Edición Nº 1751


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    ARTICULO

    12 de diciembre de 2002

    Venezuela
    Confrontación Abierta

    Ahora hay ruda lucha por el poder y hasta amenaza de golpe militar.

    Un guardia apunta su rifle de gases lacrimógenos contra opositores a Chávez. La Coordinadora Democrática prosigue una huelga "no negociable".

    Escribe LUIS NAVAJAS

    AL momento de cerrarse esta edición de CARETAS, la huelga convocada por la oposición al gobierno de Hugo Chávez entraba en su décimo día y se consolidaba con la crucial adhesión de los trabajadores y funcionarios de PEDEVESA, organismo encargado de las labores de producción de petróleo, y de los operadores de los buques tanques que lo transportan. El gobierno, después de una incertidumbre inicial, había comenzado a perder terreno mientras el presidente Hugo Chávez anunciaba que no renunciaría ni convocaría a elecciones que violenten la Constitución.

    El viernes 6 de diciembre, la situación se tiñó de sangre: tres opositores que se encontraban en la Plaza Altamira en apoyo al paro y a los militares contrarios al gobierno que han "liberado" la plaza, fueron muertos por personas que comenzaron a disparar a mansalva.

    La Mesa de Diálogo, con la mediación de la OEA, el PNUD y el Centro Carter, había suspendido sus labores luego de que fracasaran las gestiones de César Gaviria, Secretario General del organismo hemisférico, para evitar un paro que la oposición consideraba "no negociable". Las muertes de la Plaza Francia de Altamira, que el gobierno dice estar investigando a partir de la captura de algunos de sus responsables, dieron nuevo impulso a la Mesa.

     

    Uno de los muertos producidos en las filas opositoras durante un tiroteo que obligó a buscar refugio (al lado).

    PETROLEO, FACTOR CRUCIAL

    La Coordinadora Democrática, convocadora del paro, ha venido ampliándolo diariamente desde el 2 de diciembre (por razones de estrategia, los dirigentes no revelaban hasta cuándo lo seguirían prolongando), jugando la carta que se considera que tendría la capacidad de torcerle el brazo a Chávez: la participación de un número suficiente de trabajadores y funcionarios petroleros como para afectar el flujo de petróleo y, por esa vía, paralizar el país.

    El lunes 9 de diciembre, había quienes especulaban que las existencias de combustible (petróleo y gas) llegarían hasta el miércoles; ya el desabastecimiento había comenzado a afectar los surtidores de gasolina, en los que se formaban largas colas, y estaban produciéndose trastornos progresivamente graves.

    No se estaban cumpliendo las seguridades ofrecidas por el gobierno de evitar problemas serios y agresiones a los medios de comunicación. Todos recordaban que los gravísimos incidentes del mes de abril comenzaron con un paro de los trabajadores y funcionarios de PEDEVESA.

    El corte del flujo de petróleo, sin embargo, ya se había producido y el precio del crudo subió en el mercado internacional como consecuencia de las graves perturbaciones que causa la situación venezolana. Estas derivaciones resultan graves para Estados Unidos, que debe contar con aprovisionamiento regular de petróleo de parte de Venezuela -su tercer proveedor- ante la eventualidad de una guerra contra Irak. De allí la prudencia con que está manejando la situación, a pesar de lo que fue interpretado como su apoyo tácito a la remoción de Chávez en abril.

    El 3 de diciembre, la Coordinadora Democrática había transformado el paro en "activo", convocando a demostraciones en las calles. El gobierno, por su parte, convocó a nuevas marchas en su apoyo y la Policía ha debido vigilar para que no se produzcan más choques entre los manifestantes. En un ambiente cargado de tensiones, y contribuyendo a acrecentarlas, el gobierno intervino la Policía de Caracas ante lo que consideró la renuencia del alcalde de esa ciudad (de quien depende) para utilizarla efectivamente. Procedió también el gobierno a poner tropas del Ejército a patrullar las calles de Caracas. Fue en este ambiente en que se produjeron las brutales muertes de la Plaza Altamira.

     
    La agresión a televisoras antichavistas ha agravado el conflicto que paraliza a Venezuela.

