Edición Nº 1742


Este espacio se subasta
 

  • Portada
  • Nos Escriben...
  • Mar de Fondo
  • Heduardo
  • China te Cuenta...
  • Ellos & Ellas
  • Culturales
  • Caretas TV
  • Lugar Común
  • Piedra de Toque
  • Artes y Ensartes
  • Mal Menor
  •  

     

     

     

    ARTICULO

    10 de octubre de 2002

    Haya y Los Militares
    Una era de violencia y de cambios en 1526 intensas páginas.

    Ya pasada la tormenta de décadas, Haya de la Torre fue elegido presidente de la Asamblea Nacional Constituyente, instalada en 1978.

    Escribe CESAR LEVANO

    DESDE su fundación, en un taller de ebanistería de la Plazuela del Teatro, la madrugada de setiembre de 1930, la historia del Apra es la de un vasto reclutamiento popular y también, en buena parte, de un largo enfrentamiento con las Fuerzas Armadas, en particular el Ejército. Es asimismo una historia de avances y retrocesos en materia ideológica y política.

    Esta es la verdad que surge del libro Víctor Raúl. El Hombre del siglo, tres volúmenes, 1526 páginas, escrito por Roy Soto Rivera y editado por el Instituto Víctor Raúl Haya de la Torre que dirige Luis Alva Castro. Se trata de un trabajo de años, rico en datos inéditos y en aristas polémicas, lo que es natural puesto que el autor es un político de larga y pugnaz militancia aprista.

    La trayectoria de Haya es colocada por Roy Soto en el escenario del país y de las diversas fuerzas sociales e intelectuales que en él actuaron a lo largo del siglo XX. Hay que decirlo: el Apra surgió como una alternativa al marxismo político cultivado por José Carlos Mariátegui y como fuerza antiimperialista y antioligárquica. Esto provocó la resistencia de la plutocracia peruana y, en consecuencia, la oposición de la mayoría castrense, subordinada a aquella.

    Andrés Townsend Ezcurra, aprista de la primera hora, lo describió así en sus memorias: "La Fuerza Armada descubrió, al cabo de tantos años, que había sido simplemente el perro guardián de la oligarquía y juzgó que era hora de que esa Fuerza Armada, que había luchado y bregado por la oligarquía y que a veces compartía con ella el gobierno para defender los intereses conservadores, debía ya ocupar el puesto de comando". (La frase subrayada la pronunció el general Juan Velasco cuando había sido despojado del poder).

    Manuel Scorza, apartado del Apra desde 1956, me contó un diálogo que sostuvo con Haya en París, en los años '60. En cierto momento, éste le dijo: "En el Perú, quise jugar ajedrez en política, y me dieron con el tablero en la cabeza".

    Haya intuyó desde temprano lo que se venía contra él y su partido. En el memorable discurso pronunciado en Trujillo el 31 de diciembre de 1931, expresó esta frase profética, que en mi juventud escuché repetida de memoria por una cocinera:

    "Quienes han creído que la única misión del aprismo era llegar a Palacio, están equivocados. A Palacio llega cualquiera, porque el camino de Palacio se compra con oro o se conquista con fusiles. Pero la misión del aprismo era llegar a la conciencia del pueblo antes que llegar a Palacio. Y a la conciencia del pueblo no se llega ni con oro ni con fusiles. A la conciencia del pueblo se llega, como hemos llegado nosotros, con la luz de una doctrina, con el profundo amor de una causa de justicia, con el ejemplo glorioso del sacrificio... ¡Sólo cuando se llega al pueblo se gobierna: desde abajo o desde arriba!"

     

    Roy Soto Rivera, veterano militante aprista de Arequipa, es el autor de esta pormenorizada historia que va mucho más allá de la biografía.

    Es lástima que Roy Soto, que cita el discurso, no incluyera este fragmento no sólo conmovedor, sino, además, cargado de lecciones de historia y para la historia.

    Le dieron con el tablero en la cabeza a Haya. Y metieron bala a las masas apristas, desde 1931. Era un momento de crisis económica y social, de remezón de una cultura agónica. Suele recordarse la revolución de Trujillo de 1932, que fue un alzamiento popular encabezado por Manuel Barreto "Búfalo", un obrero que venía, como muchos cuadros proletarios del aprismo inicial, del anarquismo, y que murió en el asalto al cuartel D'Donovan. Pero a menudo se olvida que antes de eso hubo matanzas de apristas, incluso en un local cerrado de la capital liberteña y que Haya estaba encerrado en el Panóptico. Se persiguió con saña al aprismo. Un diario llegó a reclamar "la destrucción total del aprismo, hasta la última gota de sangre" (véase el volumen I, página 153).

    Fue después de la caída de Augusto B. Leguía y el ascenso al poder del comandante Luis M. Sánchez Cerro, que ganó a Haya las elecciones presidenciales de 1931. Aparte de la lucha armada entre el pueblo, por un lado, y el ejército y la aviación oficiales, por el otro, hubo entonces, en ese momento trágico de 1932, una matanza de defensores del orden encerrados en la cárcel de Trujillo. Allí fueron masacrados diez oficiales del Ejército, un soldado, quince policías y veinticinco civiles.

    Ese episodio, bárbaro sin atenuantes, en el que no tuvo responsabilidad la dirigencia aprista del movimiento, fue exagerado en su magnitud y sirvió de base para una aversión castrense al aprismo y su jefe.

    Entretanto, la naciente aviación peruana bombardeaba la capital de La Libertad y fuertes contingentes del Ejército entraban al combate. Al final, los rebeldes se rindieron.

    Durante tres días, Trujillo había estado en manos de los alzados. Muchos apristas fueron liberados de la prisión en esos días. Entre ellos, un joven que había permanecido ocho meses preso y que estaba llamado a escribir libros inolvidables, entre ellos uno de remembranzas del movimiento obrero y popular de Trujillo, Lázaro. El joven se llamaba Ciro Alegría.

     

    Desde el levantamiento de Trujillo en 1932, encabezado por Manuel Barreto (foto de la derecha), las Fuerzas Armadas acumularon encono contra el Apra.

    En lo ulterior, aparte de la lucha propiamente política, el Apra fue perseguida por los hombres de uniforme; pero algunos de éstos se aliaron con ella y hasta conspiraron con el propio Haya para conquistar el poder. El libro de Roy Soto es un arsenal de datos sobre oficiales aliados con el Apra, desde el comandante Gustavo `El Zorro' Jiménez, hasta el general Antonio Rodríguez Ramírez, que en el momento de la conjura, en la que perdió la vida, era ministro de Gobierno del general Oscar R. Benavides, quien ejercía la presidencia de la República.

    Incluso, cuando se produce el levantamiento de la marinería el 3 de octubre de 1948, Haya conspiraba con un grupo de generales.

    Fueron, por otra parte, los militares los que impidieron que el jefe del Apra accediera a la presidencia de la República, en las elecciones de 1962.

    Roy Rivera endereza diversas notas críticas a la izquierda peruana. En ese plan, incurre a veces en injusticia no con respecto a personas, sino en relación con la historia. Por ejemplo, cuando quiero atribuir a Haya un papel protagónico en la conquista de la jornada de ocho horas, que en el Perú se inicia en 1904, cuando el futuro fundador del Apra tenía nueve años. Por lo demás, el propio Haya ha dado su versión sobre el papel que le cupo en la batalla final de enero de 1919 (CARETAS 432).

    Hay una afirmación sin base en la frase de que "escritores de izquierda no se han ocupado de este gran luchador sindical" que fue Manuel Arévalo. Puedo jactarme de haber publicado, hace quince años, una extensa biografía de ese auténtico héroe popular que fue salvajemente asesinado bajo la dictadura de Benavides. No debe ser tan malo mi escrito puesto que ha sido editado y reeditado por la dirección sindical del Apra. En todo caso, sin necesidad de compartir criterios y prejuicios de Roy Soto, su biografía de Haya y del Apra es una importante contribución a la historia política del Perú.

     


    ../secciones/Subir

    Portada | Nos Escriben... | Mar de Fondo | Heduardo | Culturales | Caretas TV | Ellos & Ellas | Lugar Común | China te Cuenta Que... | Piedra de Toque |Mal Menor

    Siguiente artículo...

     

       

       
    Pagina Principal