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    ARTICULO

    12 de diciembre de 2002

    Berlusconi Te Ve
    Presidente Toledo suma al líder italiano a su lista de amigos, lo compromete a cooperar con el Perú y lo invita a reformar nuestra Tv.

    Magnate videopolítico, Berlusconi suele actuar para las cámaras. Su éxito no se entiende sin la Tv.

    ESTA vez fueron Tony Blair, Juan Pablo II y Silvio Berlusconi. El presidente Toledo acaba de agregar páginas en su álbum de fotos con hombres notables y hay una especial para el capo de la videopolítica y también de la realpolitik italiana.

    El ¿quién es Berlusconi? se responde con una enumeración exclamativa: ¡el principal magnate mediático de Europa, el primer contribuyente de Italia con una fortuna calculada en 10 billones de dólares, el dueño del Milan, del popular Il Giornale y de la gran editorial Mondadori, el que concentra el 45 % del público y el 60 % de la publicidad en su país, la fuente de inspiración de lo que sus fatigados críticos llaman el berlusconismo, es decir, la dulce resignación a vivir en casas fabricadas por su grupo Fininvest, sintonizar sus canales, ser hincha de su equipo, comprar en sus malls y comer en sus restaurantes!

    El presidente italiano es Carlo Azeglio pero el eco y el talento del primer ministro Berlusconi, sumados a la tradición europea de dar las mayores prerrogativas a ese cargo ejecutivo, lo convierten en el líder máximo. Eso lo saben muy bien visitantes como Toledo que le hablan de préstamos e inversiones y también de televisión. Hablar de reformar a la tele para un presidente peruano es natural dados los tumbos de la pantalla nacional ¡pero no con Berlusconi a quienes todos los expertos en comunicaciones sindican como instigador histórico de telebasura y de las distorsiones de la pantalla sobre el poder!

    Il Cavaliere, como lo apodan sus compatriotas con toda la ironía que cabe en el gesto del puño con los dedos apretados hacia arriba, irrumpió en la política italiana gracias a su desmesurado rating (y antes irrumpió en la Tv gracias a su desmesurado olfato político pues su amistad con el ex primer ministro Bettino Craxi le permitió bregar por la desaparición de las normas que aseguraban el monopolio estatista de la RAI).

    En 1980 Berlusconi era apenas un operador de TV por cable en el área de Milán, la ciudad donde nació en 1936, pero tomó las riendas del Canal 5, produjo concursos aparatosos e importó los más irresistibles enlatados como "Dallas" y telenovelas latinoamericanas (ver recuadro). Hacia 1985 el Poder Judicial dictaminó que su red de trasmisión nacional estaba fuera de la ley, pero ahí fue cuando Craxi promovió una nueva normativa para legalizar la Tv privada a escala nacional. Desde entonces el duopolio RAI-Berlusconi domina las horas de ocio de los italianos, aunque ciertamente en las últimas temporadas su rol político lo ha obligado a modular el tono y elevar la calidad de sus canales.

    Berlusconi es un paladín de derecha en un país donde las etiquetas ideológicas no pierden actualidad, pero es la izquierda la que lo tiene más presente y la que, distraída en sus devaneos teóricos, le dejó cancha libre para que éste se trasladara de la pantalla a la plaza con ese discurso, muy conocido en nuestras latitudes, de la antipolítica que fustiga a los partidos tradicionales, del pragmático selfmade man con modesto origen de clase media que viene a desplazar, en nombre del público televidente, a los políticos corruptos. Hasta la mismísima Mani Politi, el célebre movimiento contra la institucionalización de la mafia, que no le profesa ninguna simpatía, quedó atónito ante su arrastre de masas.

    La alianza de Forza Italia, el partido que fundó en 1993, con el centro y el solapado neofascismo, le dio un primer triunfo en 1994. Hacia 1997 dimitió y volvió a ganar en mayo del 2001. Los lemas del "buen gobierno" y la "política de la eficiencia", cocinados en su agencia Publitalia, tuvieron la mayor cobertura mediática de candidato alguno.

    La inteligentsia socialista italiana ya destilaba bilis ante Berlusconi en el clásico "La izquierda en la era del karaoke" (1994). Norberto Bobbio dice: "No ganó Berlusconi en tanto tal, ganó la sociedad que sus mass media, su publicidad, han creado. Es la sociedad que goza viendo estúpidas familias reunidas en torno a una mesa glorificando éste o aquel producto. Y es por esto que siento mucho pesimismo".

    Desde entonces nada parece haber cambiado para Il Cavaliere, salvo el redoble de críticas y bromas que le juegan sus opositores desde los medios que no controla. Sus paisanos más ilustres como el cineasta Nanni Moretti encabezan marchas opositoras, en el Internet pululan fórums contra él (en el sitio neonoir@genie.it se invita a los navegantes a escribir cuentos de "berlushorror" o berluserotismo" contra el apodado Cavaliere Nero o Grande Fratello) y se suman lectores al polémico "L' odore dei soldi" ("El olor del dinero"), libro publicado por el periodista Marco Travaglio y el senador Elio Veltri que insinúa que el Cavaliere fue financiado por la Cosa Nostra en su escalada a la cima hacia fines de los '70. Berlusconi ha clavado a los autores un juicio por 50 millones de euros.

    Buen personaje para la foto y, por supuesto, para hablar de la cooperació italiana al Perú que podría concretarse en 117 millones en modalidad de canje de deuda por inversión en proyectos de desarrollo y 10 millones en donaciones. Lo de la tele fue una simple plática amical y genérica fuera de agenda (dicen que Berlusconi refirió el éxito brasilero y Toledo habló de posibles ayudas para el Canal 7, aunque en conferencia de prensa dio más importancia al asunto). A Toledo le parecería tan natural hablar de Tv con Berlusconi como hablar de internet con su amigo Bill Gates, de la tercera vía con Tony Blair o de terrorismo y paz mundial con George Bush. (Fernando Vivas)

     


     
    Grecia Colmenares, estrella de Berlusconi.

    Silvio y América
    Berlusconi coprodujo telenovelas con J. E. Crousillat.

    EL boom de las telenovelas latinas animó a Berlusconi a coproducirlas. Escogió Argentina y a la empresa CRUSTEL del prófugo de la justicia José Enrique Crousillat. De 11 títulos italoargentinos, los 3 primeros los ejecutó Crustel: "Manuela" (1991), "Soy Gina" (1992) y "Micaela" (1993). Cada capítulo costó entre 35 y 70 mil dólares y cada novela entre 3 y 8 millones. Las estrellas fueron la venezolana Grecia Colmenares y la porteña Luisa Kuliok y tanto el guión como los capítulos grabados se aprobaron en Italia. En "Micaela" se tuvo que "resucitar" a un personaje que había muerto en los capítulos iniciales preestrenados en Buenos Aires.


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