    CHAVEZ SE ATRINCHERA

    El presidente Chávez ha anunciado repetidamente que no renunciará y que el paro es parte de una conspiración similar a la que condujo a su transitoria remoción del poder por parte de un grupo de oficiales de la Fuerza Armada venezolana en abril pasado. Tampoco acepta Chávez adelantar la fecha de las elecciones para presidente, como ha solicitado la oposición, por considerar que la Constitución no prevé tal circunstancia.

    El gobierno estaría dispuesto a aceptar un referendo revocatorio, pero éste sólo puede tener lugar a mitad del actual mandato del presidente Chávez, en agosto de 2003. Tal fecha es, sin embargo, demasiado tarde para la oposición, que ha propuesto la celebración de un referendo consultivo y dice haber reunido dos millones de firmas para convocarlo. La única pregunta incluida en él es si el votante está de acuerdo con que el presidente Chávez renuncie a su cargo.

    Además de la negativa a renunciar por parte de Chávez, se nota que el referendo es "consultivo" y no obligatorio. El Consejo Nacional Electoral, luego de tensas alternativas, ha considerado que el referendo consultivo en los términos planteados es procedente. Prosigue el control de las firmas con que se solicitó la celebración del acto electoral que estaría previsto, según la oposición, para el 2 de febrero de 2002.
    La fuerza pública intenta evitar los choques entre adversarios y partidarios de Hugo Chávez.

    GESTIONES DE LA COMUNIDAD INTERNACIONAL

    Tal como se expone en CARETAS 1749 (Venezuela en un Tris), los hechos de abril condujeron a Chávez a proponer un diálogo para encarar los graves problemas que confronta Venezuela. Tras la aceptación de la oposición, la OEA, el Centro Carter y el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) comenzaron formalmente el 8 de agosto a interponer sus buenos oficios para facilitar un acercamiento de las posiciones. César Gaviria fue designado para intervenir por la Asamblea General de la OEA y es el vocero de la Mesa de Diálogo, que acordó centrar su atención en tres puntos: la solución de las tensiones en el marco del sistema electoral y constitucional, el desarme de la población civil y el esclarecimiento de la verdad de los hechos ocurridos el 11 de abril y que provocaron las pérdidas de vida. En ninguno de estos aspectos se han producido avances significativos y han ocurrido ya nuevas pérdidas de vidas.

    El 30 de noviembre, Gaviria suspendió las sesiones de la Mesa de Diálogo, luego que fracasaran sus esfuerzos por evitar el paro, que la oposición consideraba "no negociable". El Consejo Permanente de la OEA, por su parte, expresó su pleno apoyo "al proceso de facilitación emprendido por el Secretario General... a fin de promover el diálogo y encontrar una solución constitucional adecuada para la actual situación política en ese país." El 8 de diciembre, se anunció que se reanudarían las sesiones de la Mesa de Diálogo y el 9 de diciembre el Consejo Permanente de la OEA reiteró su apoyo a las gestiones de Gaviria y señaló la urgente necesidad de que las partes acordaran las medidas que pudieran resolver la situación.

    Existe una gran expectativa en Venezuela por los aportes que pueda hacer la OEA. El hecho de haber constituido la Mesa de Diálogo es, en sí mismo, un desarrollo positivo. Siempre es importante mantener un vínculo que permita acordar medidas que contribuyan a lograr una salida negociada de estas situaciones. Debe tenerse presente, sin embargo, que los propios mediadores (OEA, PNUD y Centro Carter) reafirmaron que "los problemas de Venezuela pueden y deben ser resueltos por los propios venezolanos ..." (Declaración de Principios por la Paz y la Democracia en Venezuela). Y los venezolanos parecen estar envueltos, a esta altura de los acontecimientos, en una cruda lucha por el poder: el gobierno intentando desactivar el apoyo al paro y la Coordinadora Democrática deteniendo el país para forzar a Chávez a abandonar el poder. Sólo una situación de empate podría provocar una negociación de fondo. Pero ahora la oposición parece estar ganando la partida, de la misma manera que hasta unos días atrás el gobierno parecía estar haciendo fracasar el paro. En el fragor de esta batalla, pocos parecen preguntarse qué pasará al día siguiente de la "victoria" de cualquiera de las partes. Los unos no pueden ignorar a los otros para gobernar a Venezuela. Cuando escribimos, surgen rumores de golpe militar.

     


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