de sacar adelante los procesos judiciales. Sonia Papi, responsable de la Cooperación Internacional en el MP, explica la incertidumbre. "No ha llegado un sol del Fondo Especial de Administración de Dineros Obtenidos Ilícitamente y una vez que en julio se acabe el mandato de la Comisión, no hay más dinero programado para exhumaciones".

    Las de Lucanamarca se salvaron a último momento, gracias a una donación de las Naciones Unidas gestionada por la Fiscalía de la Nación. Por su parte, el gobierno sueco ha facilitado US$144 mil que permitirán la instalación de morgues especializadas en Ayacucho, Huancavelica y Junín, departamentos en los que se concentra la mayor cantidad de fosas. "Con ese dinero también se contratarán tres asistentes fiscales", señala Papi.

    El propósito de las exhumaciones es doble. Por un lado, proporciona las mencionadas pruebas judiciales. Además, cumple con la labor humanitaria de individualizar a las víctimas e identificarlas ante sus familiares. En el caso de Lucanamarca, lo último era sencillo pues éstos tenían ubicados a sus seres queridos. Distinto es el caso con muchas otras fosas, para las que serán necesarias pruebas de ADN. El Perú tiene allí más de 150 grandes deudas por saldar, y eso cuesta. (Enrique Chávez).


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