Edición Nº 1741


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    ARTICULO

    3 de octubre de 2002

    El Carnicero Sigue Suelto
    El nombre de Martin Rivas retumbó en las audiencias de la Comisión de la Verdad. Su culpabilidad en la masacre del Santa es contundente.

    Pocas dudas quedan sobre la responsabilidad de Martin Rivas en la masacre del Santa (Ancash, 1992). Ocurrida a 6 meses de la masacre de Barrios Altos y sólo dos meses antes de La Cantuta, puede ser la cruz definitiva del prófugo. A los testimonios escuchados por la Comisión de la Verdad en Trujillo la semana pasada, se suman dos informantes: el primero colaboró con la Comisión del Congreso presidida por Anel Townsend. El segundo con el fiscal anticorrupción Richard Saavedra. Los deudos, mientras tanto, sólo esperan justicia. Como dijo Jorge Noriega, quien perdió a su hijo: "Quisiera verme con los asesinos. Ya no tengo nada que perder".

    El oscuro sobrenombre de Rivas se inmortalizó en autoadhesivos que circularon por Lima cuando dirigía el Grupo Colina. Der.: Barrientos se convirtió en la primera persona que dice haber visto a Rivas en medio de una de las masacres que dirigió.

    "Tal parece que la hiena, sedienta de sangre, esperaba el momento de atacar". Así, Maribel Barrientos recordó cómo la noche del 2 de mayo de 1992 un contingente de hombres entró sigiloso a su casa del Santa (Ancash) para desbaratar su vida por siempre. "Mi madre estaba desangrándose", continuó esta profesora de escuela, "y empecé a ver, a sentir, que jalaban a mis hermanos y los sacaban de la habitación. A los dos los empezaron a torturar en la sala". Entonces, ella fue reducida y obligada a echarse boca abajo. Su cuello fue oprimido por una bota y cuando la mujer perdía toda esperanza, se produjo un hecho fortuito. "Mi sobrinito empieza a correr, calatito, para escapar por el corral". Maribel frotó los pulgares contra los índices, como buscando el término preciso. "Fue de esas cosas que ocurren. Sacan el pie de mi cabeza y lo vi. Jamás voy a olvidar el rostro de este criminal: era Martin Rivas".

    Como Barrientos lo narró el pasado jueves 26 en la ciudad de Trujillo, durante las últimas audiencias públicas organizadas por la Comisión de la Verdad y Reconciliación, el infierno recién comenzaba. Dos de sus hermanos, Roberto y Carlos, fueron asesinados y desaparecidos. Tres meses después de la masacre, la vehemencia de Maribel para denunciar los hechos -un rasgo que no se atemperó con los años- la llevó a la cárcel. Fue detenida por efectivos policiales y fue a parar a la Sección Contra el Terrorismo de Chimbote. Allí, denunció, fue torturada por efectivos. Luego de pasar cuatro años presa, acusada injustamente de terrorismo, fue absuelta por los fueros militar y común en 1996.

    La pesadilla dispuesta por Rivas, jefe del paramilitar Grupo Colina y actualmente prófugo, perseguía por doquier a la familia. Su hermano Edwin tuvo calvario propio. Luego de ser detenido en enero de 1993 fue trasladado a la Comisaría del Santa, sitio en el que también sufrió torturas. Salió libre cinco años después, pero ninguna reunión familiar podría enmendar la situación. "A la una, dos de la mañana", sollozó Maribel, "cuando por fin lográbamos dormir, escuchábamos los golpes que se daba mi madre, queriéndose matar".

    La actual provincia del Santa se ubica en la margen izquierda del río del mismo nombre. Su superficie es de aproximadamente 40 km2 y viven allí unas 16 mil personas. El pueblo es tan pobre que no tiene hospital y los pacientes suelen atenderse en los de Chimbote, la ciudad más cercana. Un 82% de las familias posee ingresos inferiores al mínimo.

    Jorge Noriega llevó un clavel por cada una de las víctimas.

    En la madrugada del 2 de mayo de 1992, presuntos miembros de la Policía Nacional -y probablemente de la Marina de Guerra- irrumpieron en varias viviendas en los asentamientos humanos "La Huaca", "San Carlos" y "Javier Heraud". Los paramilitares se movilizaron en dos camionetas 4X4, con ventanas polarizadas e ingresaron a las viviendas de los agricultores que, entonces, regresaban de una pollada para celebrar el Día del Trabajo. Según los testimonios, Rivas y sus secuaces iban en la búsqueda de senderistas, con lista en mano.

    ¿Por qué Martin Rivas iría a cumplir su escabroso trabajo hasta allá? Fuentes consultadas de la Dircote señalaron que ésa no fue una zona en la que Sendero Luminoso presentaba actividades relevantes. Allá le correspondía "jurisdicción" al terrorista Comité Regional del Centro. Sin embargo, eran otros los puntos calientes: Barranca y Huaral, entre ellos.

    Desde enero, Maribel Barrientos viene colaborando con el fiscal anticorrupción Richard Saavedra. Entonces, ella afirmó que el único paramilitar sin pasamontañas era Martin Rivas. Otra persona, conocida como Testigo 1, le aseguró en marzo a la Comisión del Congreso presidida por Anel Townsend, que Julio Chuqui Aguirre, el único miembro de la agrupación que ha reconocido la existencia de Colina, sabía de la ubicación de los cadáveres del Santa. La semana pasada, se dio a conocer que Saavedra tiene en su poder un plano elaborado por un informante, en el que se detalla el lugar en el que los miembros de Colina enterraron a las víctimas del Santa, a la altura del kilómetro 463 de la Panamericana Norte. Con todo, el líder de Colina sigue suelto y, según investigaciones a las que accedió CARETAS, permanece irónicamente en La Libertad. Maribel Barrientos sabe que sólo cuando lo vea entre rejas podrá conciliar el sueño. Ella no suplica una solución. "Exijo justicia", remarcó enérgica. "Me corresponde". (Enrique Chávez).


     

    Sendero asesinó en 1993 al hijo de María López en Huaraz.

    Charco De Sangre
    Los testimonios de las víctimas de Sendero.

    Trujillo escuchó también los testimonios de quienes sufrieron la demencia de los grupos terroristas. Entre éstos se incluyeron los de dos policías. Alfonso Salas Málaga es un oficial que sobrevivió a un atentado en Lambayeque: "El techo me cayó en la cabeza", dijo. "Se acercaron para rematarme, quise levantarme pero me caí: el hueso me colgaba de la pierna".

     

     


